{"id":1323,"date":"2013-04-20T20:05:22","date_gmt":"2013-04-20T20:05:22","guid":{"rendered":"http:\/\/www.subverso.es\/?p=1323"},"modified":"2013-04-20T20:24:59","modified_gmt":"2013-04-20T20:24:59","slug":"1323","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.subverso.es\/?p=1323","title":{"rendered":"Los amantes pasajeros"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"http:\/\/www.subverso.es\/wp-content\/uploads\/2013\/04\/amantes_pasajeros.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"size-full wp-image-1324 alignleft\" alt=\"amantes_pasajeros\" src=\"http:\/\/www.subverso.es\/wp-content\/uploads\/2013\/04\/amantes_pasajeros.jpg\" width=\"229\" height=\"182\" \/><\/a><\/p>\n<p><strong>Los amantes pasajeros<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Es inevitable guardar una frase que uno de los personajes de <i>Los amantes pasajeros<\/i>, el corrupto manchego que huye tras saquear con limpieza su Caja de Ahorros auton\u00f3mica, suelta en un momento sin especial trascendencia ni subrayado: \u201c\u00bfPero usted supone que esto tiene alguna gracia?\u201d. La pregunta circula sin respuesta por la pantalla, nadie de la atropellada tripulaci\u00f3n quiere afrontar el amenazante desarreglo de un avi\u00f3n en el aire, pero llega a los o\u00eddos del espectador que inmediatamente la hace bandera de su estancia en la butaca. La gracia. Gracia, inter\u00e9s, diversi\u00f3n, risa, seducci\u00f3n. Nada. Ni siquiera entretenimiento.<\/p>\n<p>Pedro Almod\u00f3var ha contado con profusi\u00f3n y claridad lo que le ha llevado otra vez a la comedia: dejar su cine anterior marcado por la gravedad, y recuperar la ligereza risue\u00f1a que estuvo en su cine primero, y que no dej\u00f3 de inocular en peque\u00f1as y ce\u00f1idas dosis en todos sus filmes posteriores a manera de marca de estilo (y la verdad es que no logro recordar esa marca en su pel\u00edcula anterior, <i>La piel que habito<\/i>). El retroceso que intenta abarca m\u00e1s de treinta a\u00f1os, y hay al menos dos enemigos insalvables: uno es el propio Pedro Almod\u00f3var, que ya no logra ser el joven desenfadado que se atreve a todo y con todo, que respira desinhibici\u00f3n en una sociedad bien necesitada de salir de un largo t\u00fanel anterior. Y el otro es la desaparici\u00f3n de esa sociedad como caldo de cultivo de la ruptura de <i>la movida madrile\u00f1a<\/i>. El esc\u00e1ndalo vuelve a cotizar muy alto por la dificultad de conseguirlo, y las repetidas alusiones a pollas, al lado masoca del monarca o a la bisexualidad como forma suprema de goce no agitan ya ninguna defensa en el espectador ni conforman seguidores o detractores. La biolog\u00eda y la sociolog\u00eda no tienen marcha atr\u00e1s, y ya de paso no est\u00e1 mal recordar que las primeras pel\u00edculas de Almod\u00f3var presentaban, m\u00e1s all\u00e1 de chispazos y transgresiones, una notable debilidad narrativa y organizativa que no anima a volver sobre ellas. Se agotan en su papel testimonial, con poca capacidad de proyectarse m\u00e1s all\u00e1 de su tiempo.<\/p>\n<p>Este primer cine de Almod\u00f3var tuvo su c\u00e9nit y el comienzo de un nuevo horizonte en <i>Mujeres al borde de un ataque de nervios<\/i>, en la que se aprecia por fin la madurez de una puesta en escena y del tempo al servicio de su habilidad con los actores y su excelente o\u00eddo social. Despu\u00e9s, obra a obra, el director fue admitiendo el alejamiento de la juventud, y penetraron en su hacer flecos de la gravedad del cuerpo, de las heridas del sentimiento, en fin, de la muerte al fondo del escenario. Unas pel\u00edculas salieron crispadas, como <i>La mala educaci\u00f3n<\/i>, otras serenas como <i>Los abrazos rotos<\/i>, y otras hondas, muy hondas, y es el momento de descubrirse ante <i>Hable con ella<\/i>, tal vez la \u00fanica obra maestra que ha firmado. El \u00faltimo eslab\u00f3n de <i>La piel que habito<\/i> ven\u00eda expuesto en una trama de inexplicable crueldad que hac\u00eda temer por el equilibrio del autor, nunca bien provisto de tranquilidad, aunque su puesta en escena y direcci\u00f3n de actores segu\u00eda siendo irreprochable.<\/p>\n<p>El brusco giro en su carrera lo argumenta con claridad el director en unas declaraciones a <i>El Pa\u00eds<\/i>: \u201cEn medio del miedo y la incertidumbre y la muerte, he buscado la celebraci\u00f3n f\u00edsica, sexual. Mi intenci\u00f3n ha sido: \u2018Chicos, aqu\u00ed, con estos cuerpos, nadie nos puede quitar el placer\u2019, y as\u00ed la pel\u00edcula es toda una celebraci\u00f3n er\u00f3tica de los sentidos\u201d. Un erotismo ce\u00f1ido casi completamente a un imaginario homosexual de locazas, coloques, amaneramiento y pollas por doquier. En un intento de no perder actualidad, tambi\u00e9n hay lugar para las alusiones a la corrupci\u00f3n pol\u00edtica y econ\u00f3mica que ha ido aumentando sin cesar, para desgracia de (casi) todos y gracia adivinatoria del cineasta, desde que concibi\u00f3 hace a\u00f1os el guion: \u201cDe estafas y corrupciones empezamos a saber mucho en este pa\u00eds. Alguno de estos personajes evidentemente est\u00e1n claramente inspirados en la realidad, pero hace tres a\u00f1os cuando terminamos el guion no hab\u00eda aparecido, por ejemplo, el esc\u00e1ndalo de Bankia, aunque ya sab\u00edamos suficiente de lo que estaba pasando en las cajas\u201d, declaraba en la misma entrevista. Sexo desinhibido y salpicaduras a la actualidad, los componentes de la f\u00f3rmula de anta\u00f1o<\/p>\n<p>Del resultado se han dicho muchas cosas, negativas en su mayor\u00eda. Es dif\u00edcil defender una obra que, a la manera de las primeras del autor, pone mucho m\u00e1s empe\u00f1o en las situaciones aisladas que en la malla que las recoge. El guion carece de estructura, y eso para una comedia que se declara mezcla de las <i>screwball<\/i> estadounidenses y la desfachatez mediterr\u00e1nea es temerario y nefasto. El desarrollo podr\u00eda durar media hora menos o tres cuartos de hora m\u00e1s (\u00a1horror!) sin que el planteamiento se resintiese, pues el vago objetivo final de sortear la cat\u00e1strofe del aterrizaje apenas si tiene presencia ni tensi\u00f3n, y como prueba basta su resoluci\u00f3n en un extra\u00f1o fuera de campo. Todo sucede en esa atm\u00f3sfera anestesiada y artificial que proporciona el rumor de fondo de los motores, anestesia que por fin se visualiza en la espuma blanca que envuelve al aparato cuando toma tierra. Ante ese desapego que va dejando la proyecci\u00f3n, casi cabe la pregunta de si nos encontramos con una nueva pel\u00edcula seria y doliente en la que Almod\u00f3var inyecta su marca de estilo de una secuencia graciosa o curiosa, en este caso el baile de los <i>azafatos<\/i> frontal a la c\u00e1mara que se vende como un buen v\u00eddeoclip publicitario. Y que se compra, pues por el momento ha ido dejando una buena taquilla. Al menos en eso s\u00ed tiene que haber unanimidad: nadie como Almod\u00f3var para atraer al p\u00fablico.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Los amantes pasajeros &nbsp; Es inevitable guardar una frase que uno de los personajes de Los amantes pasajeros, el corrupto manchego que huye tras saquear con limpieza su Caja de Ahorros auton\u00f3mica, suelta en un momento sin especial trascendencia ni subrayado: \u201c\u00bfPero usted supone que esto tiene alguna gracia?\u201d. 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