{"id":2984,"date":"2014-05-23T18:50:14","date_gmt":"2014-05-23T18:50:14","guid":{"rendered":"http:\/\/www.subverso.es\/?p=2984"},"modified":"2014-05-23T20:27:37","modified_gmt":"2014-05-23T20:27:37","slug":"una-madre-de-alejandro-palomas-siruela-2014","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.subverso.es\/?p=2984","title":{"rendered":"UNA MADRE, DE ALEJANDRO PALOMAS (Siruela, 2014)"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"http:\/\/www.subverso.es\/wp-content\/uploads\/2014\/05\/images1.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft  wp-image-2988\" alt=\"images\" src=\"http:\/\/www.subverso.es\/wp-content\/uploads\/2014\/05\/images1.jpg\" width=\"195\" height=\"256\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\"><strong><em>Una madre<\/em>, de Alejandro Palomas (Siruela, 2014), <\/strong>rese\u00f1a de<strong> Inmaculada Rodr\u00edguez-Moranta (Universitat Rovira y Virgili)<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Alejandro Palomas (Barcelona, 1967) es el autor de las novelas <i>El tiempo del coraz\u00f3n <\/i>(Nuevo Talento FNAC), <i>El secreto de los Hoffman <\/i>(finalista del Premio Novela Ciudad de Torrevieja 2008), <i>El alma del mundo <\/i>(finalista Premio Primavera 2011), <i>El tiempo que nos une<\/i>, <i>Agua cerrada, <\/i>y de dos poemarios. Pero \u00e9sta es la obra con la que parece haber disfrutado m\u00e1s, no solo durante su proceso de escritura, sino tambi\u00e9n por la calurosa acogida que est\u00e1 recibiendo (echen un vistazo a su perfil en Facebook o a las entusiastas rese\u00f1as de libreros y lectores que pueden rastrearse por la red y en la prensa). En efecto, el novelista ha creado un universo propio donde se entremezclan maravillosamente la comedia y el drama. Su manejo del <i>tempo, <\/i>sus di\u00e1logos \u00e1giles, hilarantes y conmovedores,<i> <\/i>y su n\u00edtida escenograf\u00eda pide a gritos que la obra sea llevada al cine. Pero el motivo del gran \u00e9xito ha sido, tal vez, la hospitalidad de la voz narradora. Extra\u00f1amente, todos los que hemos le\u00eddo <i>Una madre <\/i>nos hemos sentido invitados a esa cena de Nochevieja. A todos nos parece conocer a Amalia, a Silvia, a Fer, a Emma, a Olga y a t\u00edo Eduardo desde hace mucho tiempo, tal vez porque contienen fragmentos de cada uno de nosotros.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En portada, la imagen de una mujer en blanco y negro cuyo rostro queda oculto y prolongado por un revoltijo de vistosas flores. Una estampa explosiva y surrealista que despert\u00f3 al escritor de un sue\u00f1o, y cuya b\u00fasqueda inici\u00f3 hasta que dio con esa ilustraci\u00f3n. No as\u00ed con la protagonista de la obra, Amalia, que vino hasta \u00e9l un d\u00eda de oto\u00f1o, mientras merendaba con su madre, y entre risas, un golpe le dej\u00f3 pegado a la silla. En ese instante, Alejandro Palomas pens\u00f3 que ten\u00eda que escribirla \u201cno a ella exactamente, sino el color de nuestra relaci\u00f3n, el tono- para que cuando ella ya no est\u00e9 yo pueda volver a esta novela y tenerla siempre conmigo\u201d, explica en una entrevista para <i>Granite&amp;Rainbow<\/i>. <i>Una madre <\/i>consigue fijar el color y el tono de la relaci\u00f3n de una madre, tres hijos, una nuera, un yerno, un t\u00edo, y hasta de una Barcelona que puede resumirse en una plaza que amanece en violeta. Pero tambi\u00e9n fija el color y el tono de la soledad y del arrojo de cada ser humano que intenta mantener el equilibrio en la arista de la vida.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Se acerca la medianoche y una bomba de relojer\u00eda est\u00e1 a punto de estallar. Todo est\u00e1 dispuesto. Amalia est\u00e1 preparada, como <i>Mrs. Dalloway <\/i>de Virginia Woolf, a quien Palomas rinde homenaje en su primera frase: \u201cMam\u00e1 hab\u00eda dicho que ella misma comprar\u00eda las flores\u201d.\u00a0 Como en una buena obra de teatro, la escenograf\u00eda est\u00e1 cuidada al m\u00e1s m\u00ednimo detalle para que la protagonista, esa madre de todos, inste al narrador \u2013el hijo, Fer- a desplegar la mejor y la peor versi\u00f3n \u2013la cara A y la cara B- de cada uno de ellos. Empieza el tintineo de copas y cubiertos, el ruido, los silencios, los huecos como bosques alemanes, los carraspeos de tensi\u00f3n, la carcajada ir\u00f3nica, un Whatssapp inesperado, los bocinazos desde la calle, la botella de <i>Coca-Cola <\/i>cayendo sobre una bandeja de canap\u00e9s y el reguero de vino sobre la alfombra. Pero \u201cel surrealismo casero de mam\u00e1\u201d sobrevuela m\u00e1gicamente el comedor con su humor inconsciente y desternillante. Parece que va a ocurrir un asesinato, como en el film <i>8 femmes <\/i>(2002)<i>, <\/i>de Fran\u00e7ois O\u00e7on, que tambi\u00e9n se sit\u00faa, por cierto, en los preparativos de Navidad, y desenreda una mara\u00f1a de traiciones y secretos. Pero aqu\u00ed no hay asesinato, y por ello la intensidad que consigue la novela es, quiz\u00e1s, m\u00e1s meritoria.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El l\u00e9xico familiar distribuye la obra en cuatro partes: \u201cAlgunas luces y muchas sombras\u201d, \u201c\u00bfCu\u00e1nto tiempo piensas seguir en el faro?\u201d, \u201cEste barco que a todos nos lleva\u201d, \u201cLos amaneceres violetas\u201d. Son frases que pertenecen a la vida en com\u00fan, y tambi\u00e9n a las distancias, de una familia imperfecta \u2013como todas- que, tras varios intentos, ha conseguido reunirse para cenar y celebrar juntos la Nochevieja de 2013:<\/p>\n<blockquote><p>\u201cS\u00ed, dejando a Olga a un lado, seguimos siendo cinco. Dos generaciones de hermanos: la de mam\u00e1 \u2013t\u00edo Eduardo y ella- y la m\u00eda \u2013Silvia, Emma y yo-, como dos ra\u00edles en paralelo cruzando el tiempo, separados por esta mesa, los platos, las copas y las interpretaciones m\u00faltiples en com\u00fan.<\/p>\n<p>Sin pap\u00e1. Sin los abuelos.<\/p>\n<p>Ellos muertos. \u00c9l ido. Ausentes todos.\u201d (p. 17)<\/p><\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify\">Amalia es una mujer de 65 a\u00f1os, que cuida de los suyos, sin condenarles porque escondan \u201cvidas ni tan azucaradas ni tan rosas como ella quisiera\u201d (p. 56). Es una mujer que conf\u00eda en las segundas oportunidades, aun a riesgo de equivocarse en sus decisiones, y que ha renacido \u2013o ha recuperado versiones suyas aparcadas- desde que se ha liberado de la mirada vigilante de su marido. Lejos de vivir un duelo largo y penoso, \u201cla incontinencia le lleg\u00f3 con el divorcio\u201d (p. 119). Puede ser la cr\u00e9dula amiga de la maestra de reiki, Ingrid, y participar de sus chifladuras; puede ser una \u201cni\u00f1a despistada que se maneja por la vida como una ni\u00f1a en una monta\u00f1a rusa, encantada con la aventura que el destino le ha ofrecido justo ahora\u201d; pero tambi\u00e9n puede asomarse la otra, la que guarda los \u201cretazos de mujer adulta que suelta verdades como Emma suelta sus bombas, horadando lo que le rodea\u201d (p. 116). Es tambi\u00e9n la madre que todos tenemos, la que \u201ccuando oye sonar un tel\u00e9fono se le erizan las orejas como un podenco y deja lo que tenga entre manos para contestar\u201d, aunque eso suponga que un iPad salga volando mientras \u201cella corre hacia la encimera de la cocina gritando \u2018\u00a1Voy, voy!\u2019, hasta abalanzarse sobre su m\u00f3vil\u201d. Es la madre que hace re\u00edr y enfadar por igual a sus hijos, desde su particular cosmos de conexiones y desconexiones que le lleva a concluir que si una cantante es reivindicativa es que \u201ces muy pobre\u201d, que los andorranos conducen tan mal \u201cporque como todos son contrabandistas de ron y de <i>Marlboro<\/i> light, pues huyen\u201d (p. 140), o a asegurar que \u201cel cubismo se invent\u00f3 en Cuba\u201d (p. 215). Es especialista en desviar conversaciones cuando no le interesan, y, sobre todo, no quiere conflictos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Amalia tiene fotofobia, necesita poca luz si quiere ver bien, y quiz\u00e1s por eso, porque \u201caprendi\u00f3 a ver y a actuar en la sombra\u201d (p. 161) es la \u00fanica que consigue salvar de una peligrosa penumbra a su hija Emma, cuando se balanceaba furiosamente sobre una silla \u2013sobre su vida- mordisqueando una madalena y dando sorbos a una botella de agua con gas, a las cinco de la tarde, en su espera eterna en el bar de la Gran V\u00eda. Es la \u00fanica capaz, no solo de restar dramatismo al fracaso de la met\u00f3dica Silvia, sino de acogerla en su espacio luminoso y de devolverle esa sonrisa tierna que todos cre\u00edan muerta, muerta como los ojos de bacalao de su marido noruego: \u201cEs que siempre est\u00e1s de viaje, hija. Hasta cuando no viajas [\u2026] Siempre te est\u00e1s yendo\u201d. Es la \u00fanica que sabe que su hura\u00f1o hijo no puede renunciar a su abrigo, y por eso teje d\u00eda tras d\u00eda, una manta \u2013que todos consideran absurda- \u00a0para que cuando ella falte y se la eche encima, sea como si le diera todos esos abrazos que necesita y que nunca se deja dar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\u201cNo s\u00e9 por qu\u00e9 nos cuesta tanto decir las cosas en esta familia [\u2026] Con la de cosas que nos pasan, no?\u201d (p. 232), sentencia Amalia casi al amanecer, cuando el narrador, atisba, despu\u00e9s de esa larga e intensa noche, \u201cuna luz, en alguna parte de la madrugada\u201d. Se adivina, al fin, un amanecer violeta, que sugiere la posibilidad de cambio y de calma. Es el momento de poner la Silla de las Ausencias en su lugar y de abandonar el faro porque \u201cNo se puede encontrar paz evitando la vida, Leonard\u201d.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; Una madre, de Alejandro Palomas (Siruela, 2014), rese\u00f1a de Inmaculada Rodr\u00edguez-Moranta (Universitat Rovira y Virgili) Alejandro Palomas (Barcelona, 1967) es el autor de las novelas El tiempo del coraz\u00f3n (Nuevo Talento FNAC), El secreto de los Hoffman (finalista del Premio Novela Ciudad de Torrevieja 2008), El alma del mundo (finalista Premio Primavera 2011), El tiempo que nos une, Agua cerrada, y de dos poemarios. Pero \u00e9sta es la obra con la que parece haber disfrutado m\u00e1s, no solo durante su proceso de escritura, sino tambi\u00e9n por la calurosa acogida que est\u00e1 recibiendo (echen un vistazo a su perfil en Facebook o a las entusiastas rese\u00f1as de libreros y lectores que pueden rastrearse por la red y en la prensa). En efecto, el novelista ha creado un universo propio donde se entremezclan maravillosamente la comedia y el drama. Su manejo del tempo, sus di\u00e1logos \u00e1giles, hilarantes y conmovedores, y su n\u00edtida escenograf\u00eda pide a gritos que la obra sea llevada al cine. Pero el motivo del gran \u00e9xito ha sido, tal vez, la hospitalidad de la voz narradora. Extra\u00f1amente, todos los que hemos le\u00eddo Una madre nos hemos sentido invitados a esa cena de Nochevieja. 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