{"id":3621,"date":"2016-01-11T09:07:25","date_gmt":"2016-01-11T09:07:25","guid":{"rendered":"http:\/\/www.subverso.es\/?p=3621"},"modified":"2016-01-11T09:07:25","modified_gmt":"2016-01-11T09:07:25","slug":"ethos","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.subverso.es\/?p=3621","title":{"rendered":"ETHOS"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"http:\/\/www.subverso.es\/wp-content\/uploads\/2016\/01\/7-Las-bodas-de-oro-de-mi-colegio.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"wp-image-3623 aligncenter\" src=\"http:\/\/www.subverso.es\/wp-content\/uploads\/2016\/01\/7-Las-bodas-de-oro-de-mi-colegio-218x330.jpg\" alt=\"7 Las bodas de oro de mi colegio\" width=\"204\" height=\"309\" srcset=\"http:\/\/www.subverso.es\/wp-content\/uploads\/2016\/01\/7-Las-bodas-de-oro-de-mi-colegio-218x330.jpg 218w, http:\/\/www.subverso.es\/wp-content\/uploads\/2016\/01\/7-Las-bodas-de-oro-de-mi-colegio.jpg 924w\" sizes=\"(max-width: 204px) 100vw, 204px\" \/><\/a><\/p>\n<p>Una angustiosa b\u00fasqueda de la autenticidad, de la originalidad a cualquier precio, marca el concepto de cultura a principio de este siglo XXI, pero hace cien a\u00f1os nadie daba importancia a esa pirueta estil\u00edstica que te convierte en imprescindible; vivir era la consigna, no perdurar. Lo parad\u00f3jico es que mientras toda una generaci\u00f3n busca motivos de provocaci\u00f3n, aquellos que no pensaban m\u00e1s que en llegar dignamente a final de mes lograron <em>\u00e9pater <\/em>a una sociedad educada en la recreaci\u00f3n de im\u00e1genes imposibles sacadas de unos vers\u00edculos indescifrables. La zafiedad de algunos libros les deb\u00eda causar perplejidad, aunque ese estilo directo, que contaba historias cotidianas, era simple observaci\u00f3n de un entorno que no era \u00e9pico, y su lenguaje era tan vulgar como el que se escuchaba en la calle. Algo que irrit\u00f3 a una cr\u00edtica encantada ante el discurso sin palabras, siempre a la busca de un s\u00edmbolo que tenga potencia, de ese algo que acerca al hombre a la divinidad\u2026 En vez de hacerle oler el fango de unas calles por las que, en su turbia imaginaci\u00f3n, desfilaban los esplendores imperiales. Algo realmente inadmisible para la est\u00e9tica de la inmolaci\u00f3n, del sacrificio por ideales tan inamovibles como obtusos.<\/p>\n<p>La lucha de los autores de novela popular no era por la fama, ellos quer\u00edan vivir de sus derechos de autor. No escrib\u00edan sobre las grandes verdades patrias y, adem\u00e1s, pretend\u00edan cobrar por sus obras, Cervantes y Larra se revolv\u00edan en su tumba, espa\u00f1oles dedicados a la cultura y que no estaban, ni en la miseria, ni en la c\u00e1rcel, ni en el exilio, la Naci\u00f3n se resquebrajaba ante tama\u00f1a osad\u00eda (aunque afortunadamente los pedazos quedaron unidos en un tiempo razonable con la argamasa fraguada con la sangre de los asesinados a partir de 1936). Un sue\u00f1o, pero durante un breve periodo de tiempo hubo una t\u00edmida industrializaci\u00f3n de la cultura que permit\u00eda vivir dignamente de ella, aunque no exenta de estafas m\u00e1s o menos conocidas.<\/p>\n<p>Ram\u00f3n Sopena estamp\u00f3 esta nueva realidad en sus ediciones, en las que deb\u00eda pegarse un sello que garantizaba el cobro de los derechos de autor, y as\u00ed se advert\u00eda en un recuadro de la portadilla: <em>Todo ejemplar que circule sin estampilla ser\u00e1 considerado ilegal<\/em>. Mensaje que se recordaba al final de cada obra; <em>Lector: Si este libro te agrada, no lo prestes. Porque rest\u00e1ndome compradores, agradecer\u00edas el deleite que me debes, devolviendo mal por bien. Si este libro no te agrada, no lo prestes. Porque obra insensatamente quien propaga lo malo. Prestar un libro es un gran perjuicio para el autor que cobra derechos por ejemplar vendido<\/em>. Un loable prop\u00f3sito que permiti\u00f3 a autores como Vargas Vila<a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">[1]<\/a> vivir holgadamente de su producci\u00f3n literaria, ya que supo captar la atenci\u00f3n con su estilo directo, frases breves e historias desgarradoras. Un modelo de empresa que pronto qued\u00f3 en evidencia, cuando los autores perdieron la ingenuidad y se dieron cuenta de los tejemanejes del editor. El m\u00e1s expl\u00edcito fue Zamacois, a su vez dedicado a las labores de editor honrado, en sus reediciones advert\u00eda:<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">A MIS LECTORES<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">Mis doce o quince primeros libros: <em>La enferma<\/em>, <em>Punto-Negro<\/em>, <em>El<br \/>\n<\/em><em>Seductor<\/em>, <em>Duelo a Muerte<\/em>, etc., fueron escritos a vuela pluma,<br \/>\nbajo la presi\u00f3n de la Necesidad, y vendidos a precios irrisorios a<br \/>\nla Casa editorial Sopena, la cual, despu\u00e9s de veinte a\u00f1os,<br \/>\ncontin\u00faa public\u00e1ndolos con los mismos deplorables andrajos<br \/>\nliterarios con que aparecieron.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">Pero yo, persuadido de que no merec\u00edan este mal trato, acud\u00ed a<br \/>\ncorregirlos, y tan honrada y perseverante aplicaci\u00f3n puse en ello,<br \/>\nque casi \u201che vuelto a escribirlos\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">Por consiguiente, la \u00fanica edici\u00f3n que me atrevo a recomendar a<br \/>\nmis lectores es la de RENACIMIENTO. Todas las anteriores<br \/>\n\u2015especialmente aquellas de\u00a0 la Casa editorial Sopena\u2015 son<br \/>\nexecrables y \u00fanicamente merecen olvido. Yo no las reconozco,<br \/>\nno las autorizo; yo no escribir\u00e9 jam\u00e1s sobre la primera p\u00e1gina de<br \/>\nesos vol\u00famenes una dedicatoria\u2026<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">Por rescatar los millares de ejemplares que de esas ediciones<br \/>\nse han vendido dar\u00eda el autor su mano derecha\u2026<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Felipe Trigo y Vargas Vila marcaron el camino, se pod\u00eda vivir dignamente de los derechos de autor, la bohemia que tantos r\u00e9ditos literarios hab\u00eda dado a los autores de principio de siglo empezaba a quedar como una pose o, en el peor de los casos, como forma de vida de un pu\u00f1ado de inadaptados. Los editores empezaban a pagar dignamente a unos autores que complementaban sus ingresos con cargos p\u00fablicos, como Carrere, con un sinf\u00edn de actividades repartidas entre lo p\u00fablico, la escenograf\u00eda y el cupl\u00e9 como Retana, o con traducciones como Belda. El ambiente social en que se mov\u00edan la mayor\u00eda de los autores era poco dado a las extravagancias de Antonio de Hoyos y Vinent al que su origen y vasta cultura le permit\u00eda encajar en cualquier ambiente con naturalidad. Lo m\u00e1s habitual era llegar a la sicalipsis desde la burgues\u00eda m\u00e1s ortodoxa; Belda describe una estricta formaci\u00f3n en el colegio de los jesuitas de Orihuela (al que tambi\u00e9n asisti\u00f3 Artemio Precioso y critica en su obra \u201cEl hijo legal<a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\">[2]<\/a>\u201d), en el libro \u201cLas bodas de oro de mi colegio\u201d<a href=\"#_ftn3\" name=\"_ftnref3\">[3]<\/a>, que choca con la imagen que la prensa de la \u00e9poca daba de \u00e9l. Si seguimos su trayectoria en pr\u00f3logos y entrevistas descubrimos a una persona cultivada: \u201c<em>No se traduce para los escritores: todo escritor espa\u00f1ol que no lea el franc\u00e9s y el italiano <\/em><em>\u2014digo leer, no hablar<\/em><em>\u2014 no merece la consideraci\u00f3n de tal<\/em>\u201d<a href=\"#_ftn4\" name=\"_ftnref4\">[4]<\/a>. Y enfoca su trabajo con un criterio moderno: \u201c<em>Se traduce para un p\u00fablico que no sabe leer franc\u00e9s (\u2026) y lo que hay que hacer es darle, con palabras espa\u00f1olas, la sensaci\u00f3n aproximada, ya que la misma es imposible en la mayor parte de los casos, a la que dio en su lengua el autor original<\/em>\u201d<a href=\"#_ftn5\" name=\"_ftnref5\">[5]<\/a>.<\/p>\n<p>Ya en 1900, uno de los primeros propagadores de la sicalipsis, Eduardo Zamacois, nos describe en su novela \u201cIncesto\u201d<a href=\"#_ftn6\" name=\"_ftnref6\">[6]<\/a>, la situaci\u00f3n acomodada de uno de estos escritores galantes que se ganaba la vida excitando a sus lectores pero en su casa impon\u00eda la m\u00e1s dura moral burguesa. G\u00f3mez-Urquijo, podr\u00eda ser el reflejo de muchos de estos autores que no reflejaban en sus obras su vida. Por supuesto la trama est\u00e1 precisamente en que la hija de este autor galante, Mercedes, empieza a comportarse como en las novelas de su padre, lo que le hace exclamar a este al final de la obra: \u201c\u2026<em>\u00e9l hab\u00eda corrompido a su hija, \u00e9l posey\u00f3 su alma, y aquel incesto abominable lo continuaba otro hombre<\/em>\u2026 <em>\u2014\u00a1Yo fui, yo fui<\/em>\u2014 <em>Repet\u00eda<\/em>\u201d<a href=\"#_ftn7\" name=\"_ftnref7\">[7]<\/a>. Es tentador imaginarse un principio de siglo como el descrito en las novelas de todo los autores populares, pero era mucho m\u00e1s f\u00e1cil encontrarse con Vicente D\u00edez de Tejada<a href=\"#_ftn8\" name=\"_ftnref8\">[8]<\/a> en su caseta de tel\u00e9grafos que con Julito Calabr\u00e9s<a href=\"#_ftn9\" name=\"_ftnref9\">[9]<\/a>.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/www.subverso.es\/wp-content\/uploads\/2016\/01\/7-Derechos-de-autor.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"wp-image-3622 size-large aligncenter\" src=\"http:\/\/www.subverso.es\/wp-content\/uploads\/2016\/01\/7-Derechos-de-autor-220x330.jpg\" alt=\"7 Derechos de autor\" width=\"220\" height=\"330\" srcset=\"http:\/\/www.subverso.es\/wp-content\/uploads\/2016\/01\/7-Derechos-de-autor-220x330.jpg 220w, http:\/\/www.subverso.es\/wp-content\/uploads\/2016\/01\/7-Derechos-de-autor.jpg 892w\" sizes=\"(max-width: 220px) 100vw, 220px\" \/><\/a><\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\">[1]<\/a> Jos\u00e9 Mar\u00eda de la Concepci\u00f3n Apolinar Vargas Vila Bonilla (1860-1933), activista pol\u00edtico y novelista autodidacta que se curti\u00f3 en las guerras civiles de Colombia. Profundamente anticlerical tend\u00eda a apoyar cualquier expresi\u00f3n radical contra las injusticias y el imperialismo. Como novelista se decant\u00f3 por la sicalipsis, siendo excomulgado por su novela Ibis.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\">[2]<\/a> El hijo legal, Artemio precioso, Ed. Librer\u00eda Rivadeneyra, Madrid 1922.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref3\" name=\"_ftn3\">[3]<\/a> Joaqu\u00edn Belda, Las bodas de oro de mi colegio, Biblioteca Hispania, Madrid s\/f, La obra se termin\u00f3 en febrero de 1923.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref4\" name=\"_ftn4\">[4]<\/a> Joaqu\u00edn Belda, pr\u00f3logo a \u201cLa maison Philibert\u201d de Jean Lorrain, Biblioteca Nueva, Madrid s\/f.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref5\" name=\"_ftn5\">[5]<\/a> Idem<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref6\" name=\"_ftn6\">[6]<\/a> Incesto, Eduardo Zamacois, Ed. Ram\u00f3n Sopena, Barcelona s\/f.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref7\" name=\"_ftn7\">[7]<\/a> Idem.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref8\" name=\"_ftn8\">[8]<\/a> Vicente D\u00edez de Tejada (1872-1940), profesionalmente ejerci\u00f3 como jefe de tel\u00e9grafos en Arenys de Mar, lo que no le impidi\u00f3 tener una abundante obra de narrativa breve.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref9\" name=\"_ftn9\">[9]<\/a> Alter ego de Antonio de Hoyos y Vinent, personaje secundario de muchas de sus novelas.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Una angustiosa b\u00fasqueda de la autenticidad, de la originalidad a cualquier precio, marca el concepto de cultura a principio de este siglo XXI, pero hace cien a\u00f1os nadie daba importancia a esa pirueta estil\u00edstica que te convierte en imprescindible; vivir era la consigna, no perdurar. Lo parad\u00f3jico es que mientras toda una generaci\u00f3n busca motivos de provocaci\u00f3n, aquellos que no pensaban m\u00e1s que en llegar dignamente a final de mes lograron \u00e9pater a una sociedad educada en la recreaci\u00f3n de im\u00e1genes imposibles sacadas de unos vers\u00edculos indescifrables. La zafiedad de algunos libros les deb\u00eda causar perplejidad, aunque ese estilo directo, que contaba historias cotidianas, era simple observaci\u00f3n de un entorno que no era \u00e9pico, y su lenguaje era tan vulgar como el que se escuchaba en la calle. Algo que irrit\u00f3 a una cr\u00edtica encantada ante el discurso sin palabras, siempre a la busca de un s\u00edmbolo que tenga potencia, de ese algo que acerca al hombre a la divinidad\u2026 En vez de hacerle oler el fango de unas calles por las que, en su turbia imaginaci\u00f3n, desfilaban los esplendores imperiales. 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