{"id":2798,"date":"2014-02-21T01:43:09","date_gmt":"2014-02-21T01:43:09","guid":{"rendered":"http:\/\/www.subverso.es\/?p=2798"},"modified":"2014-05-11T15:41:01","modified_gmt":"2014-05-11T15:41:01","slug":"de-como-la-voragine-crea-vidas-y-otros-sucesos-de-felice-recordacion","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.subverso.es\/?p=2798","title":{"rendered":"De c\u00f3mo la vor\u00e1gine crea vidas y otros sucesos de felice recordaci\u00f3n, por Irene G. Escudero"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"http:\/\/www.subverso.es\/wp-content\/uploads\/2014\/02\/Foto-.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone  wp-image-2799\" alt=\"Foto\" src=\"http:\/\/www.subverso.es\/wp-content\/uploads\/2014\/02\/Foto-.jpg\" width=\"116\" height=\"170\" srcset=\"http:\/\/www.subverso.es\/wp-content\/uploads\/2014\/02\/Foto-.jpg 321w, http:\/\/www.subverso.es\/wp-content\/uploads\/2014\/02\/Foto--224x330.jpg 224w\" sizes=\"(max-width: 116px) 100vw, 116px\" \/><\/a><\/p>\n<p>Y, a la vez que el rumor de las fuentes borboteaba en los jardines, la pluma de don Miguel de Cervantes daba rienda suelta a su fascinante imaginaci\u00f3n. No era aquel un hombre de recias y eruditas palabras. Era un ser unido a la fantas\u00eda de la realidad, a las apariencias del teatro, lejos de toda instrucci\u00f3n moral a trav\u00e9s de sus textos. \u00bfQui\u00e9n era \u00e9l para juzgar, para criticar, para valorar las vidas y obras y de los dem\u00e1s hombres? \u00c9l solo se ten\u00eda a s\u00ed mismo con su imaginario. Esto le llevaba a pasar largas tardes escribiendo en su humilde escritorio. Las ma\u00f1anas las ocupaba recopilando legajos y papeles en los que encontraba los datos necesarios para trabajar como historiador.<\/p>\n<p>Una tarde, Miguel se encontraba escribiendo cuando tuvo la visita inesperada de su hermana Andrea. Ven\u00eda como desorientada, perdida, llena de dolor y de angustia. B\u00f3reas, el terrible viento del murmullo social, hab\u00eda estallado en perversos comentarios contra ella y su amante. Miguel recib\u00eda su preocupaci\u00f3n de una manera intensa, casi como si a \u00e9l le estuviese sucediendo. No conceb\u00eda c\u00f3mo alguien pod\u00eda hacer sufrir a su bondadosa hermana. \u00bfD\u00f3nde estaban los l\u00edmites en el acto de criticar y juzgar? \u00bfAcaso no era due\u00f1a de su vida? \u00bfEra su vida una cuesti\u00f3n p\u00fablica o solo le incumb\u00eda a ella y a su veta de maraved\u00edes? En estas y otras razones se hallaba cuando una tal pastora Marcela apareci\u00f3 por una esquina de su imaginaci\u00f3n. R\u00e1pidamente se dio cuenta de que era una mujer de armas tomar, libre de esp\u00edritu, consecuente con sus decisiones y decidida a vivir una vida de solter\u00eda donde ning\u00fan hombre gobernara sus ideas.<\/p>\n<p>Muy pronto Miguel se percat\u00f3 de que todo el furor creador que le estaba poseyendo no podr\u00eda ser detenido. Todos los sentimientos de impotencia, toda la frustraci\u00f3n adormecida afloraron de su interior. Escrib\u00eda y escrib\u00eda mientras retazos de papeles aparec\u00edan por all\u00ed y por all\u00e1. Daba la sensaci\u00f3n de ser una tarde de nieve, una tarde pasional, una tarde liberadora.<\/p>\n<p>Tras la vor\u00e1gine, qued\u00f3 dormido, exhausto sobre el brazo dominado por la pluma. Aquella noche, como no pod\u00eda ser de otra manera, so\u00f1\u00f3 con bellas pastoras, con caballeros de triste figura, pero tambi\u00e9n con grandes bocas glotonas: hambrientas y sedientas de vidas ajenas.<\/p>\n<p>Tras la noche lleg\u00f3 la calma, amenizada por los peque\u00f1os pajarillos que, como de costumbre, iban a beber a las fuentes de los jardines. Los rayos de sol ya le molestaban en la cara cuando despert\u00f3. Se sorprendi\u00f3 examinado por los papeles que adornaban el suelo y el escritorio de su aposento. Todo era nuevo, todo era luz. Poco a poco record\u00f3 la noche anterior: primero su hermana, despu\u00e9s el estallido, por \u00faltimo la vor\u00e1gine. De esta manera fue como, poco a poco, comenz\u00f3 a leer y a clasificar los documentos hasta darse cuenta de que todo aquello no cab\u00eda en un solo personaje.<\/p>\n<p>Y as\u00ed, cre\u00f3 a Marcela en primer lugar. Porque quer\u00eda demostrar mediante vidas de qu\u00e9 otras maneras era posible vivir. Despu\u00e9s, con todas las dem\u00e1s posibilidades surgi\u00f3 Dorotea y Luscinda. Tambi\u00e9n Camila, Zoraida, Clara y, por \u00faltimo, Leandra. Pero ninguna pudo contener en su interior toda la fuerza de aquella tarde, todo el poder al que una sola mujer puede llegar. Porque todas ya tuvieron algo de Marcelas, pero ninguna logr\u00f3 superar la frescura que le otorg\u00f3 a la verdadera su libertad. Irene G. Escudero<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Y, a la vez que el rumor de las fuentes borboteaba en los jardines, la pluma de don Miguel de Cervantes daba rienda suelta a su fascinante imaginaci\u00f3n. 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