{"id":1448,"date":"2013-04-20T23:49:04","date_gmt":"2013-04-20T23:49:04","guid":{"rendered":"http:\/\/www.subverso.es\/?p=1448"},"modified":"2013-05-21T08:12:52","modified_gmt":"2013-05-21T08:12:52","slug":"tres-tigres-desenterrados","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.subverso.es\/?p=1448","title":{"rendered":"TRES TIGRES DESENTERRADOS, por \u00c1ngel Vallecillo."},"content":{"rendered":"<p><object width=\"560\" height=\"315\" classid=\"clsid:d27cdb6e-ae6d-11cf-96b8-444553540000\" codebase=\"http:\/\/download.macromedia.com\/pub\/shockwave\/cabs\/flash\/swflash.cab#version=6,0,40,0\"><param name=\"allowFullScreen\" value=\"true\" \/><param name=\"allowscriptaccess\" value=\"always\" \/><param name=\"src\" value=\"http:\/\/www.youtube.com\/v\/OVrYdEqUjCA?version=3&amp;hl=es_ES\" \/><param name=\"allowfullscreen\" value=\"true\" \/><embed width=\"560\" height=\"315\" type=\"application\/x-shockwave-flash\" src=\"http:\/\/www.youtube.com\/v\/OVrYdEqUjCA?version=3&amp;hl=es_ES\" allowFullScreen=\"true\" allowscriptaccess=\"always\" allowfullscreen=\"true\" \/><\/object><\/p>\n<p>TRES TIGRES DESENTERRADOS<br \/>\n<a href=\"http:\/\/www.catedramdelibes.com\/autores.php?id=1731\" target=\"_blank\">\u00c1ngel Vallecillo<\/a><\/p>\n<p>TRES TIGRES DESENTERRADOS<br \/>\n\u00c1ngel Vallecillo<\/p>\n<p>Mi <em>entra\u00f1able amiga<\/em>, Mar\u00eda Corina, editora accidental de la revista siglo XXI y coraz\u00f3n pensante de la irreverente Naustik Fanzine (publicaci\u00f3n a quien me une, adem\u00e1s de otros intereses inconfesables, nuestra com\u00fan pasi\u00f3n por la <em>Apotemnophilia<\/em>), me convenci\u00f3 para que colaborase en este \u00faltimo n\u00famero impreso de la revista. Su petici\u00f3n fue precisa y concluyente: un ensayo sobre tres novelistas del pasado siglo XX. Tres mil palabras. Tres d\u00edas.<br \/>\nTres. Tres mil. Tres.<\/p>\n<p>No creo en las listas, ni en los premios literarios ni en los clubes de lectura. No creo en el propio orden; ni siquiera creo en los novelistas (becerro de oro de la literatura moderna), as\u00ed que ponerme a elegir y a ordenar tres nombres me resulta tan inc\u00f3modo como fr\u00edvolo, aunque pudiera resultarle \u00fatil a los lectores. Sin embargo creo poder cumplir este encargo sin contradecirme rescatando del ostracismo a tres grandes y desconocidos creadores del XX. Tres escritores que permanecen olvidados o conscientemente enterrados: Miguel Drexler, Norman Harvey y mi admirado amigo, tambi\u00e9n fallecido, Carlos Brutti.<\/p>\n<p><strong>Miguel Drexler<\/strong><br \/>\nMiguel Drexler naci\u00f3 en Valencia (Espa\u00f1a), en 1874 y deber\u00eda pasar a la historia de la literatura como el primer terrorista de la lengua. Drexler fue un visionario de la escritura experimental empe\u00f1ado en desmontar los principios cl\u00e1sicos de la literatura porque los consideraba r\u00edgidos, superfluos y apoyados en exceso (o \u00fanicamente) en lo narrativo. Antes de defender ideas tan reaccionarias, Drexler triunf\u00f3 comercialmente con siete libros de absoluta perfecci\u00f3n formal (1) e intelectual, lo que le condujo en 1931 a la direcci\u00f3n de la Real Academia Espa\u00f1ola, con el voto un\u00e1nime y entusiasta de todos sus miembros, quienes hac\u00eda a\u00f1os que pronunciaban su nombre con orgullo en los congresos internacionales.<br \/>\nLos enga\u00f1\u00f3 a todos.<br \/>\nEn su discurso de aceptaci\u00f3n del cargo como director de la RAE, titulado <em>Con el co\u00f1o en la tintorer\u00eda<\/em>, Drexler renunci\u00f3 a toda su obra hasta la fecha y anunci\u00f3, con voz serena, que abandonaba las formas cl\u00e1sicas de expresi\u00f3n e iniciaba su cruzada <em>contra la tiran\u00eda de la lengua<\/em>, pues consideraba que hasta entonces su ingenio hab\u00eda estado constre\u00f1ido por los absurdos formalismos y los rancios gustos de los acad\u00e9micos, de la cr\u00edtica y de p\u00fablico, lo que le hab\u00eda impedido crear con plena libertad. En el c\u00f3ctel que se celebr\u00f3 al final del acto, don Manuel Aza\u00f1a, entonces Ministro de la Guerra, se acerc\u00f3 a un grupo de acad\u00e9micos a\u00fan at\u00f3nitos y aterrorizados ante lo que acababan de escuchar de voz de su nuevo director. Don Manuel Aza\u00f1a abri\u00f3 un hueco en el c\u00edrculo de acad\u00e9micos, tom\u00f3 por el codo al decano y con una amplia sonrisa pronunci\u00f3 su famosa frase: <em>la hab\u00e9is cagado<\/em>.<\/p>\n<p>La primera publicaci\u00f3n de Drexler, ya como director de la RAE, fue <em>Hubi\u00e9rase el hijoputa<\/em>, libro que provoc\u00f3 el sonrojo de la Academia y una ensordecedora pol\u00e9mica entre escritores y cr\u00edticos en la prensa de 1933. El esc\u00e1ndalo lleg\u00f3 al Parlamento, donde hubo de discutirse sobre los l\u00edmites de la libertad de expresi\u00f3n y provoc\u00f3 la ca\u00edda del ministro de Bellas Artes don Marcelino Sanju\u00e1n, hombre de confianza, entonces, del Presidente Alcal\u00e1 Zamora. Drexler <em>vomit\u00f3<\/em> en <em>Hubi\u00e9rase el hijoputa<\/em> cien p\u00e1ginas en las que se suced\u00edan id\u00e9nticas estructuras de frases cortas, compuestas por un verbo en tiempo subjuntivo acompa\u00f1ado de un taco, que unas veces hac\u00eda de sujeto y otras no. Un galimat\u00edas incomprensible y absurdo que dej\u00f3 a la cr\u00edtica no solo sin palabras, sino tambi\u00e9n sin argumentos con que defenderle.<br \/>\nDurante sus cinco a\u00f1os como director de la RAE, Miguel Drexler produjo una obra irreverente y revolucionaria, empe\u00f1ado en dinamitar la belleza del lenguaje y sus formalismos con la minuciosidad de un criminal, obsesionado por el <em>cuanto peor mejor<\/em> hasta producir ensayos inclasificables que le valieron el odio, no solo de la Academia, de la cr\u00edtica y del p\u00fablico, sino el espanto de sus propios seguidores, conocidos vulgarmente como los <em>acarro\u00f1ados (2)<\/em>, a quienes Drexler siempre defendi\u00f3 como <em>soldados que luchan por la libertad del individuo<\/em>. Miguel Drexler fue un gamberro divino que disfrut\u00f3 reventando las normas. En 1935, su \u00faltimo a\u00f1o como director de la Academia, public\u00f3 su obra m\u00e1s pol\u00e9mica y ambiciosa que le apart\u00f3 definitivamente del mundo: una versi\u00f3n libre de El <em>Quijote<\/em>, escrita en colaboraci\u00f3n con el joven matem\u00e1tico Arsenio Conde (3). Drexler sustituy\u00f3 cada palabra de El <em>Quijote<\/em> por una cifra asignada en relaci\u00f3n a su posici\u00f3n alfab\u00e9tica en el Diccionario de Sebasti\u00e1n de Covarrubias, de 1611, sustituyendo las que no constaban por n\u00fameros imaginarios. As\u00ed, <em>Don Quijote de la Mancha<\/em>, se le\u00eda 9715 55151 9002 14445 1+ 5i\u00a0 (4). El esc\u00e1ndalo fue monumental. La Academia, (con la colaboraci\u00f3n de todas las fuerzas vivas del pa\u00eds, incluida la propia madre del autor, do\u00f1a Bernarda Drexler) hizo lo imposible por apartarle del cargo, pero \u00e9l se atrincher\u00f3 defendiendo que fue elegido n<em>o solo con el derecho sino con la obligaci\u00f3n de velar por la salvaguarda y enriquecimiento del idioma, que era exactamente lo que estaba haciendo<\/em>. Y a\u00f1adi\u00f3: <em>no obstante, tengan por seguro que si por casualidad ma\u00f1ana me regalaran una bomba, el primer sitio al que se me ocurrir\u00eda traerla es aqu\u00ed<\/em>.<\/p>\n<p>En su discurso de despedida no se le comprendi\u00f3 ni una sola palabra; ahora, tras analizar lo escrito (5), muchos estamos de acuerdo en que el discurso estaba escrito en espa\u00f1ol, aunque fuera un espa\u00f1ol inventado e incomprensible para nadie que no fuera \u00e9l. Miguel Drexler muri\u00f3 en Varsovia. Exiliado, solo, arruinado. Durante estos sesenta a\u00f1os, las propias editoriales se han encargado de enterrar sus libros experimentales, obras complejas llenas de exabruptos contra la ortograf\u00eda y la sintaxis y de raras defensas del sustantivo desnudo <em>sin complementos superfluos que desvirt\u00faan la lengua, como los adverbios terminados en mente y los adjetivos<\/em>, a los que tachaba de falsarios por su inexactitud a la hora de representar nuestra percepci\u00f3n de la realidad.<br \/>\nUn genio.<\/p>\n<p><strong>Norman Harvey<\/strong><br \/>\nLo que pocos saben del extravagante Norman Harvey (Dubl\u00edn, 1932) es que odiaba escribir.<br \/>\nEn el verano de 1989, afincado en Barcelona mientras trabajaba en la sexta y \u00faltima correcci\u00f3n de <em>Furiasis<\/em>, tuve la fortuna de conocer personalmente a Malo Trando, el magn\u00edfico escritor y mejor director de la editorial Atenea, quien trat\u00f3 \u00edntimamente a Norman Harvey y public\u00f3 sus mejores obras en esta editorial desde 1966 hasta su muerte. La obra literaria de Malo Trando, quien muri\u00f3 el a\u00f1o pasado en el anonimato informativo (no recuerdo m\u00e1s que un brev\u00edsimo obituario en <em>El Pa\u00eds<\/em> y otro de F. Herrero en <em>El Norte de Castilla<\/em>), es tambi\u00e9n digna de estudio, en especial su realista y certero soliloquio sobre la muerte (6). Pero su carrera como novelista se trunc\u00f3 tras embarcarse en la direcci\u00f3n de Atenea, donde demostr\u00f3 la solvencia de esa estirpe, ya desaparecida, de escritor-director de editorial, antes de que desembarcara la caterva de abogados y economistas que gestionan hoy los gustos literarios del p\u00fablico. Valga como ejemplo que fue Malo Trando quien defendi\u00f3 con los pu\u00f1os y el coraz\u00f3n la obra de la entonces desconocida Mar\u00eda Inez, quien tras la publicaci\u00f3n de Mara\u00edso (novela que a Trando le vali\u00f3 su segunda y definitiva salida del negocio) recibi\u00f3 el prestigioso premio Lisa Gorcus y, dos m\u00e1s tarde, el premio Cervantes; sin embargo, tras tantos premios y galardones, ning\u00fan cargo de la editorial Atenea fue capaz de levantar el tel\u00e9fono para felicitarle por aquella elecci\u00f3n que sac\u00f3 a la editorial de la bancarrota.<br \/>\nMe entrevist\u00e9 con Malo Trando en el caf\u00e9 La Espiga, en Barcelona. Me acompa\u00f1aban Bioy Casares, que estaba de visita, y Francisco Umbral, quien era un admirador tanto de Norman Harvey como de Trando, sobre todo de su faceta editorial.<br \/>\n\u23afLo \u00fanico que parece interesarle hoy a la cr\u00edtica es resaltar los gustos sexuales de Norman Harvey \u23afdijo Trando\u23af, pero lo que nadie sabe de Norman es que no le gustaba ni escribir ni follar; lo que en verdad le apasionaba era leer, pero su problema era que con casi nada de lo que le\u00eda disfrutaba. Por eso escrib\u00eda, para releerse.<br \/>\nMalo Trando era una rara mezcla de hombre de negocios y de dandy furioso. Cuando se quitaba las gafas los recuerdos le brillaban con m\u00e1s luz, aunque siempre parec\u00eda ausente, como si le avergonzara tener que recordar las miserias de su amigo Harvey:<br \/>\n\u23afLe encantaba la m\u00fasica, sobre todo el rock, pero ten\u00eda un gusto p\u00e9simo. Unos a\u00f1os antes de que se esfumara me dijo, yo creo que mof\u00e1ndose de Woody Allen, que s\u00f3lo hab\u00eda cuatro instantes del rock que verdaderamente le interesaran: el sonido de bater\u00eda de la canci\u00f3n <em>Roxanne<\/em>, de <em>The Police<\/em>; el silencio seco de dos segundos de <em>Flower<\/em>, la canci\u00f3n desconocida de Elvis Presley; el primer minuto del <em>Touch too much<\/em>, de AC\/DC, y la voz de Tom Waits en directo.<\/p>\n<p>Seg\u00fan el Diccionario de escritores malditos, de Milton Marelli, (Ed. Pinpiani, Italia, 1994, p\u00e1g 545 ) \u201c(<em>Norman Harvey) \u2026 vivi\u00f3 acosado por el fantasma de su padre, Reginal Harvey, un diplom\u00e1tico brit\u00e1nico que lo educ\u00f3 en su infancia con disciplina y austeridad para la literatura (\u2026) de ni\u00f1o lo ataba con correas a la silla hasta que no terminara de escribir, costumbre que Harvey ya no abandonar\u00eda nunca.<\/em><br \/>\n\u23afNunca vi trabajar a Norman en su despacho \u23afnos cont\u00f3 Trando\u23af, as\u00ed que no puedo confirmar si escrib\u00eda atado o no. S\u00ed s\u00e9, porque me lo cont\u00f3 su hermana, que se levantaba continuamente para lavarse las manos, cada dos o tres renglones, seguramente porque su padre, que en su infancia le oblig\u00f3 a escribir con tintero y pluma, acostumbraba a romperle los folios por el m\u00e1s nimio borr\u00f3n\u2026 Lo curioso es que Norman escrib\u00eda a m\u00e1quina desde 1954.<\/p>\n<p>Su padre era un gran admirador de Cervantes, lo que explica la animadversi\u00f3n de Harvey por El Quijote y por todo lo espa\u00f1ol. Rechaz\u00f3 la pintura de El Greco hasta que alguien le dijo que no era espa\u00f1ol, y al contrario le sucedi\u00f3 con Picasso, al que cre\u00eda franc\u00e9s. Le fallaba la memoria y eso fue lo que origin\u00f3 todo: cuando rele\u00eda sus obras, pasados los a\u00f1os, se sorprend\u00eda por alguna frase que no recordaba haber escrito y disfrutaba secretamente de ella; dec\u00eda enfrentarse entonces a su obra con la misma verdad que a la de los dem\u00e1s. Obsesionado por esta idea, Norman Harvey empez\u00f3 a beber para trabajar en estados de seminconsciencia que le permitieran leer, a la ma\u00f1ana siguiente, frases e incluso p\u00e1rrafos completos que no recordaba haber escrito, disfrutando de la frescura de la primera vez, lo que le permit\u00eda analizarse desde fuera, aprovech\u00e1ndose de las ventajas que esto implica. Convencido de esta t\u00e9cnica de escritura, quiso llegar m\u00e1s lejos y se propuso escribir una novela sin ser consciente de ello:<br \/>\n\u23afBeb\u00eda y se drogaba hasta perder el sentido\u23afnos explic\u00f3 Trando\u23af y s\u00f3lo entonces se sentaba a escribir (7); en cuanto era consciente de estar escribiendo, paraba y volv\u00eda a beber. As\u00ed pas\u00f3 nueve meses, sin releer una l\u00ednea, incapaz de recordar ni el tema de la novela ni a sus protagonistas; ni siquiera una sola palabra. Cuando mecanografi\u00f3 el \u00faltimo folio meti\u00f3 la novela en un sobre y me la envi\u00f3 junto a una nota. <em>Estimado Maal (sic). Acabo de terminar esta novela. No s\u00e9 de qu\u00e9 trata, no s\u00e9 c\u00f3mo est\u00e1 escrita ni recuerdo una sola palabra de ella. Si la publicas te ruego lo hagas con otro nombre, en una peque\u00f1a editorial y sin mi conocimiento. Gracias. Tu amigo.<\/em><\/p>\n<p>Trando llevaba la nota en el bolsillo y nos la dej\u00f3 ver, pero cuando Umbral la quiso tener en sus manos, se la guard\u00f3 en la cartera con avaricia.<br \/>\n\u2014Pens\u00e9 que se trataba de una broma \u23afcontinu\u00f3 Trando\u23af, pero me encontr\u00e9 con \u00e9l dos d\u00edas m\u00e1s tarde y me di cuenta de que ni sospechaba hab\u00e9rmela enviado. Creo que tem\u00eda haberla quemado en un arrebato de la borrachera. Publique <em>Morphia<\/em> tal y como me lo pidi\u00f3: sin comunic\u00e1rselo y bajo un seud\u00f3nimo; el nombre de Alister lo tom\u00e9 prestado del satanista. La cr\u00edtica se volvi\u00f3 loca con el libro, pero fue un fracaso de ventas (8). Tres meses despu\u00e9s, Norman me llam\u00f3 agitad\u00edsimo. \u201c<em>Malo, Malo, \u00bfhas le\u00eddo esa barbaridad maravillosa de Morphia? \u00a1El tal Alister es un puto genio! \u00a1Es lo mejor que he le\u00eddo en mi vida!<\/em> Suena c\u00f3mico, pero no lo fue. Despu\u00e9s todo se estrope\u00f3. Cuando meses despu\u00e9s le confes\u00e9 que \u00e9l era el creador de Morphia, se deprimi\u00f3 hasta lo enfermizo. Se flagelaba porque no lo consideraba suyo; le emocionaba leerlo, s\u00ed, y le parec\u00eda genial, pero se lamentaba por no haber estado consciente mientras lo hac\u00eda, pues, seg\u00fan \u00e9l, la verdadera paternidad de un texto estaba en la conciencia de qu\u00e9, c\u00f3mo y por qu\u00e9 se est\u00e1 creando. La intenci\u00f3n, Malo, lo que cuenta es la intenci\u00f3n. Yo tampoco juego a los dados. Y un d\u00eda se esfum\u00f3.<\/p>\n<p>Nos quedamos charlando hasta el atardecer, bebiendo vino blanco mientras evoc\u00e1bamos las leyendas sobre su destino, todas ellas falsas y destinadas a ensalzar el mito. Umbral, quien sent\u00eda una irremediable propensi\u00f3n al romanticismo, nos record\u00f3 la leyenda de Mayhem donde defiende que Norman Harvey est\u00e1 vivo y que prepara un extenso trabajo sobre creaci\u00f3n literaria. Malo Trando nos abri\u00f3 los ojos y nos cont\u00f3 que Norman muri\u00f3 en Bangkok drogado hasta las cejas, convencido de que tras la inconsciencia narc\u00f3tica se escond\u00eda el intelecto de Dios.<\/p>\n<p><strong>Carlos Brutti.<\/strong><br \/>\nPero el caso m\u00e1s extremo de los tres es el del inmenso y desconocido Carlos Brutti (Buenos Aires, 1904-99), un escritor tan prol\u00edfico e innovador que no s\u00f3lo no lleg\u00f3 a publicar, sino que no escribi\u00f3 ni una sola l\u00ednea en su vida. Carlos Brutti, a quien conoc\u00ed el 14 de Agosto de 1984, escribi\u00f3 desde los treinta a\u00f1os hasta su muerte, a los noventa y cinco, una novela cada d\u00eda, es decir, un total de 23.000 novelas, todas ellas en la cabeza, palabra por palabra, con la minuciosidad de un miniaturista. Fuimos amigos y ha sido el \u00fanico hombre al que he envidiado por su independencia y por su paz. S\u00e9 que muchos de mis colegas consideran mi admiraci\u00f3n por Brutti el ap\u00e9ndice extravagante de mi gusto literario, pero para m\u00ed \u00e9l fue uno de los grandes; no s\u00f3lo de este siglo.<\/p>\n<p>El 12 de Octubre de 1992, nos reunimos cinco amigos en la casa que Alfredo Alberto C\u00e1rdenas tiene en Rosario, muy cerca del Museo de Ciencia Natural. Dos de aquellos amigos ya han muerto (9), y otro no me habla desde aquella reuni\u00f3n. Habl\u00e1bamos de Calvino y de L\u00b4Oulipe, cuando se present\u00f3 Brutti, a quien yo hab\u00eda invitado sin saberlo los dem\u00e1s. Augusto Salazar, quien a pesar de su \u00e9xito en Europa a m\u00ed siempre me ha parecido un creador rampl\u00f3n aunque con oficio (le acompa\u00f1\u00f3 la suerte con su libro sobre la posguerra), nos habl\u00f3 de una nueva novela de ciencia ficci\u00f3n en la que llevaba tiempo trabajando: la Tierra se hab\u00eda detenido por rozamiento, al estilo cl\u00e1sico de Newton, y el planeta hab\u00eda quedado dividido en dos mitades: una en sombra y otra iluminada. La civilizaci\u00f3n hab\u00eda desaparecido, pero un peque\u00f1o grupo de supervivientes consigue poner de nuevo la Tierra en rotaci\u00f3n mediante tres explosiones nucleares en la l\u00ednea del ecuador, pero se equivocan en el sentido de rotaci\u00f3n, y entonces los supervivientes, en vez de envejecer, comienzan a rejuvenecer (10). Todos callamos, pero, para mi sorpresa, el siempre t\u00edmido Brutti, intervino en la conversaci\u00f3n:<br \/>\n\u2014Escrib\u00ed una novela con una trama semejante hace veinticuatro a\u00f1os, exactamente el 4 de Junio de 1968, pero la abandon\u00e9 hacia la medianoche, a punto de terminarla, cuando descubr\u00ed que un sistema gravitacional rotacional se colapsa cuando uno de los elementos se detiene. Es una de las diez novelas que no consegu\u00ed terminar.<br \/>\nBrutti lo enunci\u00f3 con su santa inocencia, pero la conversaci\u00f3n se torci\u00f3 sin remedio. Salazar se lo tom\u00f3 como un desprecio y le reproch\u00f3 ser un farsante que jam\u00e1s hab\u00eda escrito una l\u00ednea, sentenciando que quien no escrib\u00eda no era escritor. Brutti defendi\u00f3 haber escrito aquella novela mentalmente, eligiendo cuidadosamente cada palabra, armando cada p\u00e1rrafo. <em>No solo eso<\/em>, a\u00f1adi\u00f3, <em>sino que las recuerdo todas, palabra por palabra, y si el insigne Salazar quiere servirme de m\u00e9dium, tendr\u00e9 mucho gusto en dict\u00e1rselas para que queden escritas, pues al parecer es el papel escrito lo \u00fanico que le importa<\/em>.<br \/>\nYo era el \u00fanico que conoc\u00eda bien a Carlos Brutti y sab\u00eda que no hablaba por hablar. Escrib\u00eda sus novelas, de veinte a treinta mil palabras, a lo largo del d\u00eda, con la perseverancia y olfato de un perro perdiguero, pues ya entonces, al menos para m\u00ed, era el escritor m\u00e1s completo de su generaci\u00f3n. Mis colegas se alinearon con Salazar (todos le ten\u00edan miedo), quien se negaba a reconocer que una novela en la que llevaba seis meses trabajando y document\u00e1ndose ya estuviera escrita en la mente de un <em>iluminado que imagina que escribe<\/em>. La discusi\u00f3n sobre si una novela exist\u00eda antes, mientras o despu\u00e9s de escribirla qued\u00f3 zanjada, al menos por lo que a m\u00ed respecta, cuando Carlos Brutti, ante el asombro de todos, extendi\u00f3 una servilleta de papel y escribi\u00f3 de un tir\u00f3n veinticinco enfermedades humanas comunes a la carencia de luz solar, una segunda columna con la lista de las \u00fanicas diecisiete especies vegetales que podr\u00edan sobrevivir sin ciclos d\u00eda-noche, y remat\u00e1ndolo con las f\u00f3rmulas que hab\u00eda utilizado para calcular tanto la temperatura en cada cara de la Tierra bajo aquellas condiciones, como del empuje necesario para poner de nuevo a girar el planeta. Salazar mir\u00f3 de reojo una de las f\u00f3rmulas y se qued\u00f3 l\u00edvido, se levant\u00f3 de la mesa y desde entonces se refiri\u00f3 a m\u00ed como el <em>amigo del jud\u00edo<\/em>; religi\u00f3n, por cierto, de la que Brutti se mofaba.<\/p>\n<p>Carlos Brutti muri\u00f3 viejo y l\u00facido. Unos meses antes de su muerte trat\u00e9 de convencerle para que me dictara una decena de aquellas novelas, las que \u00e9l considerara las mejores, algo que pudi\u00e9ramos publicar.<br \/>\n\u2014Para qu\u00e9, amigo Vallecillo.<br \/>\n\u2014Para los dem\u00e1s, Carlos. Porque eres uno de los grandes, y quienes lo necesiten tendr\u00e1n un buen ejemplo en el que mirarse.<br \/>\n\u2014\u00bfUn ejemplo? \u00bfUno de los grandes? Ustedes los escritores son todos unos inseguros y unos egoc\u00e9ntricos. No quieren escribir, sino enga\u00f1ar. Nunca he necesitado poner nada por escrito. Yo no soy un escritor\u2014 y a\u00f1adi\u00f3, con su acidez pausada\u2014 Esas pendejadas las dejo para ustedes.<\/p>\n<p>\u00c1ngel Vallecillo<br \/>\nPlaya Para\u00edso, 30 de marzo de 2013.<\/p>\n<p>1. Miguel Drexler renunci\u00f3 tras su nombramiento a estas siete primeras obras porque las consideraba escritas bajo coacci\u00f3n. Confes\u00f3 que su \u00fanico prop\u00f3sito hab\u00eda sido alcanzar la fama para ocupar una atalaya desde la que instaurar el terror. Sus dos obras m\u00e1s completas de esta primera \u00e9poca son Anticristo (un falso ensayo magistralmente enhebrado en el que identificaba a la Iglesia cat\u00f3lica con el demonio b\u00edblico) y L\u00e1zaro, Homo Erectus, una novela corta, con influencias de las narraciones orientales anteriores al siglo III, en la que narra las peripecias de L\u00e1zaro, un don Nadie que abandona empleo, familia y creencias por considerarlas limitaciones formales de la sociedad que coartaban la libertad de pensamiento. Sin querer desvelarles su final, L\u00e1zaro termina en su vejez comprobando que ha llegado a las mismas contradicciones y limitaciones por caminos aparentemente contrarios.<br \/>\n2. El mal gusto de Miguel Drexler. Angel Pontes. Peri\u00f3dico ABC, 12 de agosto de 1935, p\u00e1g 12. Como contestaci\u00f3n a este art\u00edculo, Drexler envi\u00f3 al ABC la carta abierta Los anticristos (no publicada por el peri\u00f3dico), donde defend\u00eda con virulencia e iron\u00eda sus tesis y a sus partidarios.<br \/>\n3. La tr\u00e1gica vida de Arsenio Conde (1913-1985) merecer\u00eda un libro aparte. Este joven manchego sufr\u00eda de una rara enfermedad cerebral que le hac\u00eda comprender y explicar el mundo mediante n\u00fameros. Era capaz de escribir de un tir\u00f3n 5.000 d\u00edgitos del n\u00famero Pi, mediante un artificioso viaje visual por su memoria, o de hablar con cifras en vez de con palabras. Arsenio Conde protagoniz\u00f3 una de las cuatro historias del documental La Memoria Prodigiosa, dirigido por Avelyn Mulder para la BBC, en 1983. Arsenio Conde muri\u00f3, solo y enloquecido, en un albergue de Par\u00eds. En la redacci\u00f3n de El Quijote cifrado, Arsenio Conde lleg\u00f3 a memorizar 10.000 palabras en forma de cifra, y al terminar el trabajo era capaz de leer El Quijote traduci\u00e9ndolo simult\u00e1neamente a n\u00fameros.<br \/>\n4. Esta obra no lleg\u00f3 a publicarse por la cobard\u00eda de los editores ante las presiones pol\u00edticas, pero diez a\u00f1os m\u00e1s tarde fue reivindicada por los Pl\u00e1sticos de Bremen como una obra maestra de las artes gr\u00e1ficas. En la actualidad, el original de El Quijote Num\u00e9rico, o 9715 55151 9002 14445 1+i, ocupa un lugar de privilegio en el Museo de Arte Moderno de San Francisco, entre las piezas Garbo, de Gargallo, y el collage Jud\u00edos, de Lee Roy.<br \/>\n5. Ni escapo ni supe d\u00f3nde, p\u00e1gs 112 a 127. Discursos, 1934-38. Miguel Drexler. Ed. Am\u00e9rica. Colecci\u00f3n Ficciones.<br \/>\n6. Soliloquios. Malo Trando. Ed. Anagrama, 1991, colecci\u00f3n Andanzas.<br \/>\n7. Sobre las drogas y estimulantes que Norman Harvey utiliz\u00f3 para crear sus obras, existe un interesante art\u00edculo en la revista argentina Libres malditos, N\u00ba448, p\u00e1gs 74-79, firmado por N. Niman\u00e9s, en el que se describe, con un detalle cristalino, tanto las proporciones que Norman segu\u00eda en la mezcla de alcoholes, como absenta y an\u00eds, como los f\u00e1rmacos y drogas que utiliz\u00f3: opio, peyote, nazincode\u00edna\u2026<br \/>\n8. Morfia era un libro anticomercial para los gustos europeos y americanos de los 70. Se public\u00f3 tal y como su autor lo dej\u00f3 escrito: plagado de erratas, descoordinaciones e incongruencias. En 1994, se public\u00f3 una segunda versi\u00f3n de Morfia, revisada y m\u00e1s asequible para el gusto del p\u00fablico, pero su familia, propietaria de su obra, consigui\u00f3 retirarla del mercado.<br \/>\n9. En realidad son tres, pues adem\u00e1s de C\u00e9sar Pelayo y Wildfradio del R\u00edo, el autor parece olvidarse del propio Augusto Salazar, quien muri\u00f3 en Buenos Aires en 1999. (N. de la ed.)<br \/>\n10 Augusto Salazar abandon\u00f3 la novela despu\u00e9s de la conversaci\u00f3n con Brutti. La leyenda dice que aterrorizado por la posibilidad de que Brutti llegara a escribir la suya y la posteridad las comparara. Esta novela inconclusa fue publicada por su familia, una vez muerto, en el libro Obras Completas de Augusto Salazar, editorial Dif\u00e1cil, 2011, bajo el t\u00edtulo El fin del Mundo, p\u00e1gs 457 a 529.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>TRES TIGRES DESENTERRADOS \u00c1ngel Vallecillo TRES TIGRES DESENTERRADOS \u00c1ngel Vallecillo Mi entra\u00f1able amiga, Mar\u00eda Corina, editora accidental de la revista siglo XXI y coraz\u00f3n pensante de la irreverente Naustik Fanzine (publicaci\u00f3n a quien me une, adem\u00e1s de otros intereses inconfesables, nuestra com\u00fan pasi\u00f3n por la Apotemnophilia), me convenci\u00f3 para que colaborase en este \u00faltimo n\u00famero impreso de la revista. Su petici\u00f3n fue precisa y concluyente: un ensayo sobre tres novelistas del pasado siglo XX. Tres mil palabras. Tres d\u00edas. Tres. Tres mil. Tres. No creo en las listas, ni en los premios literarios ni en los clubes de lectura. No creo en el propio orden; ni siquiera creo en los novelistas (becerro de oro de la literatura moderna), as\u00ed que ponerme a elegir y a ordenar tres nombres me resulta tan inc\u00f3modo como fr\u00edvolo, aunque pudiera resultarle \u00fatil a los lectores. Sin embargo creo poder cumplir este encargo sin contradecirme rescatando del ostracismo a tres grandes y desconocidos creadores del XX. Tres escritores que permanecen olvidados o conscientemente enterrados: Miguel Drexler, Norman Harvey y mi admirado amigo, tambi\u00e9n fallecido, Carlos Brutti. Miguel Drexler Miguel Drexler naci\u00f3 en Valencia (Espa\u00f1a), en 1874 y deber\u00eda pasar a la historia de la literatura [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":1454,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"ngg_post_thumbnail":0},"categories":[45],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"http:\/\/www.subverso.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1448"}],"collection":[{"href":"http:\/\/www.subverso.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"http:\/\/www.subverso.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/www.subverso.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/www.subverso.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=1448"}],"version-history":[{"count":8,"href":"http:\/\/www.subverso.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1448\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":1667,"href":"http:\/\/www.subverso.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1448\/revisions\/1667"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/www.subverso.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/1454"}],"wp:attachment":[{"href":"http:\/\/www.subverso.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=1448"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"http:\/\/www.subverso.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=1448"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"http:\/\/www.subverso.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=1448"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}