{"id":2619,"date":"2013-12-01T18:51:11","date_gmt":"2013-12-01T18:51:11","guid":{"rendered":"http:\/\/www.subverso.es\/?p=2619"},"modified":"2014-04-28T07:48:54","modified_gmt":"2014-04-28T07:48:54","slug":"clase-turista-de-hector-carreto","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.subverso.es\/?p=2619","title":{"rendered":"ELOGIO DEL TURISTA (Sobre Clase turista, de H\u00e9ctor Carreto)"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<p>H\u00e9ctor Carreto, <i>Clase turista<\/i>, Monterrey, Versus\/Postdata editores, 2013.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En las \u00faltimas d\u00e9cadas, el mexicano H\u00e9ctor Carreto (M\u00e9xico D. F., 1953) se ha revelado como uno de los poetas\u00a0 m\u00e1s interesantes del panorama cultural hisp\u00e1nico. Su poes\u00eda se caracteriza por una particular lectura de los cl\u00e1sicos grecolatinos \u2013en especial, de los sat\u00edricos\u2014 y una infatigable iron\u00eda. Su trayectoria, iniciada en la d\u00e9cada de los 70, cuenta con numerosas publicaciones en revistas (<i>Tierra adentro<\/i>, <i>Nexos<\/i>, <i>Pauta<\/i>\u2026), y con los t\u00edtulos siguientes: <i>\u00bfVolver a \u00cdtaca? <\/i>(1979), <i>Naturaleza muerta <\/i>(1980, Premio Nacional de Poes\u00eda\u2015Efra\u00edn Huerta de Guanajuato), <i>La espada de San Jorge <\/i>(1983, Premio Nacional de Poes\u00eda\u2015Carlos Pellicer), <i>Habitante de los parques p\u00fablicos <\/i>(1992, galardonado con el X Premio de Poes\u00eda \u2015Luis Cernuda), <i>\u00cdncubus <\/i>(1993), <i>Antolog\u00eda desordenada <\/i>(1996), <i>Coliseo <\/i>(2002, Premio Nacional de Poes\u00eda Aguascalientes), <i>El poeta rega\u00f1ado por la musa. Antolog\u00eda personal <\/i>(2007) y <i>Poes\u00eda port\u00e1til (1997-2006) <\/i>(2009).<\/p>\n<p>A esta lista se suma, desde el pasado verano, <i>Clase turista<\/i>. Lo le\u00ed, por esos azares de la suerte, en agosto, el mes cl\u00e1sico del veraneo. Lo releo ahora, y me reafirmo en mi impresi\u00f3n primera: el valor de este repertorio de poemas de ocasi\u00f3n. Esta categor\u00eda generalmente queda relegada a un aprecio ef\u00edmero, y su vigencia se reconoce solo lo que dura la circunstancia de su composici\u00f3n, a la manera de una falla verbal. Es, adem\u00e1s, un subg\u00e9nero poco frecuentado en la actualidad, aunque fue muy popular en otros tiempos: curiosamente, en el Barroco. Curiosamente, digo, porque los tiempos que corren comparten no pocas notas caracter\u00edsticas con dicha \u00e9poca, y muchas de ellas explicar\u00edan un repunte del g\u00e9nero de ocasi\u00f3n. As\u00ed, la espectacularidad, la obsesi\u00f3n por lo ef\u00edmero, el valor emblem\u00e1tico (literalmente) de la imagen congelada en un momento, aspectos todos ellos de la cultura barroca, \u00bfno podr\u00edan predicarse tambi\u00e9n del momento actual? \u00bfno es nuestra cultura espectacular? \u00bfno se rinde al culto de lo ef\u00edmero? \u00bfqu\u00e9 otra cosa es una foto de avatar o de perfil, seguida de un breve estado Facebook, si no un emblema? Inmersos de una est\u00e9tica de pose (o <i>postureo<\/i>, seg\u00fan la nomenclatura a la moda), de permanente fijaci\u00f3n del instante ya pret\u00e9rito en Instagram o Pinterest, la poes\u00eda de ocasi\u00f3n es la nueva metaf\u00edsica, la \u00fanica posible. Tal vez nada nos retrate, hoy, como los poemas de ocasi\u00f3n.<\/p>\n<p>Y, de entre todas las ocasiones, ninguna como el viaje \u2013mejor dicho, la foto del viaje. Postureo, dec\u00eda \u2013pose, dijeron nuestros antepasados, en el XIX. Ya entonces los viajes formaban parte de esa estudiada postura que modelaba la imagen p\u00fablica de uno (y, especialmente, <i>un<\/i> viaje, <i>el<\/i> viaje, por antonomasia: su destino, Par\u00eds). Desde entonces, todo ha cambiado, pero muy poco. El viaje sigue siendo unidad de medida internacional que pondera el cosmopolitismo, la exclusividad, la originalidad\u2026 Precisamente cuando la extensi\u00f3n democr\u00e1tica de las posibilidades de viajar hacen que ya no sea signo ni de cosmopolitismo, ni de exclusividad, ni de originalidad. El reto, hoy, ser\u00eda conocer el mundo sin salir de casa, o esforzarse por hacer un <i>grand tour<\/i> de la mediocridad (una vuelta al mundo sin visitar ni un solo destino habitual, lo que, dicho de paso, es cada vez m\u00e1s dif\u00edcil, porque los viajeros profesionales, es decir, casi todos, se esfuerzan por encontrar nuevos destinos y nombres v\u00edrgenes con los que epatar a sus amigos tras el regreso, aportando como prueba irrefutable varias tarjetas de memoria repletas de fotos).<\/p>\n<p>Tendr\u00edamos que preguntarnos si no es un error la gran democratizaci\u00f3n del viaje \u2013del gusto por el viaje\u2014. Me confieso mala viajera. Me gusta, en todo caso, haber viajado. Este es solo uno m\u00e1s de los muchos motivos por los que un libro como <i>Clase<\/i> <i>turista<\/i> me parece excelente: no hay en \u00e9l esa expandida hipocres\u00eda, imperante en todos los estratos, desde los intelectuales acad\u00e9micos hasta los opinadores a pie de la barra del bar, seg\u00fan la cual se reniega del turismo. Como el infierno para Sartre, la clase turista son los otros. De un tiempo a otra parte, Espa\u00f1a es todo un pa\u00eds de viajeros, donde hasta el que solo ha viajado a Londres en Ryanair desde\u00f1a las aglomeraciones y esboza un moh\u00edn al o\u00edr mencionar ciertos rincones \u2013\u201cestaba lleno de espa\u00f1oles\u201d, dir\u00e1. Es raro que alguien decida confesarse turista. Afirmarse viajero resulta mucho m\u00e1s grato, aun cuando esta afirmaci\u00f3n no pase de ser un souvenir m\u00e1s. Solo por eso, ya merecer\u00eda la pena leer un libro que se anuncia como \u201cClase turista\u201d.<\/p>\n<p>Lo componen seis partes: \u201cI. Turistas de oficio\u201d, \u201cII. Made in USA\u201d, \u201cIII. Cielorraso\u201d, \u201cIV. Travelling\u201d, \u201cV. Tres poemas espa\u00f1oles\u201d, \u201cVI. Propinas incluidas\u201d. En ellas, descubrimos que el turista que Carreto se confiesa puede ser mejor observador de la realidad que los obstinados viajeros, empe\u00f1ados en suplantar con su romanticismo prefabricado y su ansia de autenticidad (un prejuicio m\u00e1s) la verdadera autenticidad posmoderna y hologram\u00e1tica de nuestro mundo de simulacros. Parece un juego de palabras, pero as\u00ed es: hoy lo real es el simulacro, y \u201cthe real thing\u201d es solo un eslogan; la b\u00fasqueda de lo aut\u00e9ntico es una pose m\u00e1s, y si cabe, peor, pues ni siquiera reconoce su entidad de pose y pretende (tambi\u00e9n en el sentido ingl\u00e9s: finge) la autenticidad. Entre la m\u00edstica del viajero y la pr\u00e1ctica del turista, me quedo con la segunda: su pose es menos soberbia, y ciertamente es m\u00e1s adecuada para conocer el mundo tal y como este es hoy. Pretender ser viajero a comienzos del siglo XX quiz\u00e1 era snob; pretenderlo a comienzos del XXI no solo es snob: tambi\u00e9n es idiota.<\/p>\n<p>Y no hablo \u00fanicamente de una manera de viajar, por supuesto (al fin y al cabo, eso ser\u00eda cosa de cada cual y de los amigos que sufren la consabida presentaci\u00f3n de fotos al regreso de cada viaje). Hablo, y esto s\u00ed me compete, de una manera de relatar el viaje y el mundo. No me creo la en\u00e9sima revelaci\u00f3n ante una catedral que ha sido ya fondo de tantas pantallas. No me puedo creer a los que impostan la voz para parecer Stendhal: el verdadero Stendhal se expres\u00f3 de un modo ante la Roma de comienzos del XX, pero a buen seguro lo hubiese hecho de manera diferente ante la Estaci\u00f3n T\u00e9rmini en 2012 (por ejemplo). La voz de H\u00e9ctor Carreto no puede ser m\u00e1s descarnadamente aut\u00e9ntica, quiz\u00e1 porque es buen lector de la tradici\u00f3n epigram\u00e1tica, excelente epigramista \u00e9l mismo, y como tal, l\u00e1tigo de <i>poseurs<\/i>. As\u00ed, la experiencia m\u00edstica que se espera ante un altar choca frontalmente contra la realidad m\u00e1s mostrenca: \u201c\u2018Es hora de cerrar\u2019, me dijeron los guardias\u201d (\u201cEn la catedral de Barcelona\u201d). Y los miles de kil\u00f3metros recorridos en pos de la imagen preconcebida se frustran, cuando la realidad se obstina en estropearnos la foto, como en \u201cPaseo de Gracia, 2003\u201d: \u201cMi \u00fanico fin en este viaje fue retratarme ante los cuatro edificios de la Manzana de la Discordia. Fue en vano: un enorme bando que dec\u00eda NO A LA GUERRA cubr\u00eda las soberbias fachadas\u201d. Quien bien conoce la tradici\u00f3n cl\u00e1sica epigram\u00e1tica propone sus propios epigramas sat\u00edricos contempor\u00e1neos: por ejemplo, \u201cEn un hotel de San Francisco\u201d o \u201cTroya revisitada\u201d. Esta \u00faltima es una Troya <i>reloaded<\/i>, una Troya con comentarios del poeta en que la \u00e9pica deja paso al souvenir: El tema cl\u00e1sico de la ciudad reducida a ruinas, polvo, ceniza, se convierte aqu\u00ed en un \u201cA veces regreso a casa con un cenicero\u201d. No solo el destino queda desmitificado (lo cual resulta relativamente sencillo de aceptar): tambi\u00e9n el yo, el sujeto de la experiencia y su enunciaci\u00f3n, se desmitifica, y se convierte \u2013acept\u00e9moslo, aunque esto sea mucho m\u00e1s duro\u2014 en un mero comprador de recuerdos prefabricados.<\/p>\n<p>En un mundo en que la reproducci\u00f3n de im\u00e1genes invade nuestra retina desde que nacemos, es imposible echar una mirada sobre algo que no haya sido previamente mostrado (y modelado) para nosotros por la literatura, el c\u00f3mic o el cine, filtros insoslayables de nuestra percepci\u00f3n y de la vivencia de nuestros viajes (v\u00e9ase \u201cLocomotora Versalles-Par\u00eds\u201d). Los paisajes, adem\u00e1s, se hacen intercambiables en el mundo globalizado, y ni siquiera nuestras vivencias infantiles parecen completamente a salvo de la exportaci\u00f3n de estampas, de unas latitudes a otras, del pasado al presente. Vale la pena citar \u201cVeracruz <i>revisited<\/i>\u201d: \u201cDe ni\u00f1o, viajar al puerto de Veracruz era mi modo de ir a San Francisco. Pero un mal d\u00eda el Gobierno retir\u00f3 para siempre los tranv\u00edas. \/\/ Ahora, en San Francisco, retorno al Veracruz de mi infancia\u201d.<\/p>\n<p>Con todo, la exclusividad es posible. La experiencia personal, intransferible e irrepetible existe, y se le brinda como premio, en medio del m\u00e1s estandarizado de los viajes, a quien mantiene limpia su mirada, a buen resguardo de la tentaci\u00f3n siempre acechante de engolar el tono y hac\u00e9rselo de <i>viajero<\/i>. Al que sabe mirar, sabiamente escondido en la fila de turistas, como uno m\u00e1s entre ellos, la providencia le regala una vivencia \u00fanica, distinta a la est\u00e1ndar de sus compa\u00f1eros, aun cuando se d\u00e9 en el seno de un viaje programado. Como una dorada visi\u00f3n (a veces, en la forma de unas piernas femeninas) que solo para los ojos del modesto turista que no apetece el prestigio sobado del viajero desplegara alg\u00fan dios, en \u201cViena a la mexicana\u201d o \u201cCambio de guardia\u201d.<\/p>\n<p>De los viajes se vuelve siempre con alg\u00fan souvenir. Los viajeros tratar\u00e1n de convencerte de que se trata de un objeto \u00fanico, muy aut\u00e9ntico, que solo ellos lograron traerse en sus maletas. Los turistas admiten lo obvio, a veces con un poco de sonrojo: de sobra saben que ese cenicero <i>made in Taiwan<\/i> no vali\u00f3 ni la cola que esperaron para pagarlo&#8230; H\u00e9ctor Carreto, adem\u00e1s de alg\u00fan cenicero de Troya (las llamas de la guerra condenadas a una repetici\u00f3n de brasas de cigarro), se trae de sus viajes con felices im\u00e1genes: el \u201cestruendoso ruido amarillo\u201d que identifica a la Alfama en el poema hom\u00f3nimo, con sus tranv\u00edas y su luz, o el hermoso endecas\u00edlabo que cierra \u201cCementerio de Arlington\u201d: \u201cen busca de un <i>cheesecake<\/i> de m\u00e1rmol dulce\u201d. Solo hay una cosa que puede redimir al turista o al viajero de unos viajes que cada vez tienen menos que ofrecer, pues ya los mass media nos han colmado de\u00a0 im\u00e1genes previas que son invariablemente mejores que la realidad, y donde los monumentos son m\u00e1s fotog\u00e9nicos. Esa \u00fanica salvaci\u00f3n posible est\u00e1 en la mirada, y en la palabra. H\u00e9ctor Carreto rescata, con su mirada de turista confeso, con sus palabras de poeta, Veracruz, Barcelona, San Francisco\u2026<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Carmen Mor\u00e1n Rodr\u00edguez<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; H\u00e9ctor Carreto, Clase turista, Monterrey, Versus\/Postdata editores, 2013. &nbsp; &nbsp; En las \u00faltimas d\u00e9cadas, el mexicano H\u00e9ctor Carreto (M\u00e9xico D. F., 1953) se ha revelado como uno de los poetas\u00a0 m\u00e1s interesantes del panorama cultural hisp\u00e1nico. Su poes\u00eda se caracteriza por una particular lectura de los cl\u00e1sicos grecolatinos \u2013en especial, de los sat\u00edricos\u2014 y una infatigable iron\u00eda. Su trayectoria, iniciada en la d\u00e9cada de los 70, cuenta con numerosas publicaciones en revistas (Tierra adentro, Nexos, Pauta\u2026), y con los t\u00edtulos siguientes: \u00bfVolver a \u00cdtaca? (1979), Naturaleza muerta (1980, Premio Nacional de Poes\u00eda\u2015Efra\u00edn Huerta de Guanajuato), La espada de San Jorge (1983, Premio Nacional de Poes\u00eda\u2015Carlos Pellicer), Habitante de los parques p\u00fablicos (1992, galardonado con el X Premio de Poes\u00eda \u2015Luis Cernuda), \u00cdncubus (1993), Antolog\u00eda desordenada (1996), Coliseo (2002, Premio Nacional de Poes\u00eda Aguascalientes), El poeta rega\u00f1ado por la musa. Antolog\u00eda personal (2007) y Poes\u00eda port\u00e1til (1997-2006) (2009). A esta lista se suma, desde el pasado verano, Clase turista. Lo le\u00ed, por esos azares de la suerte, en agosto, el mes cl\u00e1sico del veraneo. Lo releo ahora, y me reafirmo en mi impresi\u00f3n primera: el valor de este repertorio de poemas de ocasi\u00f3n. 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