{"id":2546,"date":"2013-11-04T17:53:33","date_gmt":"2013-11-04T17:53:33","guid":{"rendered":"http:\/\/www.subverso.es\/?p=2546"},"modified":"2014-05-23T20:11:55","modified_gmt":"2014-05-23T20:11:55","slug":"interior-azul-de-anna-r-ximenos","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.subverso.es\/?p=2546","title":{"rendered":"INTERIOR AZUL, DE ANNA R. XIMENOS (FONDO DE CULTURA ECON\u00d3MICA, 2012)"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: left\" align=\"center\"><b><i>Interior azul <\/i><\/b><b>de Anna R. Ximenos. <\/b><b>Fondo de Cultura Econ\u00f3mica, 2012. <\/b><b>Finalista del Premio Setenil 2013.<\/b><\/p>\n<p>\u00a0\u00a0<a href=\"http:\/\/www.subverso.es\/wp-content\/uploads\/2013\/11\/untitled.png\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-full wp-image-2548\" alt=\"untitled\" src=\"http:\/\/www.subverso.es\/wp-content\/uploads\/2013\/11\/untitled.png\" width=\"240\" height=\"165\" \/><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: right\"><em>L\u2019art c\u2019est l\u2019azur<\/em> (Victor Hugo)<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Con su \u00f3pera prima, Anna R. Ximenos (Barcelona, 1972) ha levantado los cimientos de una habitaci\u00f3n y una voz propia habitada por mujeres representativas de la historia, la filosof\u00eda y la literatura moderna y contempor\u00e1nea (Anna Ajm\u00e1tova, Hannah Arendt, Katherine Mansfield, Marguerite Duras, Marguerite Yourcenar, Dorothy Parker, Mary Wollstencraft, Jane Bowles, Virginia Woolf, Mary Shelley, Isak Dinesen, Carson McCullers, Colette, Anne Sexton y Anna Freud). Solo una aparece como figura enigm\u00e1tica, Linda Campbell, creaci\u00f3n de la propia escritora.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">La cuidada arquitectura del libro remite a la t\u00e9cnica del cortometraje, pero las historias no son totalmente aut\u00f3nomas. Algunas de las protagonistas pasan de un relato a otro, propiciando un di\u00e1logo intertextual entre las voces de estas mujeres que se han le\u00eddo entre s\u00ed y que se han planteado, a veces, cuestiones similares. Colette cuenta que su madre era una apasionada lectora de Mary Wollstonecraft (p. 54), te\u00f3rica pionera de los derechos de las mujeres, quien protagoniza el quinto relato y reaparece en las primeras\u00a0 palabras del relato sobre Mary Shelley, su hija: \u201cMe llamo Mary, igual que mi madre. Muri\u00f3 joven, diez d\u00edas despu\u00e9s de darme a luz\u201d (p. 61). Linda Campbell se nos presenta tumbada en la cama de su habitaci\u00f3n, leyendo\u00a0 <i>Memorias de \u00c1frica, <\/i>de Isak Dinesen, para despu\u00e9s lanzarse a recorrer con su motocicleta las tierras tinerfe\u00f1as, en una persecuci\u00f3n\/b\u00fasqueda imaginaria de la escritora que no es, y que no ser\u00e1, tal vez, jam\u00e1s. El texto anterior est\u00e1 centrado, precisamente, en la autora danesa Karen Blixen, que tuvo que adoptar un nombre masculino \u2013Isak Dinesen- para poder vender sus libros. Por su parte, Marguerite Yourcenar rememora el primer viaje que realiz\u00f3 con su amada, Grace, cuando tradujo a Carson McCullers, personaje de la que se nos ha narrado previamente un retazo de su adolescencia. Por \u00faltimo, una tuberculosa Katherine Mansfield lamenta no contar con el apoyo que tuvo Virginia Woolf \u2013que ocupa el pen\u00faltimo relato- al lado de su pareja, Leonard.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">La obra est\u00e1 compuesta por diecis\u00e9is relatos breves que responden a un meticuloso ejercicio de s\u00edntesis. Ello se aprecia en la capacidad de la autora al haber seleccionado 16 voces femeninas de entre la ampl\u00edsima n\u00f3mina que nos ofrece la historiograf\u00eda, as\u00ed como en el logro de una escritura pulcra, sugestiva y eficaz. En apenas cinco o seis p\u00e1ginas, la narradora consigue desplegar un escenario, una \u00e9poca, una historia, un conflicto y un estilo personal que se ajusta al momento clave que apresa cada relato. El tono es contenido y sobrio, incluso en historias tan escalofriantes como la de la fil\u00f3sofa jud\u00eda Hanna Arendt, que protegi\u00f3 a uno de los grandes pensadores del siglo XX a pesar de la vinculaci\u00f3n pasada de \u00e9ste con el nazismo: \u201cEl hombre que la hab\u00eda mantenido en vilo toda su vida. Su \u00fanico, su loco, su desesperado amor [\u2026] Hanna Arendt, la jud\u00eda mundialmente famosa por desafiar al pueblo alem\u00e1n; la que hab\u00eda descubierto los or\u00edgenes del totalitarismo y la banalidad del mal, la primera que se atrevi\u00f3 a equiparar nazismo y comunismo, ayudar\u00eda en todo lo que podr\u00eda a Martin Heidegger\u201d (pp. 144-146). Historias amargas y vivas, por donde se desliza, en ocasiones, un incisivo humor. As\u00ed sucede cuando Shelley consigue ense\u00f1ar a un maravilloso loro a insultar a su madrastra, Clairmont: \u201c\u2212Maa-rraa-naaa. Bien claro. Sin ninguna vacilaci\u00f3n. Me ha costado mucho ense\u00f1arle\u201d (p. 63), subraya con gozo la joven Mary. O en la escena protagonizada por Dorothy Parker, cuya lengua afilada debi\u00f3 causar estragos en la sociedad norteamericana de los felices a\u00f1os 20: \u201c\u00bfQu\u00e9 vas a por <i>gin-tonics?, <\/i>para m\u00ed uno bien cargado. No tardes, tesoro [\u2026] Chin, chin. Vaya, perdona. No quer\u00eda mancharte, ya sabes qu\u00e9 me pasa cuando bebo. Es lo que tiene la ley seca, que nos ha vuelto alcoh\u00f3licos a todos\u201d (p. 81). Y el mundo de los sentidos se abre magistralmente en episodios como el de una Jane Bowles en T\u00e1nger, donde se entremezclan aromas de especias \u00e1rabes y sabores marroqu\u00edes -cusc\u00fas, tomate, cebolla, pollo y cordero, aguardiente tibio de manzana- \u00a0en un amor envenenado que acaba devorando tanto a Jane como a su amante, Cherifa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Todos los relatos est\u00e1n precedidos de un breve p\u00f3rtico en el que Ximenos perfila unas singulares coordenadas sobre cada mujer, sobre cada espacio en el que vamos a penetrar. Cada uno de esos lugares \u00edntimos est\u00e1 poblado de voces quebradas por la soledad, el silencio, el miedo o la transgresi\u00f3n. El resultado final es un hermoso y tr\u00e1gico mosaico en el que la necesidad de la escritura es, en definitiva, la urdimbre que da unidad a esa multitud de hebras, de vidas aparentemente deshilachadas. En estas mujeres la palabra aparece como b\u00fasqueda desesperada, no ya de la felicidad o de la plenitud vital, sino m\u00e1s bien de la supervivencia. El miedo al silencio es, quiz\u00e1s, la constante que une las mentes y sensibilidades de este corpus de mujeres pertenecientes a lugares, circunstancias y \u00e9pocas distintas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Las palabras de Anna Ajm\u00e1tova tienen un valor semejante al de ese \u201ccorte de pan tan bonito\u201d con el que sue\u00f1a, hambriento, su hijo, desde el campo de concentraci\u00f3n en Siberia al que ha sido deportado por haber escuchado un poema sat\u00edrico contra Stalin. \u201cPor favor, escr\u00edbeme, madre\u201d, le suplica Lev. Anne Sexton es estimulada por su psiquiatra a escribir poes\u00eda como parte de una extra\u00f1a terapia. Linda Campbell desea vivir otra vida, digna de ser contada, pero como nunca pasa nada, \u201cse encierra en su habitaci\u00f3n y agarra un libro. Y lee lo que no vive. Y vive lo que no escribe\u201d. A Carson Mc Cullers la echa de casa su profesora de piano, celosa por el deseo que ha despertado en su marido. Y Carson se lleva consigo a Sombra, el gato, al que le susurra, susurr\u00e1ndose a s\u00ed misma: \u201cNo tengas miedo\u201d \u201cNo tengas nunca miedo\u201d. Colette, casada con Willy, asume que sus obras lleven el nombre de su marido, pero se reafirma en esa \u201clucha constante con las palabras para hacerles decir lo que de otro modo permanecer\u00eda oculto\u201d. \u201cToda mi vida \u2013afirma el personaje\u2212 en esa necesidad imperiosa de nutrirme de ellas sorteando el silencio. Con miedo, s\u00ed, con el terror no reconocido a que dentro de unos a\u00f1os un d\u00eda me levante y todos mis libros sean las p\u00e1ginas blancas de pap\u00e1 o est\u00e9n firmados solo por Willy [\u2026] El miedo a emparedar mi vida entre dos falsos escritores. El miedo a no vivirla\u201d (pp. 57-58). Isak Dinesen, tras un matrimonio forzado y fallido, no cesa de contar historias a su amante, el aviador Denys, que muere en un accidente, sumi\u00e9ndola definitivamente en el vac\u00edo: \u201cA m\u00ed ya no me queda nada. Excepto mis historias. O quiz\u00e1 ni eso\u201d, sentencia finalmente (p. 88). Mientras Katherine Mansfield, enferma de tuberculosis, \u2212buscando la sanaci\u00f3n en una comunidad esot\u00e9rica\u2212 desatiende las normas del gur\u00fa Gurdjieff y acaba rogando que le traigan \u201cpapel y l\u00e1pices\u201d porque quiere \u201cescribirlo todo\u201d, todo lo que hab\u00eda vivido en ese lugar (p. 105).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Inevitable es reparar en el simbolismo del color azul, que lleg\u00f3 al siglo XX a trav\u00e9s de la literatura rom\u00e1ntica, aunque Rub\u00e9n Dar\u00edo desminti\u00f3 que el t\u00edtulo de su famoso <i>Azul <\/i>(1888)<i> <\/i>remitiera a la sentencia de Hugo (\u201cel azul era para m\u00ed el color del ensue\u00f1o, el color del arte, un color hel\u00e9nico y hom\u00e9rico, color oce\u00e1nico y fundamental\u201d, escribi\u00f3 el poeta nicarag\u00fcense). Chevalier, en su <i>Diccionario de s\u00edmbolos<\/i> apuntar\u00eda que el azul \u201ces el camino de lo indefinido, donde lo real se transforma en imaginario\u201d.\u00a0 El interior del libro de Anna R. Ximenos es azul, y ese color, el color de lo inefable, del ensue\u00f1o, de lo indefinido, transita sutilmente por cada una de las fugaces historias. El azul tendr\u00e1 distintas tonalidades, de acuerdo a una obra arm\u00f3nica en la que se funden acordes diversos. Es el color del <i>miedo, <\/i>del terror<i> <\/i>intangible<i>. <\/i>As\u00ed, Ajm\u00e1tova, siente como se cierne la amenaza sobre ella en \u201cel temblor de sus cortinas <i>azules<\/i>\u201d<i> <\/i>(p. 14). La c\u00e9lebre feminista Mary Wollstencraft logra dar un nombre a su hija cuando el dolor del cord\u00f3n umbilical <i>azul <\/i>deja de aflojar la garganta de la ni\u00f1a, a punto de nacer (p. 50); entonces, \u201crota de dulzura\u201d logra decir: \u201cMary. Te llamas Mary, como yo\u201d. Marguerite Duras, presa de un irrefrenable odio a la juventud de su amante, Yann, llena una y otra vez su copa, mientras contempla el mar; pero su mar es negro, \u201cporque el <i>azul, <\/i>en Marguerite, siempre es negro\u201d (p. 33). Es el color de la <i>muerte<\/i> en Virgina Woolf, quien, enloquecida por las ensordecedoras voces que oye sin cesar, se arroja\u00a0 \u201cal <i>azul <\/i>voraz del r\u00edo Ouse, un <i>azul <\/i>hipn\u00f3tico al que no puede resistirse\u201d (p. 131). Y tambi\u00e9n en Dorothy Parker, quien, sumida en una de sus habituales borracheras, juega en la fiesta a imaginar la muerte de Susan: \u201cEsa ni\u00f1a eres t\u00fa. El conductor del autocar, despistado por el conejo gigante, te atropella. Vuelas, s\u00ed, vuelas por los aires. Al fin puedes lucir la bonita ropa interior <i>azul<\/i> que mam\u00e1 te compra por si tienes un accidente. L\u00e1stima haber muerto en \u00e9l\u201d (p. 81). Es el color de la <i>enfermedad <\/i>y del <i>patetismo<\/i> en el relato protagonizado por Margarite Yourcenar, que aparece al cuidado de su pareja Grace, enferma de c\u00e1ncer debati\u00e9ndose entre ponerse o no su absurda \u201cpeluca de pl\u00e1stico <i>azul<\/i>\u201d (p. 119).\u00a0 El azul es el color de la misteriosa y destructiva <i>atracci\u00f3n<\/i> que Jane Bowles siente por su criada Cherifa, due\u00f1a de unos \u201cendemoniados ojos <i>azules<\/i>\u201d (p. 23). Pero el azul tambi\u00e9n encarna la <i>liberaci\u00f3n<\/i> que invade a la norteamericana Anne Sexton, cuando, en la sala de espera de su psiquiatra, mira por la ventana \u201cdos <i>azules <\/i>de intensidad distinta, el del cielo y el del mar [\u2026] \u201cParedes blancas. Una ventana abierta. <i>Azul. <\/i>Los ojos del doctor O. mir\u00e1ndola\u201d (p. 37)<i>. <\/i>Del mismo modo, Mary Shelley siente el j\u00fabilo de la libertad cuando una explosi\u00f3n en la cocina de la viuda Clairmont abre el techo de la casa, y al fin puede vislumbrar \u201cun hermos\u00edsimo cielo <i>azul <\/i>cobalto palpitante de estrellas. Esto es la belleza\u201d (p. 64). Pero tambi\u00e9n es un color que ti\u00f1e y subraya objetos esenciales en la vida de alguna de estas mujeres. As\u00ed, Colette se fijar\u00e1 en \u201cun tintero de tinta <i>azul<\/i>\u201d que reposa en el escritorio de su padre, la misma tinta con la que \u00e9ste escribi\u00f3 s\u00f3lo una dedicatoria, dejando cientos de p\u00e1ginas en blanco (p. 57). Anna Freud luce un \u201cvestido <i>azul<\/i>\u201d (p. 70) mientras se deja psicoanalizar por su padre. Hanna Arendt viste un \u201cjersey <i>azul<\/i>\u201d (pp. 135-137) el d\u00eda en que el profesor Heidegger fija su mirada en ella en el aula; el mismo jersey con el que se cubre la ma\u00f1ana en que abandona el lecho del maestro. Tambi\u00e9n la historia de Linda Campbell est\u00e1 indisolublemente unida a la de su <i>Vespa<\/i> <i>azul, <\/i>con la que huye, busca aventuras excitantes y coquetea con el riesgo. Y azul es el collar del cascabel del gato que Carson McCullers deja \u201csobre la tapa del piano\u201d al abandonar su inocencia en la casa de su profesora de piano (p. 114). Pero tambi\u00e9n el <i>azul <\/i>adquiere propiedades metaf\u00edsicas, de acuerdo al car\u00e1cter inefable que tradicionalmente se le ha atribuido. Isak Dinesen, en su primera \u00e9poca, casada forzosamente con el bar\u00f3n Bror, compara su mundo con el de una \u201cburbuja <i>azul<\/i>\u201d, \u201cUna burbuja hinchada que termin\u00f3 por reventar nuestro matrimonio\u201d (p. 87). Por \u00faltimo, Katherine Mansfield, asiste a una revelaci\u00f3n vital y literaria, cuando, en uno de sus accesos de tos tuberculosa \u201cuna mariposa <i>azul <\/i>celeste le hizo un gui\u00f1o desde el fondo de su conciencia\u201d (p. 103).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\" align=\"right\">Inmaculada Rodr\u00edguez-Moranta<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\" align=\"right\">(Universidad Rovira i Virgili)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Interior azul de Anna R. Ximenos. Fondo de Cultura Econ\u00f3mica, 2012. Finalista del Premio Setenil 2013. \u00a0\u00a0 L\u2019art c\u2019est l\u2019azur (Victor Hugo) \u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Con su \u00f3pera prima, Anna R. 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