{"id":3654,"date":"2016-02-16T10:52:26","date_gmt":"2016-02-16T10:52:26","guid":{"rendered":"http:\/\/www.subverso.es\/?p=3654"},"modified":"2016-02-16T10:52:26","modified_gmt":"2016-02-16T10:52:26","slug":"de-la-posada-al-hotel-parte-1-por-enrique-alonso","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.subverso.es\/?p=3654","title":{"rendered":"DE LA POSADA AL HOTEL parte 1, por Enrique Alonso"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<p>A trav\u00e9s de este conjunto de an\u00e9cdotas hist\u00f3ricas se puede ver a un pueblo que transita de un mundo que se acababa a otro que nadie sab\u00eda en qu\u00e9 consist\u00eda exactamente, de la hipocres\u00eda decimon\u00f3nica al caos que se produce cuando se rompen las reglas y nadie ha pensado con que nuevo disparate hay que sustituirlas. Un tr\u00e1nsito que fue de todo menos fluido. Ram\u00edrez \u00c1ngel lo describe perfectamente a trav\u00e9s del s\u00edmbolo de las hospeder\u00edas, hab\u00eda una Espa\u00f1a que quer\u00eda ir hacia el hotel confortable que se iba imponiendo en Europa, mientras otros segu\u00edan anclados en las posadas. <em>A tan pintoresco estatismo contribuye la laya de la clientela: trajinantes, vagabundos, buhoneros, campesinos, galloferos y mercaderes de baja estofa: lo que pasa, lo que huye, lo que merodea, lo que resbala. Gente casi toda sin pretensiones sociales, pobre de meollo, de bolsillo o de virtud, que, si tiene dinero, lo recata, y si posee inteligencia, la disimula<\/em><a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">[1]<\/a>.<\/p>\n<p>Dos sociedades antag\u00f3nicas que no se miran a los ojos, que no comparten nada m\u00e1s que ese solar en el que nadie se ha molestado en hacer una patria, a pesar de toda la verborrea vertida al respecto, en d\u00f3nde \u00fanicamente germinan rencores. Basta un r\u00e1pido vistazo a la literatura de la \u00e9poca para ver el desconcierto general en el que estaban sumidos unos y otros, algo que queda plasmado en la est\u00e9tica. En las capitales industrializadas, inevitablemente, las clases populares ve\u00edan esa transformaci\u00f3n en su entorno, pero en las ciudades de provincias y en las zonas rurales se permanec\u00eda ajeno a esos cambios que \u00fanicamente les llegaban por la prensa o en las ilustraciones de las novelas breves, donde las damas decentes encontraban a <em>\u00a1Unas tiotas cochinas! \u00a1Unas indecentonas, que deb\u00edan estar emplumadas! \u00a1Da asco, asco, ganas de vomitar!\u2026 \u00a1Las faldas ce\u00f1idas, bien ce\u00f1idas, se\u00f1alando todo lo que dios le dio! \u00a1Cochinas, m\u00e1s que cochinas, deber\u00edan azotarlas<a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\"><strong>[2]<\/strong><\/a>!<\/em> Pueblos elegidos que se revuelcan en el sufr<img loading=\"lazy\" class=\"wp-image-3658  aligncenter alignleft\" src=\"http:\/\/www.subverso.es\/wp-content\/uploads\/2016\/02\/12-I-302x330.jpg\" alt=\"12 I\" width=\"267\" height=\"292\" srcset=\"http:\/\/www.subverso.es\/wp-content\/uploads\/2016\/02\/12-I-302x330.jpg 302w, http:\/\/www.subverso.es\/wp-content\/uploads\/2016\/02\/12-I.jpg 684w\" sizes=\"(max-width: 267px) 100vw, 267px\" \/>imiento para poder tener su peque\u00f1a parcela en el para\u00edso, mientras los que no esperan nada m\u00e1s que llegar a final de mes echan mano del registro ret\u00f3rico y construyen una nueva narrativa.<\/p>\n<p>La generaci\u00f3n del Cuento Semanal se aprovecha de una nueva realidad que se va imponiendo desde finales del siglo XIX, la publicidad. Se dan cuenta que asociar la imagen al texto hace mucho m\u00e1s comprensible el mensaje que se quiere transmitir, que la transcendencia espiritual no llegar\u00e1 nunca tan lejos como un disparate ingenioso y que al lector medio le interesan m\u00e1s los problemas cotidianos que las atormentadas reflexiones sobre el destino de Espa\u00f1a. V\u00e9ase actualmente el \u00e9xito de princesas del pueblo o patanes sin oficio ni beneficio arrasando en los medios de comunicaci\u00f3n. El periodista Mariano de Cavia, en un art\u00edculo titulado: \u00a1Ni en Chicago!<a href=\"#_ftn3\" name=\"_ftnref3\">[3]<\/a>, utiliza una imagen publicitaria que nos puede servir de referencia para entender la forma de escribir que se impondr\u00eda con el cambio de siglo.<\/p>\n<p>La s\u00e1tira como desarrollo narrativo. Parafraseando libremente a Prot\u00e1goras, el ser humano es la medida de todas las cosas; no somos el reflejo de algo m\u00e1gico o superior y, sin embargo, nos incomoda ver nuestra imagen sin los artificios de la ficci\u00f3n. Por eso nos inventamos la moral, que var\u00eda al un\u00edsono de unas sociedades que, lejos de ser abstractas e invariables, se modifican con cada experiencia. La naci\u00f3n cat\u00f3lica que se sosten\u00eda sobre pueblos resignados en su miseria, de comulgantes en la iglesia de Nuestra Se\u00f1ora de la Rutina, se empieza a revolver. La novela de quiosco no es m\u00e1s que el reflejo en papel del conflicto que existe en la calle, el sendero que buscamos en el horizonte y que nunca encontramos porque est\u00e1 bajo nuestros pies. Las hip\u00f3tesis c\u00f3modas, esas que dispensan de reflexionar, se derrumban ante la m\u00e1s leve provocaci\u00f3n, descolocando a una recatada clase media que todav\u00eda idealiza las relaciones sentimentales y prefiere los amores trascendentes a los carnales.<\/p>\n<p>Aquellos libros eran algo m\u00e1s que palabras, fueron un s\u00edmbolo de algo que no termin\u00f3 de nacer en aquel primer tercio del siglo XX. Estamos en uno de esos extra\u00f1os momentos de ruptura que se produjeron en una sociedad tan at\u00e1vica como la espa\u00f1ola, un cambio inexplicable sin el concurso de la imagen, que lograba llevar esa nueva est\u00e9tica que sobrepasaba lo meramente ornamental hasta los rincones m\u00e1s insospechados. Desde los m\u00e1s obvios como el vestir, los peinados, la irrupci\u00f3n del autom\u00f3vil en las ciudades; hasta cambios a simple vista intrascendentes como la sustituci\u00f3n del camis\u00f3n de dormir por el pijama, o la llegada de negros estadounidenses con sus nuevos ritmos. En las p\u00e1ginas de la novela de quiosco vemos como las faldas se van acortando, la r\u00edgida moral relajando y el idealismo rom\u00e1ntico torn\u00e1ndose carnal; el canon 28 laico. El monopolio de la virtud, la moral y las verdades le son arrebatados a la iglesia, lo que conllevaba una p\u00e9rdida de poder que no estaban dispuestos a aceptar. La guerra se empez\u00f3 a gestar en cuanto se llev\u00f3 la cuesti\u00f3n religiosa al parlamento, la pornograf\u00eda les importaba un bledo, llevaba practic\u00e1ndose desde la antig\u00fcedad; para eso se inventaron canonj\u00edas, confesiones, bulas y dem\u00e1s zarandajas, pero no pod\u00edan permitir que la red tejida durante cientos de a\u00f1os se resquebrajase. Una dura lecci\u00f3n de la que se aprendi\u00f3, cuando en 1976 nos pusimos a perge\u00f1ar otra de las absurdas componendas que nos han llevado de fracaso en fracaso y nos han ahogado en corrupci\u00f3n, lo primero que se hizo fue el concordato con la santa sede, el blindaje de la iglesia para que no nos volviese a pasar lo mismo que en el 36. La fe es lo de menos, nadie se ha molestado en sembrar la semilla de la espiritualidad en un pueblo al que se aterra con fantas\u00edas escatol\u00f3gicas; los pastores de almas est\u00e1n demasiado ocupados gestionando sus posesiones terrenales, mientras su reba\u00f1o los ridiculiza y desprecia; lo que hay detr\u00e1s de las palabras a nadie le interesa, el juego est\u00e1 en bautizar a los hijos, hacer comuniones, casarse por la iglesia y ofrecer los triunfos deportivos a las v\u00edrgenes con mantos de oro\u2026 Ins\u00falteme pero pase por caja que yo no pago impuestos.<\/p>\n<p>Hab\u00eda que adaptarse a la nueva realidad, asumir los cambios para seguir aferrados al poder; el siglo XIX desaparec\u00eda sin remedio, al mismo ritmo que el conservadurismo que representaba. El cambio est\u00e9tico fue criticado sin \u00e9xito por esa clase moribunda que era barrida por <em>unos tocados modernistas, en los cuales la mantilla se empingorota sobre una alt\u00edsima peineta, que nunca usaron nuestras abuelas. Es antiest\u00e9tico. Desequilibra la silueta, haci\u00e9ndola cabezona y corta de piernas<\/em><a href=\"#_ftn4\" name=\"_ftnref4\">[4]<\/a>. Uno de tantos rid\u00edculos complementos, que los \u00e1rbitros de la elegancia perpetran para distinguirse del com\u00fan de los mortales, con el tiempo elevado a se\u00f1a de identidad nacional; la imagen del m\u00e1s acendrado espa\u00f1olismo. Un nuevo motivo para discusiones apasionadas entre los que se sent\u00edan arrebatados por la seducci\u00f3n de lo nuevo y los que ten\u00edan un profundo horror por lo desconocido. Ideas que llegaban sin encarnar ning\u00fan ideal, carentes de la poes\u00eda con la que se hab\u00edan adornado los mitos fundacionales; un mundo que se representaba con colores planos y trazos que eliminaban todo artificio. En las novelas populares, en las ilustraciones que acompa\u00f1aban la nueva est\u00e9tica, empezaban a correr a\u00edres de libertad, mientras que la pol\u00edtica segu\u00eda enredada en los viscosos vericuetos de las miserias del menudeo. Un vicio del que nunca nos hemos podido librar.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/www.subverso.es\/wp-content\/uploads\/2016\/02\/12-Ribas-La-juerga-triste-I.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"wp-image-3656 aligncenter\" src=\"http:\/\/www.subverso.es\/wp-content\/uploads\/2016\/02\/12-Ribas-La-juerga-triste-I-330x319.jpg\" alt=\"12 Ribas La juerga triste I\" width=\"304\" height=\"294\" srcset=\"http:\/\/www.subverso.es\/wp-content\/uploads\/2016\/02\/12-Ribas-La-juerga-triste-I-330x319.jpg 330w, http:\/\/www.subverso.es\/wp-content\/uploads\/2016\/02\/12-Ribas-La-juerga-triste-I.jpg 1152w\" sizes=\"(max-width: 304px) 100vw, 304px\" \/><\/a><\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\">[1]<\/a> \u201cLa fonda y el hotel\u201d, Emiliano Ram\u00edrez \u00c1ngel. Secci\u00f3n \u201cLa vida que pasa\u201d de La Esfera, n\u00ba 273, 22 de marzo de 1919.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\">[2]<\/a> La argolla<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref3\" name=\"_ftn3\">[3]<\/a> Azotes y galeras, Mariano de Cavia, Librer\u00eda de Fernando Fe, 1891, P\u00e1g. 95<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref4\" name=\"_ftn4\">[4]<\/a> Biograf\u00eda del 1900, Melchor Almagro San Mart\u00edn, Revista de Occidente, 1944, P\u00e1g. 166<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; A trav\u00e9s de este conjunto de an\u00e9cdotas hist\u00f3ricas se puede ver a un pueblo que transita de un mundo que se acababa a otro que nadie sab\u00eda en qu\u00e9 consist\u00eda exactamente, de la hipocres\u00eda decimon\u00f3nica al caos que se produce cuando se rompen las reglas y nadie ha pensado con que nuevo disparate hay que sustituirlas. Un tr\u00e1nsito que fue de todo menos fluido. Ram\u00edrez \u00c1ngel lo describe perfectamente a trav\u00e9s del s\u00edmbolo de las hospeder\u00edas, hab\u00eda una Espa\u00f1a que quer\u00eda ir hacia el hotel confortable que se iba imponiendo en Europa, mientras otros segu\u00edan anclados en las posadas. A tan pintoresco estatismo contribuye la laya de la clientela: trajinantes, vagabundos, buhoneros, campesinos, galloferos y mercaderes de baja estofa: lo que pasa, lo que huye, lo que merodea, lo que resbala. Gente casi toda sin pretensiones sociales, pobre de meollo, de bolsillo o de virtud, que, si tiene dinero, lo recata, y si posee inteligencia, la disimula[1]. Dos sociedades antag\u00f3nicas que no se miran a los ojos, que no comparten nada m\u00e1s que ese solar en el que nadie se ha molestado en hacer una patria, a pesar de toda la verborrea vertida al respecto, en d\u00f3nde \u00fanicamente germinan [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":2208,"featured_media":3658,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"ngg_post_thumbnail":0},"categories":[13,45,60],"tags":[346,338,373,410,354],"_links":{"self":[{"href":"http:\/\/www.subverso.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3654"}],"collection":[{"href":"http:\/\/www.subverso.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"http:\/\/www.subverso.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/www.subverso.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/2208"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/www.subverso.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=3654"}],"version-history":[{"count":1,"href":"http:\/\/www.subverso.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3654\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":3659,"href":"http:\/\/www.subverso.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3654\/revisions\/3659"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/www.subverso.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/3658"}],"wp:attachment":[{"href":"http:\/\/www.subverso.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=3654"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"http:\/\/www.subverso.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=3654"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"http:\/\/www.subverso.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=3654"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}