{"id":3789,"date":"2016-07-18T07:47:37","date_gmt":"2016-07-18T07:47:37","guid":{"rendered":"http:\/\/www.subverso.es\/?p=3789"},"modified":"2016-07-18T07:47:37","modified_gmt":"2016-07-18T07:47:37","slug":"penultima-pagina-de-maria-dominguez","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.subverso.es\/?p=3789","title":{"rendered":"\u00abPen\u00faltima p\u00e1gina\u00bb, de Mar\u00eda Dom\u00ednguez"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-full wp-image-3791\" src=\"http:\/\/www.subverso.es\/wp-content\/uploads\/2016\/07\/Maria_Dominguez.png\" alt=\"Maria_Dominguez\" width=\"153\" height=\"162\" \/><\/p>\n<p><strong>Mar\u00eda Dom\u00ednguez de Paz<\/strong> es licenciada en Filolog\u00eda Hisp\u00e1nica por la Universidad de Valladolid y desarrolla su actividad profesional en los campos de las Bibliotecas y la Documentaci\u00f3n. Desde 2014 forma parte del taller de escritura creativa de Yolanda Izard. Siempre dentro del g\u00e9nero breve, ha visto reconocidos textos suyos como ganadores o finalistas en cert\u00e1menes como el Concurso de relatos breves \u201cLa Ciencia y yo\u201d (2011), Concurso de cuentos de tem\u00e1tica infantil de la Uni\u00f3n Deportiva y Cultural \u201cZona Sur\u201d de Valladolid (2012), \u201cEncaja 400\u201d (2013), o el Certamen literario de relatos cortos \u201cCaf\u00e9 Comp\u00e1s\u201d (2015), entre otros.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Pen\u00faltima p\u00e1gina<\/strong><\/p>\n<p>No quer\u00eda correr riesgos, por eso cerr\u00e9 la ventana. Mi editor llevaba semanas apremi\u00e1ndome para que le entregase pronto el borrador de la novela, no pod\u00eda permitirme el lujo ni de un peque\u00f1o resfriado. El atardecer cubr\u00eda la plaza de gris y los bancos mostraban sus esqueletos de madera a medida que la gente se iba. Algunas ancianas, azuzadas por el relente, se \u00a0marchaban encadenadas por los brazos, formando orugas que ondulaban lentamente hasta sus casas. En pocos minutos se cerraron los p\u00e1rpados met\u00e1licos de los escaparates; la plaza, cansada, se durmi\u00f3 al arrullo de la fuente central.<\/p>\n<p>El reloj del campanario dio las once. De nuevo hab\u00eda perdido la noci\u00f3n del tiempo intentando escribir, obsesionado con dar vida a unos personajes que s\u00f3lo ten\u00eda perfilados para una trama que sobrecogiera al lector. Hice un peque\u00f1o repaso:<\/p>\n<p>\u2014Mujer, entrada en a\u00f1os y en carnes; due\u00f1a de una cafeter\u00eda al borde de la quiebra.<\/p>\n<p>\u2014Hombre ciego, dedicado a la venta de cupones en la esquina de una plaza. Desayunaba a diario en la cafeter\u00eda de la mujer carnosa; confidente de \u00a0la due\u00f1a. Subray\u00e9 la palabra \u00abconfidente\u00bb.<\/p>\n<p>\u2014Pareja: \u00e9l, algo siniestro, gabardina y malet\u00edn oscuro; ella, absolutamente encantadora, sensual, con un vestido transparente de gasa moteada que se mov\u00eda gr\u00e1cil al vaiv\u00e9n de sus caderas. Este personaje me ten\u00eda loco; lo ten\u00eda tan definido que me provocaba aut\u00e9ntico deseo m\u00e1s all\u00e1 de la ficci\u00f3n. En la privacidad de mis fantas\u00edas, cuando nada ten\u00eda por qu\u00e9 tener sentido al buscar placer, hac\u00eda de ella lo que quer\u00eda, con total impunidad. Ah, el poder del escritor con sus criaturas\u2026<\/p>\n<p>Escuch\u00e9 un taconeo lejano en el vac\u00edo de la plaza. En lugar de pasar de largo, el sonido se intensific\u00f3 hasta cesar en mi portal. No pude evitar la curiosidad de asomarme y comprobar que, en efecto, a pesar de lo intempestivo de la hora, alguien hab\u00eda entrado: la luz del portal se hab\u00eda encendido. Al poco, la misma cadencia de pasos por las escaleras, cada vez m\u00e1s cercanos, hasta mi puerta. El timbre comenz\u00f3 a sonar con insistencia. Me acerqu\u00e9 a la mirilla, pero la luz del pasillo ya se hab\u00eda apagado y nadie hab\u00eda vuelto a encenderla, no pude adivinar ninguna silueta. Cuando me decid\u00ed a abrir, un golpe fr\u00edo me sacudi\u00f3 el est\u00f3mago. All\u00ed estaban todos: la mujer de la cafeter\u00eda y el ciego, que avanzaban recrimin\u00e1ndome entre lamentos su desgracia, con lo f\u00e1cil que hubiera sido simplemente tirar el folio a la basura; entre ambos, a empujones, se abr\u00eda paso con furia ella, la hermosa chica del vestido moteado, a quien no le tembl\u00f3 el dedo para se\u00f1alarme:<\/p>\n<p>\u2014Ese, ese ha sido el cabr\u00f3n\u2014apunt\u00f3, poco antes de que el hombre del malet\u00edn oscuro me descerrajase el tiro en el pecho.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" class=\"wp-image-3790 aligncenter\" src=\"http:\/\/www.subverso.es\/wp-content\/uploads\/2016\/07\/Foto_Maria_Dominguez.png\" alt=\"Foto_Maria_Dominguez\" width=\"212\" height=\"329\" srcset=\"http:\/\/www.subverso.es\/wp-content\/uploads\/2016\/07\/Foto_Maria_Dominguez.png 442w, http:\/\/www.subverso.es\/wp-content\/uploads\/2016\/07\/Foto_Maria_Dominguez-213x330.png 213w\" sizes=\"(max-width: 212px) 100vw, 212px\" \/><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Mar\u00eda Dom\u00ednguez de Paz es licenciada en Filolog\u00eda Hisp\u00e1nica por la Universidad de Valladolid y desarrolla su actividad profesional en los campos de las Bibliotecas y la Documentaci\u00f3n. Desde 2014 forma parte del taller de escritura creativa de Yolanda Izard. Siempre dentro del g\u00e9nero breve, ha visto reconocidos textos suyos como ganadores o finalistas en cert\u00e1menes como el Concurso de relatos breves \u201cLa Ciencia y yo\u201d (2011), Concurso de cuentos de tem\u00e1tica infantil de la Uni\u00f3n Deportiva y Cultural \u201cZona Sur\u201d de Valladolid (2012), \u201cEncaja 400\u201d (2013), o el Certamen literario de relatos cortos \u201cCaf\u00e9 Comp\u00e1s\u201d (2015), entre otros. &nbsp; &nbsp; Pen\u00faltima p\u00e1gina No quer\u00eda correr riesgos, por eso cerr\u00e9 la ventana. Mi editor llevaba semanas apremi\u00e1ndome para que le entregase pronto el borrador de la novela, no pod\u00eda permitirme el lujo ni de un peque\u00f1o resfriado. El atardecer cubr\u00eda la plaza de gris y los bancos mostraban sus esqueletos de madera a medida que la gente se iba. 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