{"id":1729,"date":"2013-05-21T09:28:02","date_gmt":"2013-05-21T09:28:02","guid":{"rendered":"http:\/\/www.subverso.es\/?p=1729"},"modified":"2013-05-22T07:47:00","modified_gmt":"2013-05-22T07:47:00","slug":"stoker-de-park-chan-wook-eeuu-reino-unido-2013","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.subverso.es\/?p=1729","title":{"rendered":"Stoker de Park Chan-wook (EEUU, Reino Unido, 2013)"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"http:\/\/www.subverso.es\/wp-content\/uploads\/2013\/05\/Imagen-22.png\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-full wp-image-1742\" alt=\"Imagen 22\" src=\"http:\/\/www.subverso.es\/wp-content\/uploads\/2013\/05\/Imagen-22.png\" width=\"293\" height=\"165\" \/><\/a> <em>Stoker<\/em> de Park Chan-wook (EEUU, Reino Unido, 2013)<br \/>\nJuan Varo Zafra<\/p>\n<p>La consideraci\u00f3n del mal en la ficci\u00f3n literaria o cinematogr\u00e1fica contempor\u00e1nea viene siendo abordado de dos modos. El primero representa el mal como un ente que amenaza el orden desde fuera, como una fuerza extra\u00f1a y desestabilizadora. El relato suele tener un desarrollo m\u00e1s o menos \u00e9pico con el enfrentamiento de las fuerzas del bien contra las del mal, saldado, generalmente, con la victoria del primero, el restablecimiento del orden y la madurez de los protagonistas involucrados en el conflicto. En el cine de terror encontramos ejemplos de este planteamiento en films como <em>Dr\u00e1cula<\/em> de Tod Browning o El exorcista de William Friedkin, por citar dos t\u00edtulos emblem\u00e1ticos. Hay tambi\u00e9n casos en los que el bien es derrotado sin que, por ello, se altere el esquema se\u00f1alado, como por ejemplo en la reciente <em>Insidious<\/em> de James Wan.<br \/>\nEn el segundo modo de abordar el problema del mal, este no adviene desde fuera sino que se revela como una presencia que siempre ha estado ah\u00ed, bajo un orden aparente que ya no puede seguir encubriendo por m\u00e1s tiempo un universo ca\u00f3tico, dominado por el dolor y la locura. El mal adopta entonces la forma de lo siniestro de Schelling, \u00abaquello que debiendo permanecer oculto ha sido revelado\u00bb. En el cine de terror, este ser\u00eda el caso de los <em>Dr\u00e1cula<\/em> y <em>Frankenstein<\/em> de Terence Fisher o <em>La semilla del diablo<\/em> de Roman Polanski. En el thriller, esta comprensi\u00f3n del mal se encarna paradigm\u00e1ticamente en <em>V\u00e9rtigo<\/em> y <em>Psicosis<\/em> de Alfred Hitchcok, en el giallo de Bava y Argento y, desde luego, en los mundos insanos e inclasificables de David Lynch.<br \/>\nStoker apuesta decididamente por esta segunda visi\u00f3n del mal a partir de algunas de las premisas m\u00e1s reconocibles del \u00abg\u00f3tico americano\u00bb: las sagas familiares decadentes, degradadas y malditas, los caserones siniestros, los secretos del pasado que regresan violentamente, la sexualidad exacerbada o reprimida, el incesto, el sadismo, la naturaleza amenazante y, simb\u00f3licamente, ensangentada; un c\u00f3ctel que se remata con una sabia relectura del Hitchcock de <em>La sombra de una duda<\/em>, con cuya trama guarda algunos puntos en com\u00fan, y <em>Psicosis<\/em>, de la que recupera citas, algunas muy sutiles, que el espectador atento sabr\u00e1 disfrutar.<br \/>\n<em>Stoker<\/em> sorprende y cautiva por la construcci\u00f3n de una historia en los m\u00e1rgenes del relato, m\u00e1s mental que f\u00edsica, sugerente y elusiva a la vez, en la que los hechos, la fantas\u00eda, el deseo y las enso\u00f1aciones se confunden, cuando el pasado se vuelca sobre un presente determinado por la fatalidad. El hecho de que toda la historia consista en un flashback enunciado subjetivamente por la protagonista dota a la trama de una ambig\u00fcedad a\u00f1adida que interroga al espectador sobre su contenido y naturaleza hasta mucho tiempo despu\u00e9s de terminada la proyecci\u00f3n.<br \/>\nPero, seguramente, la alta fuerza l\u00edrica y cruel de <em>Stoker<\/em> se encuentre as\u00ed mismo en los detalles: el prodigioso esfuerzo por determinar encuadres originales de honda fuerza emotiva; o la decoraci\u00f3n enrarecida y significante que dota a cada escenario de personalidad propia. As\u00ed, el s\u00f3tano, con su secreto, posibilita unos planos laterales bell\u00edsimos de la ni\u00f1a avanzando entre penumbras al compas de la luz oscilante, que recuerdan, en cierto modo, uno de los pasajes m\u00e1s celebrados de <em>Old Boy<\/em>, la pel\u00edcula m\u00e1s conocida, hasta la fecha, de su director; o el dormitorio de la madre, con sus plantas opresivas, m\u00f3rbidas y sofocantes, y su desesperada pintura rosa fuerte exteriorizaci\u00f3n de una pulsi\u00f3n sexual tan frustrada como poderosa. Tambi\u00e9n est\u00e1n excelentemente seleccionados y filmados los exteriores: los alrededores de s\u00f3rdido hotel donde se hospeda la t\u00eda; el parque con los columpios, que nos ofrece un nocturno de n\u00edtida vocaci\u00f3n pict\u00f3rica con unos picados extraordinarios del tobog\u00e1n y un plano estupendo en el que vemos a la ni\u00f1a montada de pie en un columpio giratorio orbitando alrededor de la cabeza de su compa\u00f1ero de instituto.<br \/>\nDel mismo modo, la m\u00fasica y el vestuario juegan un papel activo en la narraci\u00f3n: unen y separan, distinguen a unos personajes de otros, sirven como armas para mentir, da\u00f1ar o seducir, a\u00edslar, o establecer relaciones imprecisas entre los personajes. Cada uno de estos tiene una forma de vestir propia que lo caracteriza: la ni\u00f1a viste como una cu\u00e1quera salida de una pesadilla de Grant Wood; la madre (de nuevo excelente Nicole Kidman) viste como una dama decadente de fin de siglo, siempre somnolienta y perdida en sus infiernos artificiales; el t\u00edo porta un vestuario retro, suavemente estilizado, que no desentonar\u00eda en el mundo de <em>Mad Men<\/em>; los chicos del instituto llevan ropas deportivas actuales y ayudan a subrayar el extra\u00f1amiento anacr\u00f3nico de la familia Stoker.<br \/>\nTodas estos elementos coadyuvan a crear un relato enfermizo en el que Park Chan-wook elabora una po\u00e9tica del mal fascinante y perturbadora. <em>Stoker<\/em>, que no tiene ninguna relaci\u00f3n directa con Bram Stoker, el autor de <em>Dr\u00e1cula<\/em>, remite sin embargo a este por analog\u00eda, al activar vagas asociaciones en el espectador entre las que destaca la idea de que la familia, al igual que el vampirismo, es tambi\u00e9n una enfermedad de la sangre.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Stoker de Park Chan-wook (EEUU, Reino Unido, 2013) Juan Varo Zafra La consideraci\u00f3n del mal en la ficci\u00f3n literaria o cinematogr\u00e1fica contempor\u00e1nea viene siendo abordado de dos modos. El primero representa el mal como un ente que amenaza el orden desde fuera, como una fuerza extra\u00f1a y desestabilizadora. El relato suele tener un desarrollo m\u00e1s o menos \u00e9pico con el enfrentamiento de las fuerzas del bien contra las del mal, saldado, generalmente, con la victoria del primero, el restablecimiento del orden y la madurez de los protagonistas involucrados en el conflicto. En el cine de terror encontramos ejemplos de este planteamiento en films como Dr\u00e1cula de Tod Browning o El exorcista de William Friedkin, por citar dos t\u00edtulos emblem\u00e1ticos. Hay tambi\u00e9n casos en los que el bien es derrotado sin que, por ello, se altere el esquema se\u00f1alado, como por ejemplo en la reciente Insidious de James Wan. En el segundo modo de abordar el problema del mal, este no adviene desde fuera sino que se revela como una presencia que siempre ha estado ah\u00ed, bajo un orden aparente que ya no puede seguir encubriendo por m\u00e1s tiempo un universo ca\u00f3tico, dominado por el dolor y la locura. 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