{"id":1716,"date":"2013-05-21T09:12:35","date_gmt":"2013-05-21T09:12:35","guid":{"rendered":"http:\/\/www.subverso.es\/?p=1716"},"modified":"2013-06-24T07:31:06","modified_gmt":"2013-06-24T07:31:06","slug":"primer-capitulo-de-el-ancho-cielo-de-juan-sendino","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.subverso.es\/?p=1716","title":{"rendered":"EL ANCHO CIELO"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"http:\/\/www.subverso.es\/wp-content\/uploads\/2013\/05\/campos-de-castilla.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-full wp-image-1725\" alt=\"campos-de-castilla\" src=\"http:\/\/www.subverso.es\/wp-content\/uploads\/2013\/05\/campos-de-castilla.jpg\" width=\"273\" height=\"184\" \/><\/a>NOTA DEL NARRADOR.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Para que esta historia aparezca tal y como est\u00e1 me he visto obligado a llevar la contraria al autor, para quien deb\u00eda ser s\u00f3lo yo quien la contase; he preferido en muchas ocasiones que lo hagan quienes la forman (y en alg\u00fan caso personas ajenas a los hechos). Para que todo quede claro, siempre especifico en may\u00fasculas qui\u00e9n dice qu\u00e9. Comienza V\u00edtor.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">DESPU\u00c9S<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">21 de agosto de 2008<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">V\u00cdTOR<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por fin se fueron. Menos mal que han venido hoy y no ayer por la tarde; si llegan a venir no me encuentran, y si se les ocurre esperar a que yo llegara todav\u00eda peor, tal como vine. Hoy s\u00ed que me he pasado por casa nada m\u00e1s volver del trabajo pero ayer no, porque llevaba la ca\u00f1a plegable en la moto y me llegu\u00e9 al r\u00edo, a echarla un rato. Luego, a la vuelta, par\u00e9 en la gasolinera y entre unas cosas y otras no estar\u00eda aqu\u00ed antes de las once bien pasadas, que encima tard\u00e9 en cenar porque tuve que meter toda la ropa en agua con ariel; para la sangre es mejor la lej\u00eda, claro, pero a ver c\u00f3mo me iba a quedar luego el mono de comido, que igual era peor el remedio que la enfermedad. Mucha sangre la verdad es que no tra\u00eda -salpicaduras, m\u00e1s que nada- pero, quieras que no, se notaba y no era cosa de dejarla. Y tambi\u00e9n tuve que fregar el casco, que fue donde m\u00e1s salpic\u00f3. Luego de cenar sin pan, como no pod\u00eda pegar ojo, acab\u00e9 por coger otra vez la moto y llegarme al Etc\u00e9teras. Por fin se fueron, s\u00ed. Veinti\u00fan a\u00f1os hace que no les ve\u00eda y la visita ha sido de agradecer, claro, pero me alegro de que se hayan ido, esa es la verdad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">UNO<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">SENTENCIA<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00ab\u2026por cuanto habiendo sido averiguados los hechos y o\u00eddos los testigos, hallamos al\u00a0 mentado Lope de Latarze culpable de dar muerte al antedicho Belt\u00e1n Pacheco, y por ello le condenamos a la pena de horca, la cual pena se pondr\u00e1 por obra el primer domingo de mayo deste mismo a\u00f1o, ejecut\u00e1ndola el maestro de justicias de la villa de Rioseco, en la cuya prisi\u00f3n pasar\u00e1 en custodia el reo desde que all\u00ed sea trasladado hasta el momento de llevarlo al cadahalso para cumplir la dicha pena, corriendo los gastos de levantar el dicho cadahalso, as\u00ed como el mantenimiento y guarda del reo, por cuenta del concejo desa villa para que esta nuestra sentencia sea cumplida.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la Real Audiencia de Valladolid, a diez y siete d\u00edas del mes de abril de mil y quinientos y ochenta a\u00f1os. El juez, Sim\u00f3n Espinosa\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">MANDA TESTAMENTARIA<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00ab\u2026 y toda la hacienda que tengo y tener pueda quede para mi hijo el mayor, Gonzalo, haciendo excepci\u00f3n de lo que seguidamente se dice.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mando que a mi hijo el menor, Luis, se le d\u00e9 mientras viva una renta al a\u00f1o de cinco escudos, pagaderos por San Pedro; se le d\u00e9, adem\u00e1s, la casilla que est\u00e1 al lado del r\u00edo, cerca de la puente, con su huerto, bajo condici\u00f3n que no puedan ser vendidos, ni cedidos, ni enajenados de manera ninguna el uno ni la otra, o parte alguna de ellos por \u00e9l o por persona alguna interpuesta, y si tal se hiciere sea nula la venta, cesi\u00f3n, donaci\u00f3n o enajenaci\u00f3n, y pasen casilla y huerto a propiedad de su hermano Gonzalo; tambi\u00e9n le dejo, por voluntad de su madre, que en gloria est\u00e9, el edificio que llaman Palacio del Duque, que est\u00e1 a obra de dos leguas de esta villa por el camino de Le\u00f3n, cerca de la aldea de Quintana de San Quirze. Y \u00faltimamente mando se le den todos los libros que en la mi librer\u00eda se encontraren a la hora de mi muerte, por no ser ya ellos de utilidad para nadie.\u00bb<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Del testamento de Gonzalo Medrano, firmado a 27 de marzo de 1560.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">YO<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Luis Medrano<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Finales de julio de 1579<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Han salido de Valladolid por la Puente Mayor, al rayar la luz del d\u00eda; se encuentran a la vista de Rioseco y ya no queda rastro de frescura bajo el sol. Los mulos est\u00e1n arrendados a un espino, cerca, y ellos dos se han sentado bajo unos chopos, a consumir lo que les queda. Donde est\u00e1n se mueve un poco el aire todav\u00eda, y el r\u00edo corre entre ellos y el pueblo; mastican el pan y el tocino con calma, a la sombra. Por ser flaco y largo, y tambi\u00e9n por su mirada de animal al acecho, Lope de Latarze parece menos viejo de lo que es; se apa\u00f1a bien con sus \u00faltimas tres muelas y come con minucia. Luis Medrano apenas pasa de los cincuenta, pero sus canas y, sobre todo, su condici\u00f3n de hombre muy cansado le hacen parecer mayor; mientras contempla la corriente, mueve las mand\u00edbulas sin pensar en nada.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ah\u00ed enfrente, un cuarto de legua al otro lado del caudal, est\u00e1 la villa de Rioseco. Hace treinta y tres a\u00f1os que Luis la dej\u00f3 y ahora que est\u00e1 de vuelta no encuentra ning\u00fan cambio: ah\u00ed contin\u00faa la Puente Vieja, con el pretil medio venido abajo como lo estaba entonces. Pasada la puente y siguiendo el camino se deja al lado derecho la picota, y al otro lado de la muralla lucen las torres orgullosas de las tres iglesias. Los buenos tiempos de ferias y negocios se fueron para siempre, pero Rioseco sigue siendo un lugar de buenas familias y dineros largos. Lope apunta hacia las casas con el cuchillo.<\/p>\n<ul style=\"text-align: justify;\">\n<li>\u00bfEntramos ahora, Luis?<\/li>\n<li>S\u00ed. Cuanto antes, mejor.<\/li>\n<li>No se te olvide: t\u00fa el amo y yo el criado.<\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando terminan de comer y beben el poco vino que les queda montan en los mulos y los arrean camino adelante, hacia la puente. Los animales en que vienen no traen sillas, sino mantas zamoranas. Llegaron Lope y Luis caminando desde la Corte de Madrid hasta \u00c1vila pero a la bajada, cerca de Ar\u00e9valo, Lope gan\u00f3 las ac\u00e9milas con el naipe a un arriero leon\u00e9s, en una venta. No fue f\u00e1cil enga\u00f1arlo y al final, de no ser porque los apartaron, sacan los filos el leon\u00e9s y Lope. Luis ha hecho bien el viaje porque lleva muchos a\u00f1os acostumbrado a cabalgaduras mejores y peores, y casi no siente el espinazo del animal que se mueve atr\u00e1s y adelante como una sierra mellada debajo de su rabadilla. A Lope no le gusta ir montado, siempre ha hecho los caminos a pie aunque \u2013piensa- ahora habr\u00e1 que ir as\u00ed para hacerse valer. Piensa que lucido no parece ir en mulo, cosa m\u00e1s propia de frailes y estudiantes, pero peor ser\u00eda que se viese entrar en villa a un hidalgo sin montura. Cavila que pobre ser\u00e1 y maleante le han llamado, muerto de hambre se ve y haciendo de criado de un majadero, pero eso no quita para ser \u00e9l de sangre limpia y de padres con solar conocido, que nadie le saca ventaja por debajo del Rey.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pica fuerte el sol cuando cruzan la puerta de esta parte de la muralla; hacen ya cada uno su papel y los vecinos les miran al cruzarse con ellos: Lope viene muy propio de criado a la zaga, porque el disimulo le es f\u00e1cil al buen tah\u00far; a Luis le queda grande el parecer amo porque nunca lo fue. Con Lope detr\u00e1s, Luis enfila sin vacilaciones una calle tras otra hasta que llega a la de Las Huertas, que es donde vive su hermano Gonzalo, al que llaman todos Gonzalo el Mozo desde que empez\u00f3 a mandar en casa, antes todav\u00eda de que muriera Gonzalo el Viejo, su padre. Luis naci\u00f3 en esta misma casa, que fue la de la familia antes de que se fueran a vivir al Palacio del Duque. La calle est\u00e1 por detr\u00e1s de la plaza de San Mart\u00edn; es silenciosa, ancha y torcida, y la \u00fanica vivienda de toda ella es la de Gonzalo. Se trata de una casa hecha de piedra hasta el primer piso, y m\u00e1s arriba de ladrillo; el edificio se prolonga por los lados en unas tapias con bardas de zarza, tras de las que est\u00e1 el huerto. Supuesto amo y aparente criado desmontan y dejan sus caballer\u00edas arendadas en argollas, al lado de la alta puerta de la casa. Luis da tres aldabonazos moderados, casi d\u00e9biles, y esperan los dos quem\u00e1ndose las espaldas al sol. La hoja de madera tarda en abrirse, y la criada que por fin asoma est\u00e1 a punto de volverla a cerrar con un \u00abDios os ampare, hermanos\u00bb. Lope se adelanta y sujeta recio la madera con la mano, sin violencia pero casi con autoridad, y encaja el zapato en el hueco para impedir a la criada que acabe de encajar. Por fin, Luis se hace valer.<\/p>\n<ul style=\"text-align: justify;\">\n<li>Vengo a ver al amo. Soy su hermano.<\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"text-align: justify;\">La criada, que es moza y guapa, est\u00e1 en dudas y tiene miedo debido a la traza pordiosera de los dos. De no ser por la mano y el zapato de Lope, les hubiera dado un portazo para recogerse en la cocina haci\u00e9ndose cruces. Luis se da cuenta entonces: aunque viene a reclamar lo suyo y no a pedir limosna, lo parece. La criada sigue asustada.<\/p>\n<ul style=\"text-align: justify;\">\n<li>El amo no est\u00e1 en casa.<\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"text-align: justify;\">Luis no sabe qu\u00e9 contestar, y otra vez ha de ser Lope quien salga al paso, para que no se vean los dos con la puerta en las narices.<\/p>\n<ul style=\"text-align: justify;\">\n<li>\u00bfY el ama est\u00e1?<\/li>\n<li>S\u00ed.<\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ahora, Luis saca un papel de su manga izquierda.<\/p>\n<ul style=\"text-align: justify;\">\n<li>Dale esta carta y an\u00fanciame. Esperamos aqu\u00ed.<\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"text-align: justify;\">Para disgusto de Lope, Luis ha renunciado una vez m\u00e1s a portarse como quien es y no ha exigido que los dejen pasar. Y no dice lo que piensa: que han venido de la Corte a cobrar una herencia y est\u00e1n esperando en la calle, con la puerta cerrada igual que si les fueran a dar sopa de caridad. Piensa: mal rayo te parta, majadero, mal me va a ir contigo, ya lo veo yo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se vuelve a abrir la puerta y la criada moza y guapa aparece, azorada.<\/p>\n<ul style=\"text-align: justify;\">\n<li>Pase Su Merced.<\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"text-align: justify;\">Luis pasa y Lope le va detr\u00e1s. En el mismo zagu\u00e1n se encuentran con una mujer de como cuarenta a\u00f1os gentil y serena, que conserva un muy buen parecer; sonr\u00ede a Luis y le devuelve la carta. Es su cu\u00f1ada.<\/p>\n<ul style=\"text-align: justify;\">\n<li>Bienvenido seas, hermano. De qu\u00e9 manera ha querido Dios que nos conozcamos.<\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"text-align: justify;\">El ama los conduce, con reposada hospitalidad de due\u00f1a de la casa, hasta la frescura del emparrado. Llegados all\u00ed los manda sentar y env\u00eda a la criada moza y guapa a la cocina para que les traiga un refrigerio; luego los deja solos. Cuando llegue su esposo los har\u00e1 avisar, les asegura. En cuanto llega el vino y lo dem\u00e1s, Lope les alarga la mano, bebe y saborea; Luis tambi\u00e9n. El supuesto criado habla quedo y mirando al frente, casi secretero.<\/p>\n<ul style=\"text-align: justify;\">\n<li>Buen queso, buen vino. Buena vida.<\/li>\n<li>S\u00ed.<\/li>\n<li>\u00bfPor qu\u00e9 te marchaste? Aunque no s\u00e9 para qu\u00e9 te lo pregunto. Que me maten si alguna vez llego a entender lo que me digas.<\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"text-align: justify;\">Buena vida, as\u00ed es. Luis mira alrededor buscando lo que esperaba encontrar.\u00a0 En el patio, debajo de los espesos p\u00e1mpanos, se est\u00e1 como en los veranos aquellos, cuando se pasaba las horas muertas\u00a0 contemplando al trasluz los verdes encendidos de las hojas, que eran otras y las mismas que est\u00e1 mirando ahora.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando ley\u00f3 en Madrid la carta dio por hecho que Gonzalo seguir\u00eda viviendo en el palacio, pero en el sobrescrito aparec\u00eda esta direcci\u00f3n: la de la antigua casa de la familia. Luis vivi\u00f3 aqu\u00ed hasta los ocho a\u00f1os y recuerda ese tronco ennegrecido que parece un torrente; recuenda esa revuelta de la rama, ese nudo profundo, ese hueco; pero all\u00ed al fondo faltan los manzanos bajo los que su padre dorm\u00eda la siesta, en aquella esquina falta el ciruelo y falta la sombra de las dos higueras.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pasa ya de una hora el tiempo que llevan en el patio y todav\u00eda no aparece su hermano; Lope ha dado fin por tercera vez al refrigerio, que la criada guapa ha ido reponiendo, y se impacienta porque es hora de comer. Luis intenta imaginar c\u00f3mo ser\u00e1 su hermano ahora; \u00e9l mismo es un viejo y Gonzalo le saca seis a\u00f1os; su hermano siempre fue hechura de su padre, del que ha debido de heredar el odio por las cuentas mal hechas: seguro que por eso le ha enviado raz\u00f3n de que venga a cobrar su parte de la herencia. Hace una semana que el hombre calvo y astuto le entreg\u00f3 la carta en San Antonio, al lado de la pila de agua bendita; el falso amo vuelve a sacarla y la relee, para repasarla, ayud\u00e1ndose de unas aparatosas lentes que se cuelga de la nariz. La carta es muy breve, como lo eran las de su padre.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abDe Gonzalo Medrano a Luis Medrano, salud.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hermano.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No tengo noticia de que te llegara alguna de las cartas que te he mandado antes de \u00e9sta, la cual ser\u00e1 la \u00faltima con que te doy noticia de que padre muri\u00f3 y de que has de venir ac\u00e1 para cobrar tu parte de la herencia.\u00bb<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es todo: no a\u00f1ade nada m\u00e1s.\u00a0Hasta que no hable con Gonzalo, cuando llegue, no sabr\u00e1 cu\u00e1ndo ni c\u00f3mo muri\u00f3 su padre; ha debido de ser hace tiempo, porque su hermano no le habr\u00e1 enviado una carta cada mes, sino m\u00e1s bien cada a\u00f1o, y adem\u00e1s su cu\u00f1ada no lleva luto. Luis vuelve a guardarla, se levanta y se pasea bajo la parra con las manos a la espalda, mirando las lajas del suelo y record\u00e1ndolas. Su fingido criado tiene que recordarse que no debe parecer quien es, que no debe apoyar la mano en la rodilla y la mirada debe ser m\u00e1s de perro que de lobo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por fin se escuchan tres golpes del hierro de la aldaba, se oye c\u00f3mo abren y se escuchan los pasos que se acercan, enfilando el corredor. A Luis le llega en susurro la voz de su cu\u00f1ada dando explicaciones: que ya han llegado y est\u00e1n en el patio -dice. El caminar decidido de un hombre solo se aproxima y por fin Gonzalo se recorta en la puerta del huerto. En efecto, es la hechura de su padre: calvo, s\u00f3lido y sin emociones. Nada de abrazos.<\/p>\n<ul style=\"text-align: justify;\">\n<li>Estar\u00e1s cansado, hermano. Comer\u00e1s conmigo.<\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los dos entran en la casa y Lope los sigue. Con un gesto apenas, el ama lo manda a la cocina, para que coma all\u00ed lo que le pongan. Luis y Gonzalo se sientan a una mesa negra y maciza, de casta\u00f1o, en una estancia peque\u00f1a de paredes sin adornos; sorben la sopa callados. Se vigilan. La \u00faltima vez que se vieron, en Amberes, Gonzalo ten\u00eda veinticuatro a\u00f1os y Luis escasamente dieciocho. Gonzalo no bebe vino. Su padre s\u00ed beb\u00eda un poco y Luis recuerda haberlo visto borracho una vez, aunque\u00a0 no de vino sino de cerveza. El hermano mayor chasca la lengua antes de hablar.<\/p>\n<ul style=\"text-align: justify;\">\n<li>Despu\u00e9s de la siesta el notario te leer\u00e1 el testamento delante de testigos, conforme a derecho. Luego te entregar\u00e9 lo que es tuyo.<\/li>\n<li>Bien.<\/li>\n<li>\u00bfNo quieres saber qu\u00e9 te dej\u00f3? Bueno est\u00e1.<\/li>\n<li>*<\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"text-align: justify;\">La lectura se hace en la sala de despachar de Gonzalo, estrecha y abarrotada de papeles. Para Luis queda una min\u00fascula renta anual de cinco escudos; recibe los de este a\u00f1o junto con los ochenta de atrasos, que Gonzalo le entrega all\u00ed mismo, en reales de a ocho, pieza sobre pieza; fuera de esto, hereda tambi\u00e9n la casilla junto al r\u00edo con su huerto y, por voluntad de su madre, el palacio. Adem\u00e1s, su padre le deja \u201ctodos los libros que en mi librer\u00eda se encontraren\u201d; seguro que son los de la librer\u00eda\u00a0 de Gaspar Iglesias, que compr\u00f3 con el palacio. Una vez firmada el acta que levanta el notario, los dos hermanos quedan a solas en la sala de despachar. Gonzalo abre un caj\u00f3n del bargue\u00f1o negro y empu\u00f1a unas llaves, que al rozarse hacen un ruido de hierro viejo.<\/p>\n<ul style=\"text-align: justify;\">\n<li>\u00c9sta es del palacio y \u00e9sta de la casilla. Vamos a la librer\u00eda.<\/li>\n<li>\u00bfCu\u00e1ndo muri\u00f3 padre? Que en paz descanse.<\/li>\n<li>Har\u00e1 diecis\u00e9is a\u00f1os por la Virgen de Agosto.<\/li>\n<li>\u00bfDe qu\u00e9 muri\u00f3?<\/li>\n<li>Estuvo de Dios. Ven a la librer\u00eda.<\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al abrirse la puerta sale un olor blando, a cerrado y a oscuro. El mismo Gonzalo tira de las cortinas y abre las ventanas; el sol rompe la negrura filtrado por la atm\u00f3sfera polvorienta. La luz dibuja el aire y las formas, marca los bordes y los \u00e1ngulos, las superficies nobles de la madera, los centenares de lomos\u00a0 de todo tama\u00f1o alineados en las estanter\u00edas. Recuerda que en el palacio hab\u00eda una habitaci\u00f3n con largos estantes de roble donde se conservaban los libros, pero nunca se fij\u00f3 en ellos porque el leer no le llamaba por entonces la atenci\u00f3n. Pero en esta habitaci\u00f3n hay bastantes tomos m\u00e1s: es mayor que la del palacio y est\u00e1 forrada de ellos casi del suelo al techo. Gonzalo padre -le explica su hermano- empez\u00f3 a juntarlos cuando dejaron el palacio y se volvieron a esta casa, como dos a\u00f1os m\u00e1s tarde de volverse de Amberes dej\u00e1ndolos all\u00ed a los dos. En sus \u00faltimos tiempos, cuando empez\u00f3 a enfermar y le dej\u00f3 a cargo de todo, el viejo casi viv\u00eda encerrado aqu\u00ed, despierto y leyendo en voz alta horas y horas, muchas veces hasta clarear el d\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El regresar a esta casa sucedi\u00f3 cuando Gonzalo el hijo volvi\u00f3 de Amberes, un a\u00f1o despu\u00e9s que su padre: cierto d\u00eda de aquel mismo invierno, durante la comida, Gonzalo padre se qued\u00f3 un buen rato con la mirada fija en la pared de enfrente, sosteniendo en el aire la cuchara, y dijo: \u00abnos marchamos de aqu\u00ed\u00bb. No di\u00f3 ninguna explicaci\u00f3n: a partir de ese momento empez\u00f3 a disponer el abandono del palacio y la vuelta aqu\u00ed; por otro empe\u00f1o del padre, once a\u00f1os antes hab\u00edan dejado esta casa sin rechistar para trasladarse al palacio. Cuando se vio de nuevo en esta casa mand\u00f3 vaciar una estancia -la m\u00e1s grande-, se hizo traer los tomos con sus estantes y mand\u00f3 llamar a un mercader de libros de la calle de los Francos, de Valladolid, que empez\u00f3 a suministrarle.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando salen de la biblioteca, los dos hermanos acuerdan que los vol\u00famenes se quedar\u00e1n aqu\u00ed por el momento, hasta que Luis pueda trasladarlos al palacio. Aprovechando que se menciona el edificio, Gonzalo\u00a0propone a Luis que se lo venda; le ofrece sin pre\u00e1mbulos una suma irrisoria.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&#8211; Vale mucho m\u00e1s, t\u00fa bien lo sabes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&#8211; Donde est\u00e1 no vale siquiera lo que te ofrezco. En medio del campo \u00bfpara qu\u00e9 lo va a querer nadie? Est\u00e1 vac\u00edo y medio venido abajo. Volver a ponerlo en condiciones te iba a costar un dinero que ni tienes ni vas a tener nunca, hermano. T\u00fa bien lo sabes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Gonzalo es astuto pero no lo bastante y no es inteligente: no ha heredado aquel despiadado talento de su padre.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&#8211; Lo tengo por voluntad de madre y, en el campo o no en el campo, padre lo compr\u00f3.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A esta contestaci\u00f3n Gonzalo se calla un momento antes de responder.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&#8211; As\u00ed me maten, nunca entender\u00e9 por qu\u00e9 lo compr\u00f3.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&#8211; No merece la pena que sigamos hablando. Sacar\u00e9 el dinero de otra parte.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&#8211; \u00bfD\u00e9 d\u00f3nde, si no es mala pregunta?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Luis no le contesta. Le da la espalda y va a salir de la habitaci\u00f3n cuando Gonzalo le llama.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&#8211; Vamos a entrar en razones, Luis.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&#8211; T\u00fa dir\u00e1s.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&#8211; Nadie te va a ofrecer m\u00e1s que yo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&#8211; S\u00ed que hay alguien. Bien lo sabes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&#8211; A esa marrana no le va a interesar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&#8211; Claro que le va a interesar: querr\u00e1 que vuelva a la familia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&#8211; A esa ya no le interesa ni su familia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&#8211; Me has pedido que entremos en razones. Entremos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Gonzalo El Mozo tarda en hacer una oferta aceptable porque, a diferencia de su padre, jam\u00e1s domin\u00f3 el arte de adivinar lo que piensa quien tiene enfrente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&#8211; Este dinero es otra cosa, Gonzalo; por menos no lo iba a vender.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&#8211; De otra manera no ser\u00edas hijo de nuestro padre, Luis.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lo dice con una expresi\u00f3n de muy mal disimulado alivio, y tambi\u00e9n de triunfo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&#8211; Pero tampoco voy a venderlo por este dinero, ni por todo el oro de las Indias.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la calle, bajo el sol, Luis y Lope montan otra vez en sus caballer\u00edas y con ellas enfilan\u00a0 hacia la puente; tras pasarla recorren la vereda en sombra que lleva a la casilla junto a la que comieron esta ma\u00f1ana su \u00faltimo mendrugo y su \u00faltima corteza de queso; es la misma casilla que Luis ha heredado. Al llegar, Lope se la queda mirando.<\/p>\n<ul style=\"text-align: justify;\">\n<li>Mal aparejada se la ve.<\/li>\n<li>Ma\u00f1ana vuelves a Rioseco y buscas quien la ponga en condiciones, y trae tambi\u00e9n criada. Por esta noche, pasaremos. \u00bfQueda qu\u00e9 comer?<\/li>\n<li>No.<\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por alguna raz\u00f3n, tal vez porque es poseedor de cosas, Luis se siente en este momento un verdadero amo; no le hab\u00eda ocurrido nunca antes. Y por su parte, sin darse cuenta, Lope acepta tambi\u00e9n su condici\u00f3n de criado: es m\u00e1s f\u00e1cil as\u00ed, un criado que sabe manejar a su amo puede darse buena vida.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">*<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A la ma\u00f1ana siguiente, temprano, Lope y \u00e9l van a ver el palacio. Dejan las mulas atadas a un carrasco, bajo un sol que es suave todav\u00eda. Lope parece que husmea, como los galgos; trae cara de venir de mala gana, pero en realidad esto le interesa casi m\u00e1s que a su se\u00f1or. Luis se tem\u00eda que iba a encontrarse el palacio en mal estado, pero no tanto: es la ruina que su hermano le ha descrito.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se le ha llamado siempre palacio pero viene a ser una casa fuerte algo mayor de lo normal, dividida en dos alturas con ventanas estrechas; la primera altura es de sillar, la segunda de ladrillo. El edificio tiene forma de cubo irregular, extendido por paredes de tapial que abarcan el extenso huerto y las caballerizas. La fachada sufre da\u00f1os importantes pero no est\u00e1 venida abajo, como lo est\u00e1 una buena parte de lo dem\u00e1s: las tapias y las cuadras, sobre todo, tienen grietas sucesivas que las rajan de arriba abajo, y en algunas partes est\u00e1n venidas al suelo o a punto de ello; las polvorientas zarzas se han ido extendiendo alrededor de la edificaci\u00f3n, la asfixian y la aislan del campo que la rodea; del claro camino que llegaba hasta ella s\u00f3lo queda una vereda agotada. Ahora que una nube tapa el sol por un momento, la estatura de la pesada construcci\u00f3n muerta se perfila mejor, diferenci\u00e1ndose de sus alrededores; pueden apreciarse los matices p\u00e1lidos de los ladrillos y el blanco sucio de los cantones de caliza.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Antes de poder entrar en el palacio Lope ha de acercarse al pueblo a buscar al guarda, y al rato vuelve con \u00e9l; Luis entrega al buen hombre la llave del port\u00f3n y le manda abrir. El guarda prende la yesca y enciende con ella la brea de una estaca que hay a la puerta. Despu\u00e9s de pasar por ella, los tres se encuentran con una oscuridad venenosa y sorda que huele a h\u00famedo y a cerrado. Al tiempo que los ojos se le acostumbran, Luis va pudiendo apreciar las paredes polvorientas y negras, las baldosas \u00e1speras, los rincones mohosos donde se sospechan formas de vida. Quedan algunos muebles, todos ellos echados a perder por la carcoma y el moho: son los que se dejaron atr\u00e1s durante una mudanza precipitada y ca\u00f3tica; pasan junto a tres sillas, una mesa, un brasero, los \u00faltimos hilos de una alfombra, un c\u00e1ntaro roto, una olla y muchos otros enseres inutilizados por los a\u00f1os, ajenos al mundo para el que hab\u00edan sido fabricados.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los tres hombres avanzan a trav\u00e9s de salas enfermas hasta desembocar en la claridad del lugar que busca Luis: el patio. No tiene parentesco alguno con el resto del edificio; es peque\u00f1o y est\u00e1 en el centro del palacio, invadido ahora casi hasta la asfixia por las zarzas; sin embargo, el guarda va abriendo un camino hasta donde Luis le manda: el pozo, que ocupa el centro del centro del patio; su brocal se eleva blanquecino entre el verde polvoriento de las peque\u00f1as hojas, el verde reptil del laberinto de los tallos, el brillo negro de las moras y la malignidad vegetal de las espinas. Luis se llega al pozo por la estrecha senda que ha abierto el guarda, se agacha doblando las rodillas y acaricia la superficie blanco sucio del brocal, que es de m\u00e1rmol; luego, con los dedos, con las u\u00f1as, va retirando el polvo y el barro incrustado. Por fin, despu\u00e9s de un rato en este trabajo, los cuerpos de las tres figuras vuelven a mostrarse a la luz tal y como las recordaba. Parecen amarse.\u00a0 El sol est\u00e1 ya muy alto y sobre el patio chillan los vencejos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El patio es peque\u00f1o y hermoso: dos \u00f3rdenes de arcos se superponen formando, abajo, unos delicados soportales adornados con medallas y arriba, en el segundo piso, una elegante galer\u00eda; una espl\u00e9ndida escalera comunicaba las dos estructuras.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lope y el guarda se han puesto a la sombra, bajo las arcadas italianas, mientras esperan callados a que Luis termine su ceremonia. Cuando le parece que ya puede hablar de nuevo, el criado vocacional se acerca a su amo y da un parecer que nadie le ha pedido.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&#8211; Mucho trabajo hay aqu\u00ed, amo. Y muchos dineros que gastar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Luis aparta la vista de las Gracias y se vuelve para mirar a Lope, que ha dicho eso sin mirarle ni tenerle en cuenta, pase\u00e1ndose al sol al otro lado del laberinto de las zarzas; al final detiene su paseo y se vuelve para Luis.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&#8211; Habr\u00e1 que buscar los dineros, amo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&#8211; Eso es cosa m\u00eda, ya los encontrar\u00e9.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&#8211; \u00bfD\u00f3nde, amo?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Luis no le responde. Le da la espalda y manda al guarda que los lleve al segundo piso. Remontan\u00a0\u00a0 la noble escalera de piedra ya gastada y recorren la galer\u00eda de arcos, cruzando frente a las puertas de estancias oscuras y huecas, sucias. Mientras caminan, Luis siente a su espalda el rencor de su criado.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>NOTA DEL NARRADOR. Para que esta historia aparezca tal y como est\u00e1 me he visto obligado a llevar la contraria al autor, para quien deb\u00eda ser s\u00f3lo yo quien la contase; he preferido en muchas ocasiones que lo hagan quienes la forman (y en alg\u00fan caso personas ajenas a los hechos). Para que todo quede claro, siempre especifico en may\u00fasculas qui\u00e9n dice qu\u00e9. Comienza V\u00edtor. DESPU\u00c9S 21 de agosto de 2008 V\u00cdTOR Por fin se fueron. Menos mal que han venido hoy y no ayer por la tarde; si llegan a venir no me encuentran, y si se les ocurre esperar a que yo llegara todav\u00eda peor, tal como vine. Hoy s\u00ed que me he pasado por casa nada m\u00e1s volver del trabajo pero ayer no, porque llevaba la ca\u00f1a plegable en la moto y me llegu\u00e9 al r\u00edo, a echarla un rato. Luego, a la vuelta, par\u00e9 en la gasolinera y entre unas cosas y otras no estar\u00eda aqu\u00ed antes de las once bien pasadas, que encima tard\u00e9 en cenar porque tuve que meter toda la ropa en agua con ariel; para la sangre es mejor la lej\u00eda, claro, pero a ver c\u00f3mo me iba a quedar luego el [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":52,"featured_media":1725,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"ngg_post_thumbnail":0},"categories":[76],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"http:\/\/www.subverso.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1716"}],"collection":[{"href":"http:\/\/www.subverso.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"http:\/\/www.subverso.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/www.subverso.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/52"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/www.subverso.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=1716"}],"version-history":[{"count":16,"href":"http:\/\/www.subverso.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1716\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":2168,"href":"http:\/\/www.subverso.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1716\/revisions\/2168"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/www.subverso.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/1725"}],"wp:attachment":[{"href":"http:\/\/www.subverso.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=1716"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"http:\/\/www.subverso.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=1716"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"http:\/\/www.subverso.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=1716"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}