{"id":2571,"date":"2013-11-07T23:01:51","date_gmt":"2013-11-07T23:01:51","guid":{"rendered":"http:\/\/www.subverso.es\/?p=2571"},"modified":"2013-11-07T23:06:16","modified_gmt":"2013-11-07T23:06:16","slug":"nobody-de-marta-lopez-luaces","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.subverso.es\/?p=2571","title":{"rendered":"Nobody, de Marta L\u00f3pez-Luaces"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"http:\/\/www.subverso.es\/wp-content\/uploads\/2013\/11\/ent32.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-full wp-image-2574\" alt=\"ent3\" src=\"http:\/\/www.subverso.es\/wp-content\/uploads\/2013\/11\/ent32.jpg\" width=\"180\" height=\"225\" \/><\/a>Aunque no me conoc\u00edan ni me esperaban, cuando llegu\u00e9 no tuve que insistir mucho: los vecinos del lugar quer\u00edan contarme la historia con una cierta urgencia que se les notaba en la ansiedad de la voz. S\u00f3lo despu\u00e9s advert\u00ed que tem\u00edan llegar a olvidarla de un momento a otro. Varias veces me preguntaron qui\u00e9n era, quer\u00edan saber si era un polic\u00eda, y cuando les dec\u00eda que no,\u00a0 parec\u00edan, aunque s\u00f3lo por un breve momento, bastante desconcertados. El deseo de que un d\u00eda volviese o que alguien la encontrara y la trajera tambi\u00e9n les hac\u00eda creer que algunos agentes de polic\u00eda continuaban en el caso y la segu\u00edan buscando. Luego, ya despu\u00e9s de haber escuchado mi negativa, y como si de repente se dieran cuenta que eso no era tan importante, continuaban su historia. Insist\u00edan en que tomara apuntes, como si temieran que yo tambi\u00e9n fuera a olvidar lo que\u00a0 iban a\u00a0 contarme. Solo despu\u00e9s mientras rescrib\u00eda los apuntes de lo que me hab\u00edan contado me di cuenta de las contradicciones y de las grandes lagunas que hab\u00eda en su relato. Si bien es cierto que eso pod\u00eda deberse siquiera en parte a que, siempre, se estaban interrumpiendo unos a otros. No quiero aburrirte indic\u00e1ndote cada una de las interrupciones o contradicciones, aunque creo que ser\u00e1n lo bastante obvias.<\/p>\n<p>S\u00f3lo ahora entiendo que, sin saberlo, lo que buscaban era un archivista, alguien que registrara lo ocurrido ya que as\u00ed, pensaban, quedar\u00eda alg\u00fan testimonio de su existencia, de su historia. S\u00f3lo ahora s\u00e9 que ten\u00edan raz\u00f3n. Si te est\u00e1s preguntando por qu\u00e9 no lo hac\u00edan ellos mismos, porque no escrib\u00edan cada uno su historia, la \u00fanica respuesta que se me ocurre es que necesitaban alguien de afuera, alguien que no la hubiese conocido, para que fuera capaz de traducirla a un informe, a un r\u00e9cord. La misma inquietud de ellos es la que ahora me lleva a m\u00ed, a escribir esto, para que su presencia perviva de alg\u00fan modo. Porque aunque estoy seguro de la imagen de su rostro&#8230;,\u00a0 a veces, de noche, cuando cierro los ojos, siento, s\u00f3lo por un instante que no voy a poder volver a reconstruirla en mi imaginaci\u00f3n, que su imagen poco a poco se va desvaneciendo detr\u00e1s del recuerdo que dejan las palabras.<\/p>\n<p>Los due\u00f1os del caf\u00e9 al que llegu\u00e9, Joshua y su esposa Mar\u00eda, me invitaron a sentarme en una de las mesitas cuadradas frente a varias otras en la que los viejos juegan al parch\u00eds todas las tardes para matar el tiempo. No s\u00e9 c\u00f3mo se corri\u00f3 por todo el barrio la voz de que yo hab\u00eda llegado, pero poco a poco el lugar se fue llenando de mujeres, ni\u00f1os y hombres de todas las edades. Todos escuchaban con atenci\u00f3n al due\u00f1o del bar, muy pendientes de corregirlo cuando les parec\u00eda que se equivocaba o que omit\u00eda algo.<\/p>\n<p>As\u00ed fue que la gente me cont\u00f3, que a pesar de su edad \u2013que seg\u00fan algunos deb\u00eda de estar rayando los treinta, y seg\u00fan otros que rayaba los cuarenta&#8212; cuando lleg\u00f3 por primera vez al vecindario, ella, a\u00fan no se hab\u00eda impregnado del olor de un hombre. Las empleadas del negocio en el que trabajar\u00eda m\u00e1s tarde me contaron que cuando lleg\u00f3 se sent\u00f3 en aquel banco de madera que se encuentra, hasta hoy, en la entrada del negocio. Ah\u00ed, sentada en ese banco de brazos labrados con las caras de animales monstruosos y socarrones, en el que s\u00f3lo el\u00a0 almohadillado azul y terracota de la base y del respaldo brindaba alguna comodidad, esper\u00f3, no se sabe cu\u00e1ntas horas. Lo extra\u00f1o es que los dos buldogs que siempre, a\u00fan hoy, advierten con sus ladridos al propietario de la llegada de los clientes para luego, una vez hecho su trabajo, recibir la recompensa, ese d\u00eda no ladraron. Se sentaron a un lado y esperaron con ella. Fue por eso que nadie descubri\u00f3 su presencia hasta que ya hab\u00eda oscurecido. Alguien, ya nadie recordaba qui\u00e9n, &#8212;aunque varias de las mujeres empezaron a discutir entre ellas, algunas diciendo que hab\u00eda sido un cliente\u00a0 y otras asegurando que no, que hab\u00eda sido una de las antiguas que trabajaban en el lugar&#8212; le hab\u00edan preguntado si no estaba inc\u00f3moda, si necesitaba o esperaba a alguien. Yo me imagino que su respuesta fue una leve sonrisa o que, tal vez, habl\u00f3 por primera vez. Mas por lo que me dijeron fue como si de repente hubiese cobrado vida, como si\u00a0 s\u00f3lo entonces hubiese podido llevar a cabo una decisi\u00f3n tomada ya hac\u00eda tiempo. Recogi\u00f3 su bolso negro, se levant\u00f3, fue al despacho y all\u00ed le pidi\u00f3 al encargado, &#8212;un tal Jes\u00fas&#8212;- que la dejara empezar a trabajar esa misma noche.<\/p>\n<p>Al llegar a este punto del relato Jes\u00fas, con unos cuantos empujones y alg\u00fan gru\u00f1ido pudo separar a la gente y hacerse camino hasta llegar a m\u00ed. Entonces, de pronto, como si entendiese que s\u00f3lo Jes\u00fas pod\u00eda seguir cont\u00e1ndome la historia, Joshua se hizo a un lado y le dej\u00f3 su asiento, para que \u00e9l continuara. Despu\u00e9s de sentarse a mi lado comenz\u00f3 a explicarme por qu\u00e9 aquello le hab\u00eda sorprendido. Por lo general, las mujeres que llegaban a su establecimiento ven\u00edan recomendadas por otras mujeres, o \u00e9l ya las conoc\u00eda, o bien porque eran del barrio o bien por asuntos de negocios. Sin embargo, a \u00e9sta nunca nadie la hab\u00eda visto antes. \u00c9l, entonces, le pregunt\u00f3 cu\u00e1l era su nombre, a lo cual ella contest\u00f3 que no ten\u00eda ninguno. Parece ser que por un breve momento los sorprendi\u00f3, y ya no s\u00f3lo a las empleadas del lugar, sino tambi\u00e9n a los clientes, que a esas horas empezaban a llegar, y como\u00a0 les dio curiosidad, comenzaron a hacer un c\u00edrculo alrededor de ella. Algunos se sentaron en el suelo, mientras que otros se apoyaron en el marco de la puerta del despacho, o contra la pared. Por \u00faltimo, hubo uno que incluso trat\u00f3 de\u00a0 sentarse en el escritorio, cosa que enfureci\u00f3 tanto a Jesus que lo ech\u00f3 del establecimiento.<\/p>\n<p>Jes\u00fas me confes\u00f3 que al principio \u00e9l no entend\u00eda por qu\u00e9 se estaba armando semejante barullo. M\u00e1s bien, pens\u00f3 \u00e9l, la muchacha no era muy inteligente, por no decir\u00a0 que era tonta; si no quer\u00eda dar su nombre para que la familia no se enterara, pues muy bien, pero que hiciera como las dem\u00e1s y se inventara uno. Despu\u00e9s de dar algunos gritos y poner orden, parece que Jes\u00fas le volvi\u00f3 a repetir la pregunta, aun cuando sab\u00eda que iba a obtener la misma respuesta. El mismo le tuvo que sugerir que se inventara un nombre. Ella, parece que lo mir\u00f3 algo confundida, sin entender la importancia de un nombre. Entonces \u00e9l, le volvi\u00f3 a insistir en que dijera alguno, cualquiera, no importaba cu\u00e1l,\u00a0 total para lo que se requer\u00eda no importaba mucho, pero de todos modos, s\u00ed se necesitaba uno. Esa, aunque probablemente nunca nadie lo hab\u00eda pensando antes, era una de las reglas del lugar. Pero ella continu\u00f3 en su silencio. Su actitud termin\u00f3 por desesperarlo, y Jes\u00fas comenz\u00f3 a decir nombres, Mar\u00eda, Jesusa, Pilar&#8230; y sabe Dios cu\u00e1ntos otros, pero ella no manifest\u00f3 ninguna\u00a0 preferencia, lo que lo irrit\u00f3 todav\u00eda m\u00e1s. Y ya algo m\u00e1s que molesto le dijo que qui\u00e9n se cre\u00eda que era, que aqu\u00ed, ella, igual que el resto, no era nadie. Ella le sac\u00f3 el l\u00e1piz de las manos y escribi\u00f3 lo que ser\u00eda, desde entonces, su nombre.<\/p>\n<p>Esa misma noche escogi\u00f3 su cuarto, el m\u00e1s peque\u00f1o; en cierto modo, si no fuera por la situaci\u00f3n, se dir\u00eda el m\u00e1s humilde. Las paredes estaban desnudas de cualquier ornamento o decoraci\u00f3n. S\u00f3lo hab\u00eda all\u00ed una cama doble ya vieja, una mesita de noche con un caj\u00f3n desfondado, y una ventana peque\u00f1a y medio tapada por unas rejas blancas. Aquella fue, desde entonces, la habitaci\u00f3n de Nadie.<\/p>\n<p>En un principio se crey\u00f3 que su \u00e9xito se deb\u00eda a la novedad. Tambi\u00e9n, en secreto, se le reconoc\u00eda su hermosura, aun cuando nadie sab\u00eda qu\u00e9 era lo que la hac\u00eda tan hermosa. Por lo que me dir\u00edan m\u00e1s tarde, todas sus facciones, sus ademanes, las formas de su cuerpo eran muy comunes, aunque, a decir verdad, los hombres al intentar describirla, todav\u00eda hoy, se quedan algo perplejos. Cuando se les pregunta por su edad, algunos dicen que ten\u00eda alrededor de veinte a\u00f1os, otros treinta mientras otros aseguran que deb\u00eda de tener cerca de cincuenta. Mientras que algunos aun se regocijan recordando su silueta estrecha y delicada, y sus peque\u00f1os senos de adolescente, otros se deleitan en describir los excesos de su cuerpo. Por eso, tal vez, fue que algunos empezaron a decir que practicaba la brujer\u00eda, si bien eso no fue un obst\u00e1culo para que su fama creciera por toda la ciudad. Al contrario, tal vez fue eso mismo, probablemente, lo que ayud\u00f3 a que su popularidad aumentara. Las colas frente al establecimiento empezaron a crecer. Los hombres y seg\u00fan las\u00a0 malas lenguas, tambien algunas mujeres, ven\u00edan de diferentes partes de la ciudad, hasta de las m\u00e1s lejanas, y esperaban horas para hacer el amor con Nadie.<\/p>\n<p>Todo esto, por supuesto, con el tiempo termin\u00f3 por traer algunos problemas. Por lo que me cuentan, algunos vecinos comenzaron a protestar por la bulla y el esc\u00e1ndalo que hac\u00edan los hombres en la espera, que los gritos de los borrachos segu\u00edan hasta las tantas de la madrugada, que los ni\u00f1os no deb\u00edan estar expuestos a aquello&#8230; Y sin embargo, los comerciantes nunca hab\u00edan visto tanta prosperidad como entonces. Los beneficios del hambre y la sed que Nadie produc\u00eda les hab\u00edan asegurado una vejez sin muchas preocupaciones.<\/p>\n<p>Mientras tanto, el barrio se llen\u00f3 de pastores, reverendos, ministros y predicadores de todas las denominaciones posibles. Hab\u00edan encontrado su para\u00edso infernal. Las iglesias y los templos, ya prominentes con anterioridad, brotaron como hongos por todo el vecindario. Por supuesto, como ya te podr\u00e1s imaginar, era por la noche cuando el barrio cobraba vida. Se abrieron discotecas con el nombre de ella, que se llenaban todas las noches con clientes que no hab\u00edan podido entrar en su cuarto. Los bares, las bodegas y las tiendas se llenaban de gente deseando apagar su sed, los predicadores se pon\u00edan en todas las esquinas y hablaban sin parar, mientras que los m\u00fasicos de todo tipo &#8211;trompetistas, congueros, guitarristas, flautistas y violinistas&#8211; les hac\u00edan la competencia. Pronto, los vendedores ambulantes se sumaron a ellos, vendiendo desde chocolatinas hasta condones. Nadie estaba ausente de todo esto.<\/p>\n<p>Y as\u00ed sigui\u00f3 por un par de a\u00f1os hasta que un d\u00eda, no se sabe qui\u00e9n, comenz\u00f3 el rumor de que Nadie se iba del barrio. Aqu\u00ed todos empezaron a discutir, acusando a uno u a otro. Aunque la verdad es que no se sab\u00eda a ciencia cierta qui\u00e9n hab\u00eda sido el que lo hab\u00eda empezado. Con todo, se propag\u00f3 tan r\u00e1pido que los tom\u00f3 a todos por sorpresa. Nadie se iba del vecindario. La gente empez\u00f3 a desesperar. Por el modo en que me contaron lo ocurrido, ya todos hab\u00edan sospechado que, tarde o temprano, eso iba a tener que suceder &#8211;siempre se hab\u00eda murmurado entre ellos que Nadie se ir\u00eda un d\u00eda. No obstante, cuando alguien anunci\u00f3 su partida, en el ambiente se comenz\u00f3 a sentir la tensi\u00f3n. Las colas se hicieron m\u00e1s largas de lo normal, el alcohol se comenz\u00f3 a vender en mayores cantidades, y aunque varios, desde Jes\u00fas hasta el jefe de la polic\u00eda, intentaron desmentir las habladur\u00edas, alguien segu\u00eda propag\u00e1ndolas y la desesperaci\u00f3n crec\u00eda. Algunos comenzaron a romper los cristales de los carros y las casas, otros a pegarles a los ministros, curas y\u00a0 pastores, otros aun a robar en las tiendas. El consumo de drogas aument\u00f3. Como respuesta, los ministros, curas y pastores a\u00f1adieron m\u00e1s adjetivos intimidatorios a sus sermones, los comerciantes vompraron armas para defenderse, los viejos del barrio intentaron patrullar las calles a pie o en carro. De nada sirvi\u00f3. Los suicidios se hicieron m\u00e1s frecuentes, el m\u00e9todo preferido, por alguna raz\u00f3n desconocida, era lanzarse desde los techos de los edificios con los brazos abiertos. Los asesinatos aumentaron de tal manera que las funerarias terminaron compitiendo entre s\u00ed, ofreciendo rebajas de dos por el precio de uno. Y todo, por miedo a no llegar a saciarse.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de todo, el desenlace lo produjo algo tan banal y tan simple como una c\u00e1mara fotogr\u00e1fica. Lo \u00fanico que Nadie les hab\u00eda pedido a sus seguidores era que nunca la fotografiaran. Jes\u00fas me asegura que Nadie cre\u00eda que las fotograf\u00edas robaban un trozo del alma. El resto de la gente lo neg\u00f3. Jes\u00fas hab\u00eda le\u00eddo en alg\u00fan lado que algunas religiones extra\u00f1as creen eso y le pareci\u00f3 que quedar\u00eda bien decirlo y as\u00ed le dar\u00eda m\u00e1s importancia al asunto. La verdad es que Nadie nunca les hab\u00eda dicho la raz\u00f3n de ese pedido, aunque todos sospechaban el por qu\u00e9.\u00a0 Un d\u00eda un muchacho intent\u00f3 pasar la vigilancia impuesta por Jes\u00fas desde la llegada de Nadie, con una c\u00e1mara diminuta en el forro de su chaqueta, pero lo detectaron antes de que pudiera entrar. Esto hizo que los rumores se agrandaran y un veintiocho de julio, una noche asfixiante, despu\u00e9s de una de esas tormentas de verano que en lugar de reducir la humedad y el calor, parece aumentarlos, alguien, no pude averiguar nunca qui\u00e9n, dijo que Nadie se hab\u00eda marchado. El barrio en pleno enloqueci\u00f3. Los comerciantes cerraron sus tiendas temprano, y ni los pastores ni los m\u00fasicos se atrevieron dejar sus casas. Los hombres y las mujeres del barrio de Catamarca se reunieron en el portal del establecimiento donde Nadie trabajaba para tratar de saber qu\u00e9 hab\u00eda ocurrido: si la\u00a0 polic\u00eda la hab\u00eda arrestado, como algunos murmuraban, o si se hab\u00eda ido por su propia voluntad como aseguraban otros, o si como los m\u00e1s optimistas quer\u00edan creer, estaba escondida en alg\u00fan lugar del edificio. Aqu\u00ed algunas de las mujeres interrumpieron, ri\u00e9ndose de Jes\u00fas, y asegurando que nada de eso importaba, que lo que los empujaba no era el deseo de saber lo que hab\u00eda ocurrido como dec\u00edan ahora, sino el deseo incontrolable de entrar. La gente quer\u00eda abrirse paso hasta llegar a ese cuarto y verlo, aunque\u00a0 s\u00f3lo fuese por un instante, y esa necesidad los empuj\u00f3 de tal modo que forzaron el portal, luego la entrada del piso y por \u00faltimo, la puerta del cuarto donde esperaban encontrar a Nadie. Tal vez fuese el temor de perderla por completo, tal vez ese maldito calor h\u00famedo de los veranos de esta ciudad, o, simplemente el no saber qu\u00e9 otra cosa se pod\u00eda hacer, pero todos se quedaron contemplando, at\u00f3nitos, el vac\u00edo.<\/p>\n<p>Jes\u00fas ya se hab\u00eda\u00a0 llevado las pocas cosas que hab\u00edan quedado en el cuarto de Nadie. No crean, por algo a Jes\u00fas no le enfad\u00f3 su partida: aun hoy en d\u00eda Nadie contin\u00faa d\u00e1ndole beneficios. Adem\u00e1s de su negocio habitual, ahora ha abierto un peque\u00f1o puesto, en lo que sol\u00eda ser su oficina, en el que vende los diferentes objetos que Nadie toc\u00f3 y que, seg\u00fan \u00e9l, sac\u00f3 antes de la llegada del gent\u00edo &#8211;s\u00e1banas, alfombras, trocitos de madera, de ladrillos, ropa, etc&#8230; Yo le compr\u00e9 un aguamanil blanco y negro que tiene pintada la cabeza\u00a0 de la Medusa. Jes\u00fas me asegur\u00f3 confidencialmente que era el \u00fanico objeto que verdaderamente le hab\u00eda pertenecido a Nadie. Lo hab\u00eda tra\u00eddo con ella, en aquel bolso negro, y por las ma\u00f1anas\u00a0 se lavaba con el agua que recog\u00eda en \u00e9l de la fuente que se encuentra detr\u00e1s del edificio. Es el aguamanil que aun tengo en mi dormitorio, encima de la mesita de noche que tambi\u00e9n le compr\u00e9 a Jes\u00fas.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s, cuando la gente sali\u00f3 del trance, se fueron sin hacer ninguna bulla, como decepcionados. Entonces Jes\u00fas clausur\u00f3 el cuarto.\u00a0 Desde entonces ha intentado rehabilitarlo varias veces para poder cobrar la entrada a turistas y a curiosos. La mera sugerencia, sin embargo, se ha tomado en todo el barrio casi como una blasfemia y Jes\u00fas no se ha atrevido a llevar el plan a cabo<\/p>\n<p>Pero no creas, aunque es cierto que cuando se les menciona a Nadie a\u00fan se puede sentir algo de nerviosismo en el ambiente, despu\u00e9s de su partida, no hubo grandes sucesos. A la ma\u00f1ana siguiente ya todo hab\u00eda vuelto a la normalidad. Las mujeres se levantaron temprano para hacer el desayuno y mandar los ni\u00f1os a la escuela, los hombres se fueron a trabajar, menos los jubilados y los desempleados que se fueron al caf\u00e9 a tomar algo y a jugar alguna partida de parch\u00eds. Fue all\u00ed donde me los encontr\u00e9 y supe por ellos que hab\u00eda llegado demasiado tarde para el encuentro.<\/p>\n<div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Aunque no me conoc\u00edan ni me esperaban, cuando llegu\u00e9 no tuve que insistir mucho: los vecinos del lugar quer\u00edan contarme la historia con una cierta urgencia que se les notaba en la ansiedad de la voz. S\u00f3lo despu\u00e9s advert\u00ed que tem\u00edan llegar a olvidarla de un momento a otro. Varias veces me preguntaron qui\u00e9n era, quer\u00edan saber si era un polic\u00eda, y cuando les dec\u00eda que no,\u00a0 parec\u00edan, aunque s\u00f3lo por un breve momento, bastante desconcertados. El deseo de que un d\u00eda volviese o que alguien la encontrara y la trajera tambi\u00e9n les hac\u00eda creer que algunos agentes de polic\u00eda continuaban en el caso y la segu\u00edan buscando. 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