{"id":1773,"date":"2013-05-21T10:52:01","date_gmt":"2013-05-21T10:52:01","guid":{"rendered":"http:\/\/www.subverso.es\/?p=1773"},"modified":"2013-05-21T10:53:02","modified_gmt":"2013-05-21T10:53:02","slug":"cajambre-de-armando-romero","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.subverso.es\/?p=1773","title":{"rendered":"Cajambre, de  Armando Romero"},"content":{"rendered":"<p><i><a href=\"http:\/\/www.subverso.es\/wp-content\/uploads\/2013\/05\/escanear0001.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft  wp-image-1774\" alt=\"escanear0001\" src=\"http:\/\/www.subverso.es\/wp-content\/uploads\/2013\/05\/escanear0001.jpg\" width=\"196\" height=\"270\" srcset=\"http:\/\/www.subverso.es\/wp-content\/uploads\/2013\/05\/escanear0001.jpg 1698w, http:\/\/www.subverso.es\/wp-content\/uploads\/2013\/05\/escanear0001-239x330.jpg 239w\" sizes=\"(max-width: 196px) 100vw, 196px\" \/><\/a>Cajambre<\/i>, de \u00a0Armando Romero, Madrid, \u00a0Dif\u00e1cil, 2012.<\/p>\n<p>Yolanda Izard<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u201cRuperta ten\u00eda que cargar con las maldiciones del demonio para justificar las bendiciones de la naturaleza. Era la ley del balance en Cajambre\u201d, escribe Armando Romero \u2013colombiano nacido en 1944, autor de m\u00e1s de diez libros, entre poemarios, libros de cuentos y novelas, y traducido a otros tantos idiomas- en su \u00faltima novela, <i>Cajambre<\/i>, editada por la vallisoletana Dif\u00e1cil con su buen gusto habitual. La elecci\u00f3n de estas frases no es casual, pues sirve de poderoso resumen de esta novela que se esfuerza \u2013y logra sobradamente- en crear un mundo total donde el ambiente, el paisaje, los personajes, la acci\u00f3n y el suspense, por no hablar del lenguaje, adquieren una excelencia dif\u00edcil de olvidar. Un cometido tan ambicioso, el de dibujar un universo donde nada sea balad\u00ed y donde todo encaje para que el lector tenga la sensaci\u00f3n de haber entrado en una geograf\u00eda m\u00edtica y distinta en la que ya no quepan r\u00e9moras de su propia realidad, solo puede realizarse con una enorme intuici\u00f3n po\u00e9tica y una carga de verdadero amor \u00a0hacia la palabra. As\u00ed, me parece, ha debido obrar Armando Romero para construir esta novela corta, tan hermosa.<\/p>\n<p>Una galer\u00eda de m\u00faltiples personajes se mueve en los alrededores de este pueblo, Cajambre, situado en plena selva del Pac\u00edfico colombiano. Idas y venidas sostenidas por los nueve d\u00edas que duran los funerales de Ruperta, una bell\u00edsima mujer negra que acaba de morir de manera accidental por el presunto disparo de uno de los m\u00faltiples admiradores que pueblan esta selva. Pero, como tambi\u00e9n indica el autor, en Cajambre nada es lo que parece y, haciendo realidad el verso de Rilke \u2013\u201cTerrible es todo \u00e1ngel\u201d-, \u201caqu\u00ed lo hermoso est\u00e1 al lado de lo terrible\u201d. El muchacho narrador, reci\u00e9n llegado a este lugar donde conviven lo primario y supersticioso de los descendientes africanos junto al mundo desarrollado e insaciable de los colonos blancos, asiste en estos nueve d\u00edas al enfrentamiento de las dos fuerzas antag\u00f3nicas de la propia naturaleza, virginal y terrible,\u00a0 \u201cla realidad m\u00edtica y aterrorizante\u201d de la selva con todas sus visiones, supersticiones y con toda su ingenuidad y su encanto, y sus prejuicios y sus obsesiones. De la mano de sus tres t\u00edos y de Mar, una joven universitaria de la que enseguida se enamorar\u00e1, ser\u00e1 formado en el conocimiento de la verdadera entra\u00f1a de esta regi\u00f3n y del peculiar modo de enfrentarse al mundo de sus habitantes, movidos tanto por la superstici\u00f3n \u2013encarnada en los brujos- como por los restos de un peculiar catolicismo, con cuya conjunci\u00f3n, viene a decir, puede accederse a la zona oculta del ser, es decir, tomando como propias las palabras de Jes\u00fas Ferrero, a esa sustancia oscura que se desliza entre la vida ordinaria.<\/p>\n<p>Con memorables audacia y carga inventiva, Armando Romero nos va llevando de unos personajes a otros, dibujados con \u00e1giles trazos y que, como en toda geograf\u00eda m\u00edtica, acaban siendo ejemplares representantes del bien o del mal, aunque al final casi se cargue hasta su propio manique\u00edsmo y sepa emplazar a las mujeres en un lugar de honor encabezado por la propia Ruperta. Pero como no hay palo que no toque en este territorio que se pretende total, no olvida Armando Romero los derechos de un pueblo explotado as\u00ed como los de sus mujeres doblemente sometidas.<\/p>\n<p>Menci\u00f3n especial merecen su riqu\u00edsimo y fluido lenguaje y la exuberancia y belleza de su l\u00e9xico, fundamentalmente referido a ese mundo abigarrado de la naturaleza a\u00fan virgen en todo su esplendor y en todo su horror. Y junto a ella, la infausta labor de los colonos blancos en los aserraderos o \u201caserr\u00edos\u201d, una vez agotado el oro de los enormes y oscuros r\u00edos. Un universo de insectos, de plantas, de \u00e1rboles, de manglares rojos: \u201cla corte magistral de insectos fascinantes en lo horrible de su ser\u201d, las cucarachas \u201cvolando como aeroplanos sobrecargados prestos a caer en tierra\u201d, los escarabajos gigantes \u201cque ru\u00f1\u00edan la madera\u201d, las ara\u00f1as enormes tan veneradas y respetadas y los insectos \u201cque hac\u00edan silencio a medida que pas\u00e1bamos a su lado, como una reverencia\u201d. Y toda una galer\u00eda de seres fant\u00e1sticos, merecedores de habitar en <i>El libro de los seres imaginarios<\/i> de Borges: el ribiel, \u201cbicho maravilloso, mezcla de luz y de ser fant\u00e1stico que te chupa el cerebro\u201d, la tunduragua, \u201cvisi\u00f3n que si uno se descuida lo mata y se le come le coraz\u00f3n\u201d,\u00a0 la tunda, \u201cuna mujer bella y mala con un pie de mujer y otro de molinillo\u201d; por no hablar de la m\u00fasica y de los instrumentos musicales, tan presentes en los funerales de Ruperta, descritos con una sabia mezcla de poes\u00eda y de prosa hipn\u00f3tica: \u201clos <i>alabaos<\/i>, c\u00e1nticos religiosos f\u00fanebres de hermosa y dolorosa cadencia que acompa\u00f1an las sombras de los muertos\u201d, semejantes a un quejido, a un pla\u00f1ido sinuoso. Pero sobre todo ello resplandece su amor a la naturaleza, simbolizado parad\u00f3jicamente en esos \u00e1rboles prestos a ser olvido en los aserr\u00edos: \u201cA los \u00e1rboles hay que quererlos como se quiere a los animales, a las gallinas o a los puercos\u201d: el t\u00e1ngare y el peinemono, el chachajo y el cedro, el roble y el guayac\u00e1n\u2026 que, como se\u00f1ala el narrador, \u201cven\u00edan a mis o\u00eddos con toda su m\u00fasica\u201d.<\/p>\n<p>Lo amable, sin embargo, predomina en esta novela que se compadece y perdona a casi todos sus personajes. M\u00e1s all\u00e1 del realismo, con la potencia de su prosa magistral, <i>Cajambre<\/i> consigue capturar los matices de un territorio maravilloso, donde seguro que la mente del lector habitar\u00e1 por un tiempo memorable, secuestrado por su terrible belleza.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cajambre, de \u00a0Armando Romero, Madrid, \u00a0Dif\u00e1cil, 2012. Yolanda Izard &nbsp; \u201cRuperta ten\u00eda que cargar con las maldiciones del demonio para justificar las bendiciones de la naturaleza. Era la ley del balance en Cajambre\u201d, escribe Armando Romero \u2013colombiano nacido en 1944, autor de m\u00e1s de diez libros, entre poemarios, libros de cuentos y novelas, y traducido a otros tantos idiomas- en su \u00faltima novela, Cajambre, editada por la vallisoletana Dif\u00e1cil con su buen gusto habitual. La elecci\u00f3n de estas frases no es casual, pues sirve de poderoso resumen de esta novela que se esfuerza \u2013y logra sobradamente- en crear un mundo total donde el ambiente, el paisaje, los personajes, la acci\u00f3n y el suspense, por no hablar del lenguaje, adquieren una excelencia dif\u00edcil de olvidar. Un cometido tan ambicioso, el de dibujar un universo donde nada sea balad\u00ed y donde todo encaje para que el lector tenga la sensaci\u00f3n de haber entrado en una geograf\u00eda m\u00edtica y distinta en la que ya no quepan r\u00e9moras de su propia realidad, solo puede realizarse con una enorme intuici\u00f3n po\u00e9tica y una carga de verdadero amor \u00a0hacia la palabra. As\u00ed, me parece, ha debido obrar Armando Romero para construir esta novela corta, tan hermosa. [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":19,"featured_media":1774,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"ngg_post_thumbnail":0},"categories":[61,60],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"http:\/\/www.subverso.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1773"}],"collection":[{"href":"http:\/\/www.subverso.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"http:\/\/www.subverso.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/www.subverso.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/19"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/www.subverso.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=1773"}],"version-history":[{"count":3,"href":"http:\/\/www.subverso.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1773\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":1784,"href":"http:\/\/www.subverso.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1773\/revisions\/1784"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/www.subverso.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/1774"}],"wp:attachment":[{"href":"http:\/\/www.subverso.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=1773"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"http:\/\/www.subverso.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=1773"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"http:\/\/www.subverso.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=1773"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}