{"id":2902,"date":"2014-05-03T20:14:45","date_gmt":"2014-05-03T20:14:45","guid":{"rendered":"http:\/\/www.subverso.es\/?p=2902"},"modified":"2014-05-23T20:10:10","modified_gmt":"2014-05-23T20:10:10","slug":"es-un-decir-de-jenn-diaz-barcelona-lumen-2014","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.subverso.es\/?p=2902","title":{"rendered":"ES UN DECIR, DE JENN D\u00cdAZ (Barcelona, Lumen, 2014)"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"http:\/\/www.subverso.es\/wp-content\/uploads\/2014\/05\/111111.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone  wp-image-2903\" alt=\"111111\" src=\"http:\/\/www.subverso.es\/wp-content\/uploads\/2014\/05\/111111.jpg\" width=\"191\" height=\"277\" \/><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><b><i>Es un decir, <\/i><\/b><b>de Jenn D\u00edaz<\/b><b> (Barcelona, Lumen, 2014)<\/b>, rese\u00f1a de <b>Inmaculada Rodr\u00edguez-Moranta (Universitat Rovira y Virgili)<\/b><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\u201cEl nombre de la joven barcelonesa Jenn D\u00edaz empieza a sonar en los corrillos literarios\u201d, le\u00ed en un blog. \u201cLa ni\u00f1a prodigio que ha publicado cuatro novelas y solo tiene 26 a\u00f1os\u201d, escribe un cr\u00edtico. \u201cSus lecturas son Carmen Mart\u00edn Gaite, Ana Mar\u00eda Matute, Natalia Ginzburg\u2026\u201d, rescat\u00e9 de una entrevista<i>.<\/i> Aunque Jenn D\u00edaz, al hablar de la g\u00e9nesis de su novela, reconoce que ha tenido m\u00e1s peso lo que <i>ha le\u00eddo<\/i> que lo que <i>ha o\u00eddo<\/i> de la guerra civil y del franquismo, al tomar el libro quise renunciar a \u201cla angustia de las influencias\u201d, a todo ruido de fondo que me impidiera escuchar con nitidez las voces de sus protagonistas. Escribo \u201clas voces\u201d porque toda la obra, de principio a fin, <i>es un decir<\/i> que te conduce a un pueblo, a una casa, a una familia de la posguerra. Debe reconocerse, en primer lugar, que el tiempo y el espacio podr\u00edan ser otros, y la historia mantendr\u00eda su peso, su misterio y su fuerza.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El primer p\u00e1rrafo me descubri\u00f3 a Mariela en su refugio \u00edntimo de palabras como clavos, m\u00e1s crudas que inocentes:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\u201cEl d\u00eda que cumpl\u00ed once a\u00f1os mataron a mi padre. Recuerdo que era viernes porque de haber sido otro d\u00eda, a la ma\u00f1ana siguiente no habr\u00eda ido al colegio y nadie habr\u00eda rechistado. Lo s\u00e9 porque a una ni\u00f1a de mi clase, a la que se le muri\u00f3 la madre, le perdonaron la falta. Pero mi padre muri\u00f3 un viernes, y como al d\u00eda siguiente era s\u00e1bado y no \u00edbamos a la escuela, ni esa suerte tuve\u201d (p. 11).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Al soplar las velas de su tarta, Mariela oye de fondo un disparo que le abre, de golpe, las puertas al mundo \u201cest\u00fapidamente adulto\u201d en el que no cesar\u00e1 de escarbar, curiosa, perspicaz y callada. El silencio impide y enturbia la relaci\u00f3n con su madre (\u201cLo nuestro estaba hecho de silencios, y con eso cuesta negociar\u201d, p. 129), y pegar la hebra es lo que la une al mismo tiempo a su abuela (\u201cHabl\u00e1bamos, y mi madre daba golpes en la pared por la noche para que nos call\u00e1ramos [&#8230;] \u02d7Ni caso. Anda, no te calles ahora\u201d, p. 27). Mariela no pregunta nunca, pero escucha, observa, piensa, y quiere llegar a saber por ella misma qu\u00e9 sucedi\u00f3 con su padre, del que solo ha logrado entender que era algo as\u00ed como <i>un rojo de mierda<\/i>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Sin descripciones \u2013no hay apenas paisaje ni adjetivos- la voz narrativa te introduce en un ambiente opresivo e hip\u00f3crita (\u201cno hay quien calle en un pueblo\u201d, p. 109), habitado por vecinas que, con insana satisfacci\u00f3n, compadecen \u00a0a la <i>pobre <\/i>ni\u00f1a vieja, que carga con un fardo: una vida corta y flaca. Son las mismas que en el velatorio \u201cno se olvidaban de decirme que ten\u00eda que comer, porque la gente si no se mete en tus problemas no est\u00e1 tranquila\u201d, y que acuden a un funeral vestidas y perfumadas como para un baile, y no pueden evitar sonre\u00edrse \u201ccuando yo, la hu\u00e9rfana, no las miraba\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Un tono sombr\u00edo e ir\u00f3nico se cierne sobre la precoz madurez de Mariela, una ni\u00f1a un poco bruta, que no llega a convertirse exactamente en \u00a0\u201cuna se\u00f1orita\u201d, como de ella se espera. La cr\u00edtica a los estereotipos femeninos de la \u00e9poca est\u00e1n impresos en el pensar en voz alta de Mariela, que, cuando quiere jugar a ser como todas, se inventa a \u201cun hombre casado que me prometiera cosas que despu\u00e9s no pensaba cumplir, que era lo que siempre se o\u00eda por ah\u00ed\u201d, o se plantea que lo mejor es \u201ctener hijos ileg\u00edtimos o no, y despu\u00e9s pasar el resto de tu vida quej\u00e1ndote por lo que sea\u201d. Es entonces cuando toma exc\u00e9ntricas decisiones como echarse un novio bueno y hu\u00e9rfano de madre. Pero al final se cansa \u201cde tanta bondad, porque la gente buena casi siempre cansa, qu\u00e9 pena, y las mujeres, qu\u00e9 pena, y la pena siempre acechando\u201d (p. 48).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">La novela entrelaza la historia de tres mujeres de tres generaciones \u2013abuela, madre, nieta- en una sola casa y en una familia llena de secretos: un \u00e1spero trozo de tela hecho jirones que Mariela se propone coser sin ayuda de nadie. En ese microcosmos se van adivinando y perfilando s\u00f3rdidas tramas, que, de tan dom\u00e9sticas, llegan a ser universales. Con retrocesos, pausas y avances, la historia fluye asombrosamente gracias a la frescura de la oralidad, uno de los m\u00e9ritos m\u00e1s notables de esta obra. El lector entra en una colmena en la que caben los lazos de sangre, \u00a0las apariencias y los bastardos, las muertes extra\u00f1as, la guerra y los rencores, las calladas desapariciones, los maridos ausentes y los novios sinverg\u00fcenzas. El lector se pregunta por qu\u00e9 una mujer pela cebollas al quedarse viuda para que se la vea llorando desde la ventana, o por qu\u00e9 a las est\u00e9riles se las llamaba mujeres secas y desdichadas (p. 141).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El largo mon\u00f3logo de la abuela, concentrado en un brillante e intenso cap\u00edtulo, nos permite adentrarnos en esa otra generaci\u00f3n en la que las mujeres han aguantado todo de los hombres, y han aprendido a sobrevivir con el disimulo y las mentiras a cuestas. En ese clima claustrof\u00f3bico brilla la sola esperanza de Mariela, s\u00edmbolo de un nuevo modelo de mujer: \u201cesa peque\u00f1a, en menuda mujer se va a convertir, en una se\u00f1orona, \u00e9sta no va a ser ni como yo ni como su madre, de eso ni hablar; \u00e9sta es diferente\u201d (p. 78).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">La retah\u00edla de palabras que se sueltan de pronto, en el momento m\u00e1s inesperado, constituyen la \u00fanica liberaci\u00f3n de una anciana que no ha osado jam\u00e1s confesar(se) la verdad de su vida, tan llena de desperfectos como los hombres que se cruzaron con ella. Solo se atreve ante una desconocida enferma, a la que convierte en su tabla de salvaci\u00f3n: \u201cahora a ti, que no me oyes, ahora a ti te lo cuento todo\u2026\u201d (p. 83).\u00a0 Sin visos de compasi\u00f3n pero tampoco de rencor, hilvana sus confidencias ante una moribunda, que no le va a contestar nunca, pero al menos ni la interrumpir\u00e1, ni la silenciar\u00e1, ni se levantar\u00e1 para marcharse: \u201cTe hablo mucho, te hablo, como a las flores, como a mis gallinas, como a la tierra, te hablo para darte vida\u201d, \u201cte voy a hablar todo el tiempo, no te preocupes, yo tambi\u00e9n estoy necesitada de que alguien me escuche, as\u00ed que somos tal para cual\u201d (p. 85)<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Y, en este viaje de liberaci\u00f3n hacia la madurez, los misterios van desvel\u00e1ndonos otra realidad; aunque, como reconoce Mariela, lo m\u00e1s sencillo hubiera sido \u201cobviar que hab\u00eda secretos que deb\u00edan guardarse incluso sin tenerlos y convivir con ellos sin ning\u00fan problema\u201d (p. 37). Nos sobrecogemos cuando se desenreda la mara\u00f1a y entendemos qu\u00e9 hac\u00eda aquella ni\u00f1a incomod\u00edsima que sigue a Mariela hasta su casa, o descubrimos el significado de la fotograf\u00eda de una mujer an\u00f3nima escondida en el doble fondo de un caj\u00f3n, y la inesperada despedida de la abuela unida a la llegada de un hombre extra\u00f1o en plena noche.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En definitiva, <i>es un decir <\/i>que la p\u00e9rdida de la inocencia, la soledad y la entrada en la madurez unida a la muerte transita cerca de las veredas de Matute; o que Natalia Ginzburg se asoma en su prosa desnuda, descarnada e \u00edntima, con su atenci\u00f3n a lo cotidiano y su inter\u00e9s por la relaci\u00f3n entre generaciones; y que el cuidado ejercicio de estilo construido a trav\u00e9s de la oralidad, aparentemente sencilla y espont\u00e1nea, nos evoca las maravillosas retah\u00edlas de Carmen Mart\u00edn Gaite: las retah\u00edlas que han encontrado a una original y luminosa interlocutora llamada Jenn D\u00edaz.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Es un decir, de Jenn D\u00edaz (Barcelona, Lumen, 2014), rese\u00f1a de Inmaculada Rodr\u00edguez-Moranta (Universitat Rovira y Virgili) \u201cEl nombre de la joven barcelonesa Jenn D\u00edaz empieza a sonar en los corrillos literarios\u201d, le\u00ed en un blog. \u201cLa ni\u00f1a prodigio que ha publicado cuatro novelas y solo tiene 26 a\u00f1os\u201d, escribe un cr\u00edtico. \u201cSus lecturas son Carmen Mart\u00edn Gaite, Ana Mar\u00eda Matute, Natalia Ginzburg\u2026\u201d, rescat\u00e9 de una entrevista. Aunque Jenn D\u00edaz, al hablar de la g\u00e9nesis de su novela, reconoce que ha tenido m\u00e1s peso lo que ha le\u00eddo que lo que ha o\u00eddo de la guerra civil y del franquismo, al tomar el libro quise renunciar a \u201cla angustia de las influencias\u201d, a todo ruido de fondo que me impidiera escuchar con nitidez las voces de sus protagonistas. Escribo \u201clas voces\u201d porque toda la obra, de principio a fin, es un decir que te conduce a un pueblo, a una casa, a una familia de la posguerra. Debe reconocerse, en primer lugar, que el tiempo y el espacio podr\u00edan ser otros, y la historia mantendr\u00eda su peso, su misterio y su fuerza. 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