{"id":3582,"date":"2015-12-12T19:12:41","date_gmt":"2015-12-12T19:12:41","guid":{"rendered":"http:\/\/www.subverso.es\/?p=3582"},"modified":"2015-12-12T19:12:41","modified_gmt":"2015-12-12T19:12:41","slug":"el-sentimiento-de-la-vista-miguel-casado-tusquets-2015-por-rafael-morales-barba","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.subverso.es\/?p=3582","title":{"rendered":"El sentimiento de la vista (Miguel Casado, Tusquets, 2015), por Rafael Morales Barba"},"content":{"rendered":"<p><em>El sentimiento de la vista<\/em> (Miguel Casado, Tusquets, 2015)<a href=\"http:\/\/www.subverso.es\/wp-content\/uploads\/2015\/12\/Captura-de-pantalla-2015-12-12-a-las-20.05.29.png\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft wp-image-3583 size-full\" src=\"http:\/\/www.subverso.es\/wp-content\/uploads\/2015\/12\/Captura-de-pantalla-2015-12-12-a-las-20.05.29.png\" alt=\"Captura de pantalla 2015-12-12 a la(s) 20.05.29\" width=\"273\" height=\"274\" srcset=\"http:\/\/www.subverso.es\/wp-content\/uploads\/2015\/12\/Captura-de-pantalla-2015-12-12-a-las-20.05.29.png 273w, http:\/\/www.subverso.es\/wp-content\/uploads\/2015\/12\/Captura-de-pantalla-2015-12-12-a-las-20.05.29-50x50.png 50w\" sizes=\"(max-width: 273px) 100vw, 273px\" \/><\/a><\/p>\n<p>Ha escrito Miguel Casado un libro sobre la intemperie o precariedad de ser en el tiempo, desde una acendrada austeridad de estilo o, si prefieren, desde una desnuda intensidad. Lo ha hecho con laconismo preciso, escueto y sobrio, donde las estampas ocasionales como simple presencia parecen querer tener significaci\u00f3n fenomenol\u00f3gica o la tienen en un mundo dis\u00e9mico, anfibol\u00f3gico: el agua, la noche, el insomnio, la oscuridad, la mirada\u2026toman bajo esa luz otro sentido. Nada nuevo que no alumbre la famosa tumba de Paestum, aunque all\u00ed el nadador se arrojaba al agua con decisi\u00f3n desde las columnas de H\u00e9rcules. Mucha eleg\u00eda trae la poes\u00eda espa\u00f1ola en sus albardas en los \u00faltimos a\u00f1os como para sorprendernos un nuevo tristear. Lo innovador es la concisa y parca po\u00e9tica pongiana de Miguel Casado; desnuda y minuciosa, recortada con dolor, incluso con cierta pusilanimidad de \u00e1nimo, si se me permite, que se asoma al pretil de <em>la poes\u00eda de la edad<\/em> y la eleg\u00eda. Lo hace sin resistencia ante cuanto fluye, cuando durar o sentirse superviviente cansa incluso, y no se guarda ya ilusi\u00f3n o esperanza ante lo trascendente y lo inmanente, sino aceptaci\u00f3n o desencanto en alg\u00fan caso. Estamos ante la po\u00e9tica confesa de hombre extenuado y aferrado a la poes\u00eda junto al pensamiento, vivida desde la precariedad desanimada del autorretrato fr\u00e1gil, del <em>hombre flaco y ya mayor<\/em>. El insomnio existencial ha crecido y el olvido del ser repiquetea, como la fuente nocturna su heideggeriano <em>\u00bfpor qu\u00e9 hay algo m\u00e1s bien que nada?<\/em>&#8230; s\u00f3lo p\u00e9rdidas, nos muestra. Un momento de nuestra poes\u00eda incapaz de renunciar a Heidegger, maestros y disc\u00edpulos, que tanta presencia desde los \u00e1mbitos re\u00fanen <em>pensamiento y poes\u00eda<\/em> (pensamiento po\u00e9tico), para contarnos que vamos a morir. A sufrir por la duraci\u00f3n y la presencia. Yo, que prefiero a Jorge Manrique a Heidegger y a Mar\u00eda Zambrano, puestos a pensar y saber decirlo desde el poema (soy un medieval), soy defensor de que la poes\u00eda deba ser tambi\u00e9n una terapia contra el dolor, una salvaci\u00f3n, o expresi\u00f3n de lo complejo de ser en su multiplicidad de facetas. No solo ahondamiento fenomenol\u00f3gico, que est\u00e1 muy bien, cuando se hace con originalidad como Miguel Casado. Pero quiz\u00e1 el exceso de eleg\u00eda y desencanto de ciertos sectores intelectuales occidentales est\u00e9n arrinconando el poema en un mismo escal\u00f3n, aunque el estadio sea grande. La inmersi\u00f3n en el dolor, veteado con algunos gui\u00f1os sociales, se ha hecho monotem\u00e1tica en los \u00faltimos a\u00f1os y en algunas promociones, frente al mundo de a la alegr\u00eda por el dolor, a la superaci\u00f3n y no su ensimismamiento o enquistamiento. Una herencia del dado algunos buenos frutos desde Gamoneda- Valente-S\u00e1nchez Robayna (con convincente excusa hist\u00f3rica en alg\u00fan caso -el leon\u00e9s-), hasta este libro de Miguel Casado, junto a todos aquellos otros que de una manera m\u00e1s circunstancial o como hiperestesia desde j\u00f3venes (Ben\u00edtez Reyes), lo han venido haciendo antes de cuanto llamamos <em>poes\u00eda de la edad<\/em>. Los nombres de lo eleg\u00edaco y pensativo son abundantes en lo intergeneracional: Trapiello, Eloy S\u00e1nchez Rosillo, David Pujante, Chantal Maillard, Luis Alberto de Cuenca, Miguel D\u00f2rs, Garc\u00eda Vald\u00e9s, Javier Rodr\u00edguez Marcos, Vicente Valero, Miguel Casado, Garc\u00eda Montero, Juan Lamillar y aqu\u00ed lo dejo sin rellenar seis o siete p\u00e1rrafos m\u00e1s\u2026lo extra\u00f1o ser\u00eda encontrar un poeta festivo o enamorado como Lope de Vega. Bromas aparte Miguel Casado, desde esta perspectiva eleg\u00edaca, pensativa y donde tristea como pocos, propone con talento un tono, un decir diferente, diferenciado en espa\u00f1ol. Y ese es sin duda uno de sus m\u00e9ritos, pues saber decir desde el verso es la verdad del poema, y as\u00ed me parece que ocurre con este dif\u00edcil, y aparentemente libro llano.<\/p>\n<p><em>El sentimiento de la vista<\/em> no deja de ser una mirada sobre el mundo desde la melancol\u00eda replegada (angustiosamente demorada), contenida, desnuda de ornato, para enfocar ese interregno entre el yo y el objeto, entre el yo y la p\u00e9rdida. Una mirada en la espera, remansada, pero hondamente conmocionada tras el peplo de la palabra: <em>la vida se va en los ojos<\/em>, nos dice con hiperestesia el contemplativo. Mirar y sentir las cosas duele (sentir la mirada), aunque sean lo que son en su opacidad interpretada para quien es transportado por el tiempo, arrojado a \u00e9l en un deseo de religar lo que la inteligencia ha dispersado o des-significado contextualmente y ya no puede volver a ser sino memoria, circunstancia, objeto, herida o fragmento. Sin salvaci\u00f3n, pero con memoria y presente heridos, su po\u00e9tica del malestar se hace insomnio donde todo se desambla o puede tener otro ensamblaje, o todo el sinsentido de la abstracci\u00f3n y del absurdo. La conmoci\u00f3n como debilitamiento en esa falta de teleolog\u00eda salvo ese quietismo impotente, que encuentra el verso como refugio, o la mesa apartada del caf\u00e9, ya no las luminosas. O como el fin de la certeza o de imponer(se) otra certeza liberadora, cuando no hay impulso (ni para saltar como en Paestum), sino pliegue, repliegue, retaguardia, edad\u2026O la falta de fuerza para generar en todo caso algunas l\u00edneas m\u00e1s all\u00e1 de las ocasionales de identidad (amor), o pol\u00edticas (aparecen como gui\u00f1o sucinto y secundario, pero sentido, como ocurri\u00f3 tambi\u00e9n en Garc\u00eda Montero), pues lo importante es la propia conmoci\u00f3n. O ese dique imposible al tiempo o el r\u00edo que nos lleva. Cu\u00e1nta agua hay en esa extra\u00f1eza de estar todav\u00eda aqu\u00ed, a\u00fan aqu\u00ed, con todo cumplido en lo fundamental, y empezando a ser mera duraci\u00f3n sin resistencia: <em>Nos protegemos\/ con la pared para seguir hablando<\/em> (y por supuesto aparece en varias ocasiones la figura del <em>mendigo<\/em>, con cuanto viene desde Juan Ram\u00f3n en este sentido. Sin su jard\u00edn, claro est\u00e1\u2026). Miguel Casado es expl\u00edcito: <em>\u00edbamos sintiendo\/ \u00e1rida nuestra resistencia<\/em>. Hay pues un silencio de la palabra parecido a la resignaci\u00f3n, pues <em>vivir empieza a parecerse a sobrevivir<\/em>. Y un insomnio que escucha gotear el agua de una fuente (de una nevera etc en otros, pues el tema es como el del vaso de agua), en ese silencio, pero sobre todo, desde <em>un silencio\/ parecido a la <\/em>impotencia. No el de Paolo Valesio y el de escuchar el silencio, sino el de contemplar el silencio, sentirlo o recorrerlo extenuado por el viaje, vaciado, <em>sin m\u00ed<\/em>.<\/p>\n<p>En efecto, Miguel Casado ha escrito un libro diferente asido a un tono(es el traductor de Francis Ponge, recuerden al respecto). Un poemario monotem\u00e1tico en la pr\u00e1ctica sobre tiempo y muerte, para mayores de 55 a\u00f1os, con seis rombos. Fernando Pessoa, como es sabido, desaconsejaba alguna de sus lecturas por excesivamente da\u00f1inas: <em>mi vida es treinta por ciento de vida<\/em>, nos recuerda al respecto Casado desde el dada\u00edsmo. La fortaleza de Casado ante un tema tan usado hoy, se basa en su capacidad de transmitir todo ese quietismo herido de edad y cuanto implica. Un tono y verbo desnudos para mostrar todo ese despojamiento de su cuerpo y su \u00e1mbito, como el de los \u00e1rboles en invierno, hacia el paisaje espectral. O todo ese mundo de peque\u00f1as escenas, donde ficci\u00f3n y verdad parecen fantasmas: la aparici\u00f3n del padre en sue\u00f1os, una figura en la plaza Syntagma; una realidad fantasmag\u00f3rica, en penumbra, velada, o la precariedad del mendigo (o de la ni\u00f1a que sobrevuela un cristal fun\u00e1mbula sobre unas ruinas o capas de tiempo). Una precariedad que se hace una resistencia o residencia no deseada, o la orfandad cuando <em>no sabe si queda tiempo<\/em>. El cuerpo propio, que muestra en el retrato desnudo y de pocas fuerzas, sin \u00e1nimo, encuentra sus correspondientes: desamparo de un pa\u00eds que es visto <em>con el coraz\u00f3n en ruinas<\/em>, y sit\u00faa el punto de la voz desde una serena insurgencia, sin crispaci\u00f3n rememorando, contemplando, escuch\u00e1ndose. No existe el grito de Munch, sino la conmoci\u00f3n herida, desasosegada, desencantada El libro tambi\u00e9n encierra igualmente esos pespuntes de resistencia c\u00edvica, donde los muertos viven a pesar del hormig\u00f3n en los campos abandonados. No muchos pero entreverados aqu\u00ed y all\u00e1, y se hacen veros\u00edmiles, frente a su uso fr\u00edvolo, desencarnado de su po\u00e9tica que alguna vez hemos le\u00eddo. El poeta escribe la insurgencia, la de quienes no fueron d\u00f3ciles aqu\u00ed o en Palestina (<em>sentada la multitud\/no s\u00e9 si hace historia<\/em>), pero no es el aspecto fundamental del libro, mucho m\u00e1s atento al yo y a su \u00e1mbito \u00edntimo (un amigo que el tiempo no devuelve, el bello poema de amor dedicado a una mujer. Un mundo de peque\u00f1as escenas donde la vigilia del contemplante significa en su laconismo el tomar partido por las cosas en su simple presencia. En ese el mundo natural su mirada va dando la pista en ocasiones la pista desde las analog\u00edas, los gruesos troncos que han perdido consistencia y resistencia, reblandecidos, el olor de las hojitas de romero que a\u00fan guardan algo de perfume, los bald\u00edos del campo donde la vida es sometida con herbicidas, la precariedad de los \u00e1rboles, los colores del r\u00edo o la noche y la oscuridad invasoras. M\u00e1s all\u00e1 de las peque\u00f1as escenas, de las peque\u00f1as acuarelas (<em>el agua del canal es intensamente<\/em>)<em>, <\/em>el mundo natural se significa desde esa perspectiva muy pongiana (<em>La arista de los cerros aparece<\/em>), entre tantos. Y junto a ellas la mano del poeta austera, intensa, as\u00e9ptica a veces, cauta, precisa. S\u00ed. Ha escrito un libro diferente y muy interesante desde la desnudez significante, fenomenol\u00f3gica. Y ha tristeado como casi nadie desde ese lugar donde poes\u00eda y filosof\u00eda se encuentran y el poetizar filos\u00f3ficamente adquiere sentido. Yo, que no soy muy pongiano, debo reconocer a <em>El sentimiento de la vista<\/em> su ir poco a poco convenci\u00e9ndome, venci\u00e9ndome en su saber decir diferente. Un libro con personalidad en el saber decir lo de todos desde su intemperie o precariedad, despojamiento verbal, de un artista que lo ha logrado ser con talento. <em>Mirar es compartir un mundo<\/em>, pero el sentimiento de la mirada es precisamente la p\u00e9rdida del mirar, su augurio, el creciente desamparo atado a un tono nuevo en espa\u00f1ol, casi un susurro o un desfallecimiento. Pero esto ya lo hab\u00edamos dicho. Rafael Morales Barba<\/p>\n<div id=\"link64_adl_tabid\" style=\"display: none;\" data-url=\"http:\/\/www.subverso.es\/wp-admin\/post.php?post=3582&amp;action=edit\">2905<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El sentimiento de la vista (Miguel Casado, Tusquets, 2015) Ha escrito Miguel Casado un libro sobre la intemperie o precariedad de ser en el tiempo, desde una acendrada austeridad de estilo o, si prefieren, desde una desnuda intensidad. 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