{"id":1702,"date":"2013-05-21T08:56:15","date_gmt":"2013-05-21T08:56:15","guid":{"rendered":"http:\/\/www.subverso.es\/?p=1702"},"modified":"2013-06-24T07:27:51","modified_gmt":"2013-06-24T07:27:51","slug":"a","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.subverso.es\/?p=1702","title":{"rendered":"MU\u00c9RETE CONMIGO"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"http:\/\/www.subverso.es\/wp-content\/uploads\/2013\/05\/Imagen-24.png\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-full wp-image-1760\" alt=\"Imagen 24\" src=\"http:\/\/www.subverso.es\/wp-content\/uploads\/2013\/05\/Imagen-24.png\" width=\"143\" height=\"192\" \/><\/a><em>\u00bfVolv\u00eda a revivir su vida en cada detalle de deseo, tentaci\u00f3n y entrega durante ese momento supremo de total conocimiento?<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>Joseph Conrad,\u00a0<\/em>El coraz\u00f3n de las tinieblas<em>.<\/em><\/p>\n<p align=\"center\"><b>\u00a0<\/b><\/p>\n<p>A menudo tengo extra\u00f1os presentimientos. Me digo si se cumplir\u00e1n o ser\u00e1n tan s\u00f3lo una jugarreta de mi imaginaci\u00f3n desatada. La verdad es que \u00faltimamente me encuentro m\u00e1s solo que nunca. Me paso horas y d\u00edas sin hablar con nadie y mis paseos por la ciudad se reducen a breves escapadas nocturnas. Desde que estoy en paro, no dejo de preguntarme qu\u00e9 ser\u00e1 de m\u00ed. Antes buscaba en las p\u00e1ginas amarillas de los peri\u00f3dicos, en las listas de empleo precario, dejaba mi curr\u00edculum en las empresas, pero ya he tirado la toalla. En aquel tiempo, cuando ten\u00eda esperanza de encontrar un empleo digno, llamaba a menudo a mi hermana. Quer\u00eda saberlo todo de ella, de su salud, de su marido y sus hijos, de su casa y su trabajo, esas cosas. Pero hace semanas de aquello. Ahora ni contesto el tel\u00e9fono que, por cierto, lleva d\u00edas sin sonar. Me pregunto si ella, mi hermana, tambi\u00e9n ha desaparecido.<\/p>\n<p>He tenido muchos presentimientos. Supongo que el hast\u00edo trae estas cosas, una imaginaci\u00f3n sin control que cree estar adivinando lo que de modo inexorable va a suceder. Pero sobre todos ellos se dibuja uno que tiene forma de mujer y que viene precedido por una coincidencia de apariencia banal: cada vez que voy a la panader\u00eda\u00a0 de la esquina, me topo con la chica morena del paraguas rojo. Siempre me saluda sonriendo, y esto, para un ser solitario y apartado de todo contacto humano es mucho, m\u00e1s de lo que ella con su simple gesto puede suponer. Aunque decida ir m\u00e1s tarde, nos acabamos encontrando con la barra bajo el brazo. Son apenas unos instantes compartidos pero ya he aprendido su cuerpo de memoria. Ayer me present\u00e9 por la tarde y volvimos a coincidir. Creo que ella se ri\u00f3. Dijo algo as\u00ed como qu\u00e9 casualidad y yo, apurado, tuve que mirarme las puntas de los zapatos. Ten\u00eda una risa blanca, vibrante, y en sus dientes gemelos brillaba un punto de luz h\u00fameda que yo con placer hubiera recogido con la yema de uno de mis dedos si no hubiera sido por mi est\u00fapida timidez. Por mi cobard\u00eda.<\/p>\n<p>\u00bfNo ser\u00e1 que estamos destinados el uno al otro? Me r\u00edo ante semejante cuesti\u00f3n. Nadie est\u00e1 hecho para nadie porque la triste realidad es que somos seres solos \u2013por cierto, \u201csomos seres solos\u201d es un pal\u00edndromo: me aterrorizan estos juegos de lenguaje que sugieren un mundo abarrotado de azares que no lo son, un mundo esculpido con milim\u00e9trico orden, donde todo mi caos interior no ser\u00eda sino la lectura err\u00f3nea de una meticulosa y premeditada crueldad-. Cuando miro a\u00a0 las parejas que van del brazo o de la mano, no lo hago con envidia sino sintiendo piedad por la fragilidad de su certeza, la de sentirse acompa\u00f1ados. En breve, la soledad les arropar\u00e1 con su g\u00e9lida manta. S\u00f3lo los ni\u00f1os se sienten de verdad dichosos con la compa\u00f1\u00eda de sus seres queridos porque ignoran la verdad.<\/p>\n<p>Y, sin embargo, ya no puedo pasar un solo d\u00eda sin verla, aunque s\u00f3lo sean unos segundos. Me pregunto si esto me suceder\u00e1 siempre, si la indispensable rutina en que mi vida se est\u00e1 convirtiendo no la malograr\u00e1 la vida, si permanecer\u00e1 hasta que la misma muerte decida separarnos. En tal caso, c\u00f3mo me gustar\u00eda morir con ella. Si alguna vez he de dejar de verla, que sea junto a ella, que, mir\u00e1ndonos a los ojos, abandonemos esta vida al mismo tiempo y de la mano, e incluso, mejor a\u00fan, que sea voluntariamente. No puede haber nada m\u00e1s bello, m\u00e1s rom\u00e1ntico, que tomar la decisi\u00f3n de dejarlo todo junto a un ser al que se ama; aunque sea de esta manera precaria, al lado de una bella mujer pr\u00e1cticamente desconocida.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Hoy he bajado a comprar el pan m\u00e1s tarde que nunca porque estaba terminando de leer una gran novela, una novela de esas que nunca se olvidan, \u201cUna historia de amor y oscuridad\u201d, la autobiograf\u00eda de Amos Oz, que es en realidad la amarga biograf\u00eda de sus padres. Cuando su madre se suicida, Amos s\u00f3lo tiene doce a\u00f1os y no puede perdon\u00e1rselo. Es su rabia la que siento yo ley\u00e9ndolo. Es el rostro de su madre el que veo, su cuerpo, sus delicadas manos, su elegancia, su brutal insomnio vivido d\u00eda a d\u00eda sin lamentos. Creo que he perdido yo tambi\u00e9n un ser maravilloso y me duelo\u00a0 como si ella fuera uno de mis seres m\u00e1s queridos. Quiz\u00e1 el m\u00e1s querido de estos \u00faltimos tiempos. Me pregunto si alguna vez quise as\u00ed a mi propia madre, a mi padre, que murieron tan j\u00f3venes. Imposible. Yo era un ni\u00f1o peque\u00f1o, demasiado peque\u00f1o para haber sentido la rabia que sent\u00ed al verla irse, a la elegante e inteligente madre de Amos Oz, tan joven, ay.<\/p>\n<p>Y pienso en ella porque en cierta forma me recuerda a mi coincidente del paraguas rojo. Esbelta, con una sonrisa triste que no s\u00e9 de d\u00f3nde emana porque lo ignoro todo de ella, absolutamente todo salvo su rostro, que conozco y me s\u00e9 al dedillo. Y su manera de andar, balance\u00e1ndose sobre unos pasos largos realzados por sus piernas flacas y nerviosas, ajenas al tumulto que la rodean; es realmente distinta a ninguna otra mujer que yo haya conocido.<\/p>\n<p>En tu vida, quisiera preguntarle, en la vida que tienes antes y despu\u00e9s de estos segundos que compartimos en la panader\u00eda, \u00bfes la angustia la que te persigue? \u00bfO tienes un vivir pasable con ratos memorables de dicha y otros de tristeza? Si es as\u00ed, me gustar\u00eda que me lo contaras. Con tu cabeza reposando en mi brazo, podr\u00edas hilvanar uno a uno todos los hilos sueltos de tu existencia hasta que la trama dibuje en tu destino cierta l\u00f3gica, una l\u00f3gica que har\u00eda posible tu bienestar y tambi\u00e9n mi certidumbre.<\/p>\n<p>\u201cQuerida m\u00eda -he escrito antes de salir-, como nunca ser\u00e9 capaz de hablarte, como nunca ser\u00e9 capaz de dec\u00edrtelo a los ojos, querida m\u00eda del pan bajo el brazo, del paraguas rojo, de la sonrisa triste, del flequillo cuidadoso, de los l\u00f3bulos de la orejas redondeados y peque\u00f1os, de la boca fr\u00e1gil y cuello erguido, querida m\u00eda de los segundos del d\u00eda m\u00e1s honestos y maravillosos para m\u00ed\u2026\u201d<\/p>\n<p>Y aqu\u00ed me he detenido porque qu\u00e9 m\u00e1s puedo decir de ti que no lo haya yo inventado, que no sea producto de mis deseos y mi angustia\u2026 Por eso no escribo nada m\u00e1s de ti, querida m\u00eda: no quiero que mi imaginaci\u00f3n desatada cree a partir de tu cuerpo una vida irreal e inexistente. Te quiero como eres, con ese enorme hueco donde vives tu existencia real, aunque no me alivie saber que no la habr\u00e9 de compartir jam\u00e1s contigo.<\/p>\n<p>Querida m\u00eda de las mejillas p\u00e1lidas, de los ojos abiertos como los de los gatos, ojos reservados para mi mirada. No s\u00e9 c\u00f3mo te llamas. Un nombre, no quiero pon\u00e9rtelo porque desvirtuar\u00e1 de inmediato la imagen que de ti tengo. Un nombre: s\u00f3lo el que tienes y que me est\u00e1 vedado.<\/p>\n<p>Como vedados me est\u00e1n tu casa, tus pasillos, tus c\u00f3modas y espejos, tus ropas, el olor de tu cama, las p\u00e1ginas de tus libros donde reposa el dedo que se\u00f1ala la p\u00e1gina mientras miras por la ventana que desconozco el paisaje que no veo, querida m\u00eda, ni s\u00e9 c\u00f3mo corren tus piernas por la calle, ni si trepa hasta tu pecho el color del crep\u00fasculo que te impacta, ni la m\u00fasica que escuchas abandon\u00e1ndote a todo, ni el cuerpo que se cruza con el tuyo en los cuartos prohibidos a mis ojos, ese cuerpo que te aparta o te atrae y en todo caso me condena a seguir siendo el hombre del pan, el t\u00edmido y neur\u00f3tico hombre de barba de diez d\u00edas del que desconoces todo, su nombre, su casa, sus ropas, sus amigos, su familia, sus libros y su olor. En cuanto\u00a0 a esto, por mucho que t\u00fa me imagines, jam\u00e1s caer\u00e1 tan bajo tu pensamiento como para hallarme. M\u00e1s bajo a\u00fan que tus rechazos, m\u00e1s bajo a\u00fan que tus indiferencias. Porque yo habito en el \u00faltimo de todos los estratos que puedas imaginar: vivo m\u00e1s all\u00e1 de donde el hombre est\u00e1 en el l\u00edmite, m\u00e1s all\u00e1: en la frontera, querida m\u00eda, de la muerte.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1 te asuste saberlo, que yo ya s\u00f3lo estoy hecho para ti y para la muerte. Que de noche, a escondidas de la luz delatora, sue\u00f1o con asfixiarte en mi regazo moribundo. Porque, \u00bfqu\u00e9 sentido tiene irse muriendo como yo lo hago cada d\u00eda si no es para llevarte conmigo?<\/p>\n<p>Si t\u00fa fueras la madre de Amos Oz\u2026, pero esto no es Israel, ninguna bomba ha ca\u00eddo cerca de nuestra casa, la geograf\u00eda donde tu cuerpo existe no tiene nada que ver con la suya. Y sin embargo por qu\u00e9 no, querida m\u00eda, esa tristeza de tu sonrisa me lo est\u00e1 pidiendo, esa sombra que persigue tu p\u00e1rpado, ese aliento entrecortado con que corres y te alejas, tus diminutos tobillos estremecidos\u2026 todo lo est\u00e1 pidiendo, aunque no quieras escucharlo: mu\u00e9rete, mu\u00e9rete\u2026<\/p>\n<p>Pero hazlo conmigo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00bfVolv\u00eda a revivir su vida en cada detalle de deseo, tentaci\u00f3n y entrega durante ese momento supremo de total conocimiento? Joseph Conrad,\u00a0El coraz\u00f3n de las tinieblas. \u00a0 A menudo tengo extra\u00f1os presentimientos. Me digo si se cumplir\u00e1n o ser\u00e1n tan s\u00f3lo una jugarreta de mi imaginaci\u00f3n desatada. La verdad es que \u00faltimamente me encuentro m\u00e1s solo que nunca. Me paso horas y d\u00edas sin hablar con nadie y mis paseos por la ciudad se reducen a breves escapadas nocturnas. Desde que estoy en paro, no dejo de preguntarme qu\u00e9 ser\u00e1 de m\u00ed. Antes buscaba en las p\u00e1ginas amarillas de los peri\u00f3dicos, en las listas de empleo precario, dejaba mi curr\u00edculum en las empresas, pero ya he tirado la toalla. En aquel tiempo, cuando ten\u00eda esperanza de encontrar un empleo digno, llamaba a menudo a mi hermana. Quer\u00eda saberlo todo de ella, de su salud, de su marido y sus hijos, de su casa y su trabajo, esas cosas. Pero hace semanas de aquello. Ahora ni contesto el tel\u00e9fono que, por cierto, lleva d\u00edas sin sonar. Me pregunto si ella, mi hermana, tambi\u00e9n ha desaparecido. He tenido muchos presentimientos. 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