{"id":1503,"date":"2013-04-27T07:57:50","date_gmt":"2013-04-27T07:57:50","guid":{"rendered":"http:\/\/www.subverso.es\/?p=1503"},"modified":"2013-04-27T15:29:12","modified_gmt":"2013-04-27T15:29:12","slug":"detenida","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.subverso.es\/?p=1503","title":{"rendered":"Detenida"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"http:\/\/www.subverso.es\/wp-content\/uploads\/2013\/04\/1.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"wp-image-1507 alignleft\" alt=\"1\" src=\"http:\/\/www.subverso.es\/wp-content\/uploads\/2013\/04\/1.jpg\" width=\"190\" height=\"285\" srcset=\"http:\/\/www.subverso.es\/wp-content\/uploads\/2013\/04\/1.jpg 1544w, http:\/\/www.subverso.es\/wp-content\/uploads\/2013\/04\/1-220x330.jpg 220w\" sizes=\"(max-width: 190px) 100vw, 190px\" \/><\/a>\u00a0\u00a0\u00a0 <strong>Detenida<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Me contaron que ella penetraba con jazz los sue\u00f1os y desvelos de alg\u00fan solar de la calle Monte. Dicen que las s\u00e1banas tendidas en los balcones apuraban su secado con el fa-sol de sus ensayos. Los vecinos montaban en c\u00f3lera cuando aumentaba su registro hasta el sol tercer octava. \u00bfQu\u00e9 saben ellos de Sandoval, de Andr\u00e9, de Armstrong? La muchachita del ruido, la compa\u00f1erita de la escuela de m\u00fasica era un dolor de cabeza, una necesidad de diazepam con ron, un ansia tremebunda de subir y hacerle merendar el instrumento. No importaba el sonido sordo del domin\u00f3 sobre el tablero, las discusiones de Amador y su mujer, el silbido agudo de siete ollas de presi\u00f3n cocinando frijoles negros todas a la vez, el ladrido de Michel, el perro de Rafael el babalawo, ni la lavadora rusa de Xiomara que hacia rugir su motor \u00a0todas las tardes a golpe de detergente l\u00edquido, medias rotas y uniformes.<\/p>\n<p>Un ni\u00f1o del barrio me cont\u00f3 que fue una tarde silenciosa cuando ella se fue de la mano de un muchacho, llevando su trompeta como \u00fanico equipaje. Desde entonces se le han muerto los helechos a las grietas del jard\u00edn, y las s\u00e1banas tardan en secarse de tres a cuatro meses. El ni\u00f1o \u00a0me ense\u00f1o lo \u00fanico que hab\u00eda quedado de ella en el solar. En el interior de un cuarto, en un cuadro de madera, una foto suya, viento, vibraci\u00f3n, columna de aire. Al borde del retrato, unas palabras: \u201c<i>Afinada en mi <\/i><i>\u266d<\/i><i> (bemol). El alma, doblada en espiral, pabell\u00f3n misterioso y cil\u00edndrico de sonidos\u201d.<\/i> Detenida en la imagen, nunca cerrar\u00e1 los labios, nunca besar\u00e1 la embocadura, nunca comenzar\u00e1 la maravilla. Mientras, todo envejece.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Juli\u00e1n Mart\u00ednez G\u00f3mez<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/julianmartinezgomez.blogspot.com.es\/\">http:\/\/julianmartinezgomez.blogspot.com.es\/<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0\u00a0\u00a0 Detenida &nbsp; Me contaron que ella penetraba con jazz los sue\u00f1os y desvelos de alg\u00fan solar de la calle Monte. Dicen que las s\u00e1banas tendidas en los balcones apuraban su secado con el fa-sol de sus ensayos. Los vecinos montaban en c\u00f3lera cuando aumentaba su registro hasta el sol tercer octava. \u00bfQu\u00e9 saben ellos de Sandoval, de Andr\u00e9, de Armstrong? La muchachita del ruido, la compa\u00f1erita de la escuela de m\u00fasica era un dolor de cabeza, una necesidad de diazepam con ron, un ansia tremebunda de subir y hacerle merendar el instrumento. No importaba el sonido sordo del domin\u00f3 sobre el tablero, las discusiones de Amador y su mujer, el silbido agudo de siete ollas de presi\u00f3n cocinando frijoles negros todas a la vez, el ladrido de Michel, el perro de Rafael el babalawo, ni la lavadora rusa de Xiomara que hacia rugir su motor \u00a0todas las tardes a golpe de detergente l\u00edquido, medias rotas y uniformes. Un ni\u00f1o del barrio me cont\u00f3 que fue una tarde silenciosa cuando ella se fue de la mano de un muchacho, llevando su trompeta como \u00fanico equipaje. 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