{"id":3734,"date":"2016-05-30T07:43:10","date_gmt":"2016-05-30T07:43:10","guid":{"rendered":"http:\/\/www.subverso.es\/?p=3734"},"modified":"2016-05-30T07:43:10","modified_gmt":"2016-05-30T07:43:10","slug":"balsamo-para-una-herida-irritada-por-cristina-revilla","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.subverso.es\/?p=3734","title":{"rendered":"\u00abB\u00e1lsamo para una herida irritada\u00bb, por Cristina Revilla"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Cristina Revilla Le\u00f3n, que se define como mujer de tribu, madrile\u00f1a nacida en 1988, es licenciada en psicolog\u00eda, bailarina y apasionada de los viajes, descubri\u00f3 la forma de expresar su mundo a trav\u00e9s de la palabra gracias al taller creativo que imparte\u00a0 Yolanda Izard.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>B\u00e1lsamo para una herida irritada<\/strong><\/p>\n<p>Enjuagadas las manos, lista y con ganas, me meto en la cocina tarareando una canci\u00f3n, que hace mover mis caderas al comp\u00e1s de mi deseo. Bailo como una gitana, a la Luna Morena.<\/p>\n<p>Lo primero, y aunque obvio: es imprescindible tener arte en eso de calentar los fogones. Lo justo para no encender las ascuas de entre mis piernas y que luego se me chamusque el pelo y alrededores.<\/p>\n<p>El men\u00fa de hoy consta de una suculenta cama de patatas, peque\u00f1as viciosas que se deshacen en la boca, como las de un buen potaje que se aprecie, deleitando el paladar. Acompa\u00f1ando pimientos rojos rellenos de un hijo de la mar. Los detalles paso a paso, con la picaresca de que su boca y la m\u00eda se fundan poco a poco.<\/p>\n<p>Como una amante entregada, el agua acaricia la piel de la patata hasta desnudar su alma. A\u00fan caliente, entra en juego el aceite. Virgen extra, por supuesto. Rozando el cl\u00edmax, con agilidad meneo la sart\u00e9n, para que no se quemen nuestras protagonistas, cada vez m\u00e1s excitadas al son de mis dedos. Bastan unos minutos de incesante cosquilleo al placer del burbujeo.\u00a0 Su olor me vuelve loca. Mis caderas se mueven como si tu mano las guiase, aunque ahora no la reconozco. Se mueven y se mueven, entreg\u00e1ndose, liber\u00e1ndose al ritmo y el aroma del aceite. Pizca de sal, aunque con tanto meneo no es requerido.<\/p>\n<p>Paso al segundo, pimientos rellenos de amor y condimento, con cuidado, y aun pose\u00edda por tus manos, tomo cada pimiento como si acariciases mis pechos. Mi pasi\u00f3n se vuelve roja al creciente calor del horno, que anuncia con un suspiro que esta lista. Introduzco con mucho amor, por el plato y nuestros dedos, los gruesos y rojos pimientos. Con un \u00faltimo toque que proclama el fin, nieva queso parmesano.<\/p>\n<p>Ya sentados en la mesa, y con el manjar entre ceja y ceja, ceno una vez m\u00e1s suspirando por saborear la noche contigo, alma gemela.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Cristina Revilla Le\u00f3n, que se define como mujer de tribu, madrile\u00f1a nacida en 1988, es licenciada en psicolog\u00eda, bailarina y apasionada de los viajes, descubri\u00f3 la forma de expresar su mundo a trav\u00e9s de la palabra gracias al taller creativo que imparte\u00a0 Yolanda Izard. &nbsp; B\u00e1lsamo para una herida irritada Enjuagadas las manos, lista y con ganas, me meto en la cocina tarareando una canci\u00f3n, que hace mover mis caderas al comp\u00e1s de mi deseo. Bailo como una gitana, a la Luna Morena. Lo primero, y aunque obvio: es imprescindible tener arte en eso de calentar los fogones. Lo justo para no encender las ascuas de entre mis piernas y que luego se me chamusque el pelo y alrededores. El men\u00fa de hoy consta de una suculenta cama de patatas, peque\u00f1as viciosas que se deshacen en la boca, como las de un buen potaje que se aprecie, deleitando el paladar. Acompa\u00f1ando pimientos rojos rellenos de un hijo de la mar. Los detalles paso a paso, con la picaresca de que su boca y la m\u00eda se fundan poco a poco. Como una amante entregada, el agua acaricia la piel de la patata hasta desnudar su alma. A\u00fan caliente, entra [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":2208,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"ngg_post_thumbnail":0},"categories":[13,45,412],"tags":[445,328,253,83],"_links":{"self":[{"href":"http:\/\/www.subverso.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3734"}],"collection":[{"href":"http:\/\/www.subverso.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"http:\/\/www.subverso.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/www.subverso.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/2208"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/www.subverso.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=3734"}],"version-history":[{"count":1,"href":"http:\/\/www.subverso.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3734\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":3735,"href":"http:\/\/www.subverso.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3734\/revisions\/3735"}],"wp:attachment":[{"href":"http:\/\/www.subverso.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=3734"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"http:\/\/www.subverso.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=3734"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"http:\/\/www.subverso.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=3734"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}