{"id":3141,"date":"2014-07-16T17:10:15","date_gmt":"2014-07-16T17:10:15","guid":{"rendered":"http:\/\/www.subverso.es\/?p=3141"},"modified":"2014-07-16T21:30:18","modified_gmt":"2014-07-16T21:30:18","slug":"vagido-de-veronica-zondek","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.subverso.es\/?p=3141","title":{"rendered":"Vagido, de Ver\u00f3nica Zondek (pr\u00f3logo a la reedici\u00f3n de Ed. Alquimia)"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"http:\/\/www.subverso.es\/wp-content\/uploads\/2014\/07\/15193_10152513703862232_8921992547992968337_n.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft wp-image-3146\" src=\"http:\/\/www.subverso.es\/wp-content\/uploads\/2014\/07\/15193_10152513703862232_8921992547992968337_n.jpg\" alt=\"15193_10152513703862232_8921992547992968337_n\" width=\"221\" height=\"297\" srcset=\"http:\/\/www.subverso.es\/wp-content\/uploads\/2014\/07\/15193_10152513703862232_8921992547992968337_n.jpg 716w, http:\/\/www.subverso.es\/wp-content\/uploads\/2014\/07\/15193_10152513703862232_8921992547992968337_n-246x330.jpg 246w\" sizes=\"(max-width: 221px) 100vw, 221px\" \/><\/a><\/p>\n<p>El vagido es el llanto de quien nace. Remite a la misma ra\u00edz latina de vagina, de donde emergen esos que lloran, situados \u2013antes de que empiecen los poemas de este libro\u2013 en los partos con que la autora lo subtitula y en la dedicatoria a sus hijos. Un comienzo literario que es el comienzo de la vida en s\u00ed, polis\u00e9mico ya desde la enunciaci\u00f3n de esos tres nombres cuyo origen hebreo es evidente en el primero \u2013que significa reunir y cosechar, usado por el poeta y m\u00fasico del rey David, oficios id\u00e9nticos entonces\u2013 y velado por el alem\u00e1n y el castellano en los dos siguientes, que refieren a la justicia divina. Con esta carga multicultural e irreductible de pasado y futuro, escritura y experiencia, Ver\u00f3nica Zondek vuelve a parir <em>Vagido <\/em>a veintitr\u00e9s a\u00f1os de su primera concepci\u00f3n.<\/p>\n<p>Son cada vez m\u00e1s escasas las referencias a la maternidad en la poes\u00eda chilena, en concordancia con el desvalor de \u00e9sta en las sociedades posmodernas, por oponerse de manera tan radical al individualismo y la propiedad \u2013alas posibles de una libertad que dista de ser inclusiva\u2013 y, por cierto, a la autonom\u00eda creciente de la mujer, que comienza por su cuerpo. Como contexto basten la transgresi\u00f3n negativa de los dos Nobel hace casi un siglo, con \u201cPoema del hijo\u201d de Gabriela Mistral en <em>Desolaci\u00f3n<\/em>, \u201cFarewell\u201d y \u201cMaternidad\u201d de Pablo Neruda en <em>Crepusculario <\/em>y en la segunda <em>Residencia en la tierra<\/em>, respectivamente. El poema de Mistral ilustra una de las tensiones centrales de <em>Vagido<\/em> pues, siguiendo la lectura de Jorge Guzm\u00e1n en \u201cPor hambre de su carne\u201d \u2013un t\u00edtulo parecido a los de Zondek\u2013 en \u00e9l la ausencia de un eje masculino define el yo po\u00e9tico mistraliano que pasa de la ilusi\u00f3n por el rol tradicional de la madre al rechazo del abandono posterior, y opta as\u00ed por la producci\u00f3n de escritura en vez de la de hijos.<\/p>\n<p>En nada exenta de este dolor, cuajado en la aspereza de su prosodia, Zondek re\u00fane la doble condici\u00f3n de parturienta de hijos y tambi\u00e9n, o primero, de lenguaje. La corporeidad con la que lo trabaja se hace carne en la lengua al decirlo: \u201cS\u00ed\/ \u2028tierra entreterrar quiero\/\u2028 para se\u00f1al de filo fingir\/ \u2028en el pelaje que cubre tu pudicia\u201d (II). \u201cS\u00ed, quiero\u201d como Molly Bloom, s\u00ed al cuerpo activo de la feminidad. La afirmaci\u00f3n y el deseo separados por la aliteraci\u00f3n m\u00e1s material de todas, la de adentrarse en la tierra, residir en ella como en la citada obra nerudiana aun a falta de una palabra que lo signifique, pues ese espacio lo llenan los neologismos, indispensables si se pretende permear una sociedad patriarcal, que se reproduce desde su lenguaje. A la radical dial\u00e9ctica mistraliana, Zondek propone una s\u00edntesis en las dos maneras conjuntas de creaci\u00f3n. Y como de un aserto as\u00ed de demandante nadie puede estar del todo segura, balbucea como una reci\u00e9n nacida, atomizando las palabras hacia sus s\u00edlabas fundantes, sobre todo cuando dan cuenta de la posesi\u00f3n en \u201cm\u00ed\u201d o \u201cme\u201d (X), y que al extenderlas es para denotar su p\u00e9rdida: \u201clo poco m\u00edo\u201d (XXII), por ejemplo.<\/p>\n<p>El obst\u00e1culo que instaura la maternidad en el ego\u00edsmo posmoderno es tratado aqu\u00ed, entonces, desde las fronteras mismas del castellano, que en sus reflejos como el pasivo o impersonal \u201cse\u201d evita la propiedad de las acciones que en el ingl\u00e9s \u2013por explicar con el idioma oficial de este mundo, vastamente versionado por la autora\u2013 pertenecen a quienes las realizan. En la ambig\u00fcedad de su silabeo entrecortado, Zondek construye la problem\u00e1tica relaci\u00f3n de madre e hijo, donde una extiende al otro como algo que, sin embargo, se constituye en tanto no es ella misma. Un instinto maternal de apropiarse del sujeto que es imposible de satisfacer, pues si ello sucediera, s\u00f3lo podr\u00eda lograrlo como objeto, esto es, quit\u00e1ndole la libertad, de acuerdo a la relaci\u00f3n del amo y del esclavo establecida por Hegel. Pero esa apropiaci\u00f3n tambi\u00e9n es la del amor, entendido ya no como deseo de lo que no se tiene sino como cuidado por lo que s\u00ed. En palabras de Cernuda, \u201cLibertad no conozco sino la libertad de estar preso en alguien\u201d y de eso pareciera tratarse <em>Vagido<\/em>: del amor y su inseparable dolor, que confirma una individualidad nueva, una vez desprendida de esa que era propia. De un instinto cuya incompatibilidad con los valores del cambio de siglo es s\u00f3lo aparente desde la lectura m\u00faltiple del evento mismo de la maternidad, que contiene en ella la paradoja que la exterioridad apenas vislumbra en sus virtudes de semejanza, \u201cmi m\u00ed\/ t\u00fa\/ mi yo\/ mi otra.\u201d (VI); esperanza, \u201ctrepar\/ todo suave\/ deslizando\/ se\/ perfecto\/ el desliz\u201d (XVI) y trascendencia \u201cEn m\u00ed lo tuyo. (\u2026) y m\u00e1s all\u00e1\/ sucede\/\u2028 que sucede\/ que suceder\u00e1s (XXIV). Ojos que ver\u00e1n lo que los propios no, justamente porque no son los propios, otredad que es profundizada por el cambio de voz en el poema final, incluido aqu\u00ed por primera vez.<\/p>\n<p>La ilaci\u00f3n de los versos y a la larga de los treinta y dos poemas es sonora a trav\u00e9s de campos sem\u00e1nticos distintos como en \u201ctranspiro tu vida\/ transcribo tu se\u00f1a\u201d (II) y de asonancias que por reiteradas dan con la musical monoton\u00eda del cultr\u00fan o de las rimas en verso de arte menor del siglo de oro, como en \u201cun sin salida\/ mi sal del llanto vida\/ por el lagrimal abierto\/ la esperanza que crece\/ ida\u201d (III). Las atm\u00f3sferas, en tanto, son construidas tambi\u00e9n gracias a la abstracci\u00f3n de versos como \u201cel miedo pulido\/ su lento viaje\u201d que son contrastados por la temperatura del cuerpo en \u201ctu tibio ojo\/ el m\u00edo.\u201d Con el verso estrecho a punta de elipsis, Zondek estruja las palabras hasta que goteen. Ya los primeros sintagmas del primer poema anuncian la rareza del resto y dan cuenta de la pluralidad de lenguas de cuya sintaxis se apropia, no como fin de la poes\u00eda, sino como medio para un discurso en cuya sensorialidad habita. \u00c9ste es el del asombro violento, que va perdiendo la sujeci\u00f3n al sentido sint\u00e1ctico y ganando el po\u00e9tico por sugerencia y asociaci\u00f3n a medida que avanza el libro, como si el lenguaje se desmembrara por insuficiente ante la experiencia de dar vida y darse en ella. La liberaci\u00f3n del sentido enarbolada por su contempor\u00e1neo N\u00e9stor Perlongher para significar el exceso, ac\u00e1 opera desde la esquina contraria de la falta, del corte abrupto ante la misma palabra sometida a juicio por transparente. La opacidad de <em>Vagido <\/em>no es la de los sentidos dinamitados, sino la que resulta de apretarlos en espacios m\u00ednimos: todo lo que el poema dice se encuentra en el mismo a la espera de un eventual desciframiento. Eventual por cuanto el poema no obliga a realizarlo fuera de su musicalidad. En esto sigue a G\u00f3ngora y tambi\u00e9n en que las im\u00e1genes se construyen en relaci\u00f3n oblicua con sus referentes, que en este caso son las situaciones \u00edntimas de lo maternal: \u201cme quema la pesta\u00f1a.\/\/ Tu aire todo para mi ojo\/\u2028 para entera verme t\u00fa\/\u2028 mi otro\/\u2028 sin la m\u00eda cumbre en tus cuatro pies\u201d (XIX) y son los finales de los poemas los que suelen amarrarlos en intensas confesiones como \u201ctiento\/ tent\u00e1ndome al desgajo continuo\/ que voy dej\u00e1ndome\/ \u2028en el camino\u201d (XX).<\/p>\n<p>El nacimiento y la muerte fluyen de manera casi as\u00e9ptica respecto de quienes padecen ambos, las mujeres. <em>Vagido<\/em> contamina ese fluido al radicar lo femenino en el vac\u00edo, en el hueco no solo de la vagina y del vientre, suaves; sino en el del hueso duro de la existencia fugaz, tan poroso como los primeros. Esta preocupaci\u00f3n permanente de la poes\u00eda por la tirantez entre Eros y T\u00e1natos, se presenta ac\u00e1 entre el adentro y el afuera de un cuerpo en el cual la muerte aparece de veras en el instante mismo en que cumple con traer otra vida que la reemplace. En el parto parte la larga agon\u00eda de la parturienta, consumada en el rol de reproducir la especie, pero tambi\u00e9n germina la vida por la simbiosis con el hijo, captada en giros como \u201chabiendo\/ me\u201d (XIX) y \u201cme nacer\u201d (XXV). La labor se proyecta a la protecci\u00f3n mam\u00edfera de la crianza en \u201cmi maduro\/\u2028madurando bajo el sol\u201d (V) y su vinculaci\u00f3n a la naturaleza. \u00c9sta impuso quiz\u00e1s la mayor violencia en el cuerpo femenino, la de cargar otro cuerpo, penetrada de ida al fecundarlo y de vuelta al dar a luz. Esa met\u00e1fora. Qu\u00e9 decir de cualquiera de los estados con que se la nombra: de gravidez (peso) o de embarazo (impedimento, dificultad, obst\u00e1culo), o cualquiera de los verbos para su sinonimia: enfermar (debilitar, menoscabar, invalidar) o pre\u00f1ar (llenar, henchir). Todas met\u00e1foras del cuerpo que se encuentran a lo largo de la obra de Zondek, tal vez radicalizadas en <em>El libro de los valles <\/em>(2003), pero tambi\u00e9n como seud\u00f3nimos del dolor en <em>Por gracia de hombre <\/em>(2009) y en <em>La ciudad que habito <\/em>(2012). Met\u00e1foras, cuerpo, y con esta reedici\u00f3n uno escritural que se completa, para beneficio de los lectores a destiempo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Enrique Winter.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El vagido es el llanto de quien nace. Remite a la misma ra\u00edz latina de vagina, de donde emergen esos que lloran, situados \u2013antes de que empiecen los poemas de este libro\u2013 en los partos con que la autora lo subtitula y en la dedicatoria a sus hijos. Un comienzo literario que es el comienzo de la vida en s\u00ed, polis\u00e9mico ya desde la enunciaci\u00f3n de esos tres nombres cuyo origen hebreo es evidente en el primero \u2013que significa reunir y cosechar, usado por el poeta y m\u00fasico del rey David, oficios id\u00e9nticos entonces\u2013 y velado por el alem\u00e1n y el castellano en los dos siguientes, que refieren a la justicia divina. Con esta carga multicultural e irreductible de pasado y futuro, escritura y experiencia, Ver\u00f3nica Zondek vuelve a parir Vagido a veintitr\u00e9s a\u00f1os de su primera concepci\u00f3n. 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