{"id":638,"date":"2013-03-07T22:02:12","date_gmt":"2013-03-07T22:02:12","guid":{"rendered":"http:\/\/www.subverso.es\/?p=638"},"modified":"2013-03-21T22:46:01","modified_gmt":"2013-03-21T22:46:01","slug":"angeles-arcabuceros","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.subverso.es\/?p=638","title":{"rendered":"\u00c1ngeles arcabuceros"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"http:\/\/www.subverso.es\/wp-content\/uploads\/2013\/03\/images-11.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-full wp-image-635\" alt=\"images-11\" src=\"http:\/\/www.subverso.es\/wp-content\/uploads\/2013\/03\/images-11.jpg\" width=\"194\" height=\"259\" \/><\/a><\/p>\n<p>Dentro de dos d\u00edas har\u00e1 tres meses que esto ocurri\u00f3 en Uqu\u00eda, Jujuy (Argentina).<\/p>\n<p>La peque\u00f1a iglesia San Francisco de Padua, vieja de cuatro siglos, protege entre sus muros de abobes blanquecinos, nueve \u00f3leos de \u00c1ngeles del siglo XVII. Cada \u00c1ngel, de dimensiones importantes, en un fondo sin profundidad y rodeado de una orla de flores primaverales, se presenta al enemigo, al admirador o al fot\u00f3grafo, de frente y de cuerpo entero. Plantados firmemente con las piernas apenas entreabiertas, una m\u00e1s avanzada que la otra, demuestran serenidad en el cumplimiento de las asignadas misiones. A decir verdad, por sus alas desplegadas, es dif\u00edcil saber si acaban de posarse o si se prestan ya a abandonar el puesto.<\/p>\n<p>La indumentaria es distinguida y de buen gusto. Una valona guarnecida de encajes y puntillas, al igual que en los pu\u00f1os, cae sobre el pecho. Por la casaca chamberga azafr\u00e1n, bermell\u00f3n o verde gris, brocada de innumerables arabescos y rosetas, se escapa por sus abollonadas mangas acuchilladas, una vaporosa camisa blanca. Debajo de la casaca, aparece haciendo juego, una t\u00fanica ajustada por un cinto del cual suele colgar un peque\u00f1o recipiente. En las piernas visten greguescos tambi\u00e9n brocados, medias de seda ajustadas y zapatos con mo\u00f1os. Al refinamiento del atuendo se le a\u00f1ade un gran manto discreto recogido a un lado y para los m\u00e1s exquisitos, largas cintas de colores m\u00faltiples que descienden por las espaldas asomando por delante hasta anudarse en la cintura.<\/p>\n<p>Toda esta fantas\u00eda, juego de colores y brillos, veladuras luminosas y gracia sorprenden cuando descubrimos en las manos de estas criaturas angelicales: arcabuces, p\u00f3lvora, mechas, espadas, lanza, un tambor y un estandarte.<\/p>\n<p>En Semana Santa, la iglesita se llena de murmullos y cantos de los fieles pueblerinos que bajaron de las quebradas. Los nueve \u00e1ngeles, conservando sus posturas y amaneramientos, tambi\u00e9n celebran estas fiestas acompa\u00f1\u00e1ndolos.<\/p>\n<p>En aquel Domingo de Resurrecci\u00f3n, al Capit\u00e1n del Ej\u00e9rcito Celestial, el \u00e1ngel Uriel, que siempre sigue de reojo y con especial inter\u00e9s los movimientos de la asamblea, le llaman la atenci\u00f3n dos desconocidos sentados en el \u00faltimo banco del lado del pasillo. Observ\u00f3 que estaban prolijamente peinados, trajeados con camisa blanca de cuello duro sin arrugas, que llevaban corbata elegante y zapatos marrones claro bien lustrados. En realidad, estaban demasiado acicalados para ser turistas, y eran poco arrogantes para ser funcionarios. Lo que significaba para el \u00c1ngel que se encontraban en el lugar no apropiado; por lo tanto, no deb\u00eda perderlos de vista.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/www.subverso.es\/wp-content\/uploads\/2013\/03\/images-12.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-full wp-image-634\" alt=\"images-12\" src=\"http:\/\/www.subverso.es\/wp-content\/uploads\/2013\/03\/images-12.jpg\" width=\"168\" height=\"240\" \/><\/a><\/p>\n<p>Algunos feligreses, esos que sin mirar observan, tambi\u00e9n se sorprendieron un poco, pero creyeron, con la ingenuidad de los quebrade\u00f1os, que \u201cesos estiraos mandaos por la autorida de allacito vienen pa resanar las pinturas m\u00e1s viejitas pa que queden limpitas, brillantes y as\u00ed duren mucho tiempo pa ayudarnos\u201d. Por esta raz\u00f3n y sin m\u00e1s, siguieron los pasos de la misa con la devoci\u00f3n de siempre.<\/p>\n<p>Cuando el Obispo entra, s\u00ed, el Obispo en persona, monse\u00f1or Juan Fortunato Manzano, la congregaci\u00f3n lo recibe parada y cantando acompa\u00f1ada del valiente armonio arrinconado a la derecha del retablo. El pobre m\u00fasico pedalea y pedalea para que el fuelle recupere en parte el aire que pierde por alg\u00fan costado y emita correctamente los fraseos. Por ah\u00ed, el sufrido instrumento se desinfla completamente y en algunos compases enmudece para reaparecer gloriosamente en un pr\u00f3ximo expiro cuando ya los feligreses est\u00e1n a tres o cuatro compases m\u00e1s adelante. \u00a1Qu\u00e9 importa! \u00a1Se encuentran en la casa de Dios, y est\u00e1n de fiesta! \u00a1Ah! Pero eso s\u00ed, milagrosamente, los acordes finales son: al un\u00edsono, redondos, sonoros y sobre todo prolongados.<\/p>\n<p>Los dos personajes, en vez de recogerse y participar de la ceremonia, estiraban el cuello hacia el altar, torc\u00edan la cabeza para observar entre los huecos de las personas de delante y en cuanto estas se desplazaban, volv\u00edan a buscar visibilidad. Llegaron hasta inclinarse largamente por el lado del pasillo. Evidentemente, algo buscaban. Pero sea dicho de paso, no molestaban a los vecinos. De tanto en tanto, el m\u00e1s joven se acercaba al compadre de unos cincuenta a\u00f1os, tez morena para cuchichear. Hablaba tan bajito, parece, que el moreno no entend\u00eda nada. Alejaba un poco el cuerpo, lo miraba con el ce\u00f1o fruncido hasta que el otro volv\u00eda a inclinarse para repetir, seguramente con m\u00e1s lentitud, mejor dicci\u00f3n, empleando frases cortas y sobre todo un poco m\u00e1s fuerte. En un momento dado, en cuanto el joven termin\u00f3 uno de los tantos comentarios y volvi\u00f3 a acomodarse en su sitio, el cincuent\u00f3n, que ahora hab\u00eda comprendido de qu\u00e9 se trataba, dio su acuerdo con un gesto de cabeza. Miraron en direcci\u00f3n al altar, a los muros laterales y el hombre maduro se\u00f1al\u00f3 discretamente la primera fila con el \u00edndice. Afortunadamente para los extra\u00f1os, dos lugares quedaron libres cuando unos ni\u00f1os corrieron a refugiarse sobre las rodillas de sus abuelos. Nueve filas los separaban. Ahora, ten\u00edan que hallar el momento adecuado para avanzar sin alboroto. Como la iglesia es angosta y como s\u00f3lo pueden sentarse seis personas por banco, los feligreses de una fila llegan a simpatizar entre s\u00ed, lo que hace a\u00fan m\u00e1s dificultoso el cambio.<\/p>\n<p>El \u00e1ngel Uriel, interesado m\u00e1s que nunca en los notablemente endomingados, comprendi\u00f3 r\u00e1pidamente que no conoc\u00edan nada de los ritos de la misa. Error que los convert\u00eda a\u00fan m\u00e1s en sospechosos. Desde el acto penitencial hasta las interminables partes de la liturgia de la Palabra, amagaban con salir. Entre amago y amago se reacomodaban en el banco estrecho y duro: estiraban las piernas, las replegaban subiendo apenas con dos dedos de cada mano las perneras para evitar las arrugas, las cruzaban y descruzaban procediendo cada vez con la ceremonia del planchado. Miraban la hora, hac\u00edan peque\u00f1os comentarios, ya no susurrando, se sosten\u00edan el rostro con las dos manos doblados hacia adelante y de vez en cuando emit\u00edan tosecitas protegiendo la boca con el pu\u00f1o cerrado. La congregaci\u00f3n se par\u00f3, creyeron entonces que hab\u00eda llegado la hora. Al intentarlo, la congregaci\u00f3n despaciosamente se arrodill\u00f3. Confusos, pero sobre todo prisioneros de ignorancia lit\u00fargica, decidieron en un instante de cordura, integrarse al esp\u00edritu del pueblo de Dios. Cruzaron los brazos y las piernas, se acomodaron por en\u00e9sima vez y elevaron el pensamiento a la contemplaci\u00f3n. Mejor dicho, perdieron la mirada en alg\u00fan rinc\u00f3n de la iglesia. A todo esto, el \u00e1ngel Uriel con la agudeza de su rango y experiencia, ratific\u00f3 sus sospechas y concluy\u00f3 que deb\u00eda permanecer alerta.<\/p>\n<p>Todos saben y con seguridad los desconocidos tambi\u00e9n, que en cuanto el Obispo da la bendici\u00f3n final, se acerca a los lugare\u00f1os con los brazos abiertos y los estrecha a uno por uno. Una vez finalizados los encuentros, desaparece en la sacrist\u00eda del fondo del patio. Mientras tanto, el m\u00fasico ordena sus partituras y el altar y los parroquianos abandonan respetuosamente la iglesita. En unos pocos minutos, las puertas de quebracho se cierran y el candado resistente las sella hasta la pr\u00f3xima celebraci\u00f3n.<\/p>\n<p>En el instante en que grupitos de fieles se acercan humildemente al altar para participar de la celebraci\u00f3n eucar\u00edstica, se produce un va y ven en el estrecho pasillo que los sospechosos aprovechan para escurrirse con fineza y sentarse justo debajo del \u00e1ngel Uriel. Levantan la cabeza y durante un rato fingen interesarse por el arte escudri\u00f1ando las telas suspendidas a alturas inalcanzables para manos curiosas.<\/p>\n<p>El compadre musita algo al joven que les hace esbozar una sonrisa triunfante y desviar lentamente la vista a las armaduras de algarrobo del techo. Cuando reemprendieron el cuchicheo, Uriel agudiz\u00f3 el o\u00eddo: \u201cEl mi\u00e9rcoles despu\u00e9s de las campanadas\u201d, pudo retener. Ah\u00ed nom\u00e1s, se acord\u00f3 de lo que hab\u00eda sucedido hace unos a\u00f1os atr\u00e1s con tres de sus compa\u00f1eros: unos susodichos funcionarios llevaron las pinturas para restaurarlas, seg\u00fan las conversaciones que los propios \u00c1ngeles hab\u00edan reconstruido, y nunca m\u00e1s las regresaron. Se prometieron entonces, con el acuerdo del Cielo, que desde ese momento nadie de la compa\u00f1\u00eda abandonar\u00eda su puesto sin raz\u00f3n alguna. El Capit\u00e1n, urgido por los recuerdos y los acontecimientos, ten\u00eda que alarmar cuanto antes a sus caballeros. As\u00ed que, durante la confusi\u00f3n silenciosa que reinaba en el pasillo, mand\u00f3 miradas discretas de alerta a sus cofrades. Gabriel, comprendi\u00f3 inmediatamente y ladeando ligeramente la cabeza inform\u00f3 a Rafael, Salamiel y a Eliel que se encuentran en la pared de enfrente. Rafael, desplazando apenas su mano izquierda advirti\u00f3 a Hosiel y a Oziel Oblatio Dei. Por su cuenta Eliel, que ceba el arcabuz, movi\u00f3 la baqueta dos o tres veces de tal manera que los restantes \u00e1ngeles: Oziel Fortitudo Dei y Yeriel se dieron cuenta del llamado. Dem\u00e1s est\u00e1 decir que a partir de ese momento, los nueve combatientes estaban en pie de guerra. Pero, para concertarse sobre las operaciones a cumplir deb\u00edan esperar el cierre de las puertas y para mayor seguridad, las doce campanadas de media noche que anuncian el apagamiento del generador de luz del pueblito, hasta las seis de la ma\u00f1ana del d\u00eda siguiente.<\/p>\n<p>Cerca de la medianoche, el \u00e1ngel Uriel despleg\u00f3 sus alas y baj\u00f3 del lienzo lentamente para evitar crujidos molestos de la armadura. Al posarse se liber\u00f3 de su casco, adarga y peto y fue hasta el altar. Lo acompa\u00f1aba Oziel Fortitudo Dei que con sus suaves redobles obligaba al resto del escuadr\u00f3n a apresurarse. En tres batidas de alas, los cinco \u00c1ngeles armados de arcabuces bajaron y en cuanto pusieron pie en tierra firme apoyaron sus armas contra los muros y se acercaron a su jefe. El que tard\u00f3 un poco m\u00e1s de lo deseado por el Capit\u00e1n fue el \u00e1ngel Gabriel, el abanderado. No consegu\u00eda extender sus alas a causa de la pesada bandera ajedrezada sobre el hombro. Sus intentos le llevaron unos minutos, hasta que por suerte logr\u00f3 batirlas. Casi antes de llegar al suelo la deposit\u00f3 con gran alivio sobre el primer banco junto a la larga lanza de Rafael que ya se encontraba all\u00ed. As\u00ed fue como en un abrir y cerrar de alas qued\u00f3 formada en medio de la iglesia y de la luz celestial, la infanter\u00eda.<\/p>\n<p>Sin dar lugar a preguntas ni siquiera a comentarios, el Capit\u00e1n se apresur\u00f3 a informar:<\/p>\n<p>\u2015Os he convocado, caballeros, porque acabo de ser testigo de algo que apenas podr\u00e1 ser cre\u00eddo. \u00a1Una gente soez y de baja cala\u00f1a viene a hurtarnos en tres d\u00edas! \u00bfRecord\u00e1is que esto mismo hace tiempo pas\u00f3 y que nos hemos prometido protecci\u00f3n? Pues ahora, nos vemos en uno de los mayores peligros. \u00a1No debemos permitir que nos roben ni que nos quiten la gloria! \u00a1Es menester defendernos! \u2026<\/p>\n<p>En cuanto el Capit\u00e1n hizo una pausa m\u00e1s larga que de costumbre, el \u00e1ngel Oziel Fortitudo Dei aprovech\u00f3 y razon\u00f3:<\/p>\n<p>\u2015Con la atenci\u00f3n que hab\u00e9is notado os he escuchado, amigo m\u00edo. Vuestras razones son ciertas y confieso que sigo vuestro parecer \u2015y alzando un poco la voz concluy\u00f3: \u2015Estamos obligados a cumplir con lo que debemos: \u00a1Nuestros principios!<\/p>\n<p>\u2015La buena opini\u00f3n que tienen los feligreses de nosotros, debemos procurar que siga verdadera y hacer lo que nos dicta nuestro pacto conforme con la voluntad del Cielo \u2015agreg\u00f3 Rafael en buen tono.<\/p>\n<p>A su vez, Eliel Potentia Dei, \u00c1ngel de arcabuz, p\u00f3lvora y mecha, tom\u00f3 la palabra:<\/p>\n<p>\u2015En nuestra voluntad y en nuestras manos est\u00e1 que como caballeros y soldados nos protejamos e impidamos perdernos. La causa que defendemos es nuestro designio aunque haya peligros. \u00bfM\u00e1s, c\u00f3mo cont\u00e1is vencer a nuestros enemigos?<\/p>\n<p>\u2015 \u00a1Asent\u00e1ndole un tiro! \u2015replic\u00f3 precipitadamente Salamiel Pax Dei. D\u00e1ndose cuenta de su atropello, procur\u00f3 repararlo inclinando ligeramente la cabeza y sonriendo con candidez a sus hermanos de combate. A lo que Hosiel se permiti\u00f3 una reserva: \u2015Caballeros, sab\u00e9is que nuestras mechas y p\u00f3lvora est\u00e1n h\u00famedas y que nuestras armas de fuego son lentas.<\/p>\n<p>\u2015No olvid\u00e9is adem\u00e1s, valerosos amigos que si tiro y fuego hay, ruido y olor a p\u00f3lvora nos delatar\u00e1n \u2015reforz\u00f3 lentamente el \u00e1ngel Yeriel adoptando un tono de decepci\u00f3n.<\/p>\n<p>Los \u00c1ngeles que hasta ahora hab\u00edan resuelto todas las injusticias, seg\u00fan sus criterios, por las armas, se encontraban actualmente desarmados. El Capit\u00e1n al ver el desconcierto de su tropa retom\u00f3 la palabra:<\/p>\n<p>\u2015Sosegaos caballeros y escuchad lo que deciros quiero. No debemos permitirnos torpezas ni ca\u00eddas ni duelos ni confusiones ni ruidos ni aventurar alg\u00fan balazo, si bien se pudiera, que pase por las sienes o dejarlos estropeados de piernas o de brazos\u2026\u2015 no alcanz\u00f3 a terminar la frase que de inmediato Gabriel, con un gesto de conmiseraci\u00f3n, propuso otra soluci\u00f3n:<\/p>\n<p>\u2015 \u00a1Asestarle un lanzazo en el coraz\u00f3n!<\/p>\n<p>Esta vez, la inquietud dej\u00f3 paso a la satisfacci\u00f3n y todos asintieron inclinando la cabeza hacia delante con gran refinamiento.<\/p>\n<p>El gran maestro en el uso de la lanza era Rafael, por lo que resultaba claro que \u00e9l deb\u00eda ejecutar la acci\u00f3n. Despu\u00e9s de un corto momento de silencio, aceptando el dictamen no proclamado, declar\u00f3:<\/p>\n<p align=\"left\">\u2015 \u00a1H\u00e1gase as\u00ed! No tendr\u00e9 pena, amigos, en acometer lo que por el Cielo est\u00e1 ordenado.<\/p>\n<p>Ahora que todo estaba decidido y que los ejecutores justos se aprestaban a retirarse a sus lienzos en espera del momento de la operaci\u00f3n, Uriel dio la \u00faltima recomendaci\u00f3n: \u2015 \u00a1No dejemos de andar advertidos de aqu\u00ed adelante! A ver si descubrimos se\u00f1ales que confirmen la llegada de semejantes canallas.<\/p>\n<p>La luz del tercer d\u00eda, se desvaneci\u00f3. Las campanas sonaron sus contados doce golpes. De inmediato las fuerzas angelicales sujetando con gran soltura y dominio sus armas, ocuparon sus posiciones terrenales tal como lo hab\u00edan previsto: Uriel, por ser jefe y llevar armadura se plant\u00f3 en medio de la nave cerca del establo flanqueado por el tambor y un arcabucero; cuatro se ubicaron en los costados y Rafael y Gabriel ocuparon la puerta de entrada, en caso de fuga.<\/p>\n<p>Tard\u00f3 tiempo hasta que algunos movimientos del exterior se oyeran.<\/p>\n<p>De repente, no lejos de all\u00ed, el ronroneo del motor de coche que se acercaba, se apag\u00f3. Una puerta se abri\u00f3 y cerr\u00f3 silenciosamente. Pasos cortos de un solo hombre acompa\u00f1ados de haces nerviosos de luz de una l\u00e1mpara de mano se dirigieron a la iglesita. Resoplidos controlados penetraron en el interior y en el mismo momento un metal herrumbrado son\u00f3 sobre el cemento. Al rebotar y encontrarse en el aire, un pie r\u00e1pido lo aplast\u00f3. Por unos cortos instantes, el silencio se adue\u00f1\u00f3 nuevamente de la oscuridad g\u00e9lida, pero el crujido sordo y corto de la puerta que el hombre apenas entreabri\u00f3, lo interrumpi\u00f3. Al querer penetrar, la abertura era tan justa que debi\u00f3 afinarse expeliendo todo su aliento. Con maniobras diestras desliz\u00f3 en primer lugar una pierna, luego medio cuerpo y sosteni\u00e9ndose siempre en lo alto de la puerta, gir\u00f3 sobre s\u00ed mismo pudiendo as\u00ed, introducirse. Una vez en el interior, junt\u00f3 suficientemente aire para recuperar su respiro habitual y antes de empapar el pa\u00f1uelo con las gotas de la frente y cuello, junt\u00f3 la puerta imitando la noche. Profundamente emocionado se dirigi\u00f3 al altar y al querer identificar la posici\u00f3n de los \u00f3leos, descubri\u00f3 a Uriel y a sus combatientes que se dispon\u00edan con gestos corteses a hablarle. Pero, m\u00e1s perplejo que espantado, dio media vuelta y emprendi\u00f3 la retirada por el camino conocido. En su torpe corrida perdi\u00f3 la linterna, cosa que no le impidi\u00f3 llegar hasta la puerta. Una vez all\u00ed, advirti\u00f3 en la penumbra a los dos \u00c1ngeles inm\u00f3viles, que le imped\u00edan la hu\u00edda. Al instante, una voz indulgente proveniente del fondo declar\u00f3:<\/p>\n<p>\u2015 \u00a1Deteneos quienquiera que se\u00e1is y dadnos cuenta a qu\u00e9 ven\u00eds y en nombre de qui\u00e9n! \u00a1Es menester que lo sepamos antes de castigaros o dejaros en libertad!<\/p>\n<p>Aterrorizado ahora, no solamente por esas presencias de ropajes abigarrados y armas desusadas sino tambi\u00e9n por la extra\u00f1a orden, se refugi\u00f3 gateando debajo de los bancos. Apenas avanz\u00f3, tropez\u00f3 con algo, se irgui\u00f3 inmediatamente y comenz\u00f3 a triscar por donde pod\u00eda resollando cada vez m\u00e1s r\u00e1pido y m\u00e1s fuerte. Arremet\u00eda con tanta violencia contra los muros, \u00c1ngeles, bancos, pupitres sin alejarse de la salida, que ni siquiera se \u00a0dio cuenta que sus rodillas sangraban debajo del pantal\u00f3n desgarrado, que la herida de la mano era profunda y que el sinf\u00edn de cardenales empezaba a manchar gran parte del cuerpo.<\/p>\n<p>\u2015\u00a1No os espant\u00e9is, malandr\u00edn, ladr\u00f3n! \u00a1Contestad! \u2015orden\u00f3, esta vez Uriel.<\/p>\n<p>Se detuvo bruscamente, pero temblaba de tal manera y las gotas de sudor brotaban con tanta abundancia por el rostro y el cuerpo que le era imposible articular palabra. Estaba agotado, inestable; sin embargo de unos brincos inesperados volvi\u00f3 al altar, seguramente por aturdimiento. Y all\u00ed, cay\u00f3 de bruces a los pies del tambor. La escuadra en un acto de conmiseraci\u00f3n, decidi\u00f3, despu\u00e9s de una r\u00e1pida consulta, no infligirle castigo creyendo que en cuanto se recuperase huir\u00eda despavorido de la iglesia y del pueblo en menos que cante un gallo.<\/p>\n<p>Pero, nadie pens\u00f3 que iba a pasar lo que ocurri\u00f3. Despu\u00e9s de unos minutos, el joven levant\u00f3 la cabeza, la sacudi\u00f3 dos o tres veces, se par\u00f3 y chillando emprendi\u00f3 una carrera desenfrenada entre los \u00c1ngeles quienes r\u00e1pidamente retomaron sus puestos. A cada jadeo aparec\u00eda saliva espumosa en las comisuras de su boca y a cada grito, le segu\u00edan manotazos desordenados que lo impulsaban hacia la puerta. Rafael, asombrado, pero sin hesitar, despleg\u00f3 su destreza de lancero interponi\u00e9ndose con brusquedad. El hombre, ahora exhausto, se apoy\u00f3 con las dos manos en la lanza, dej\u00f3 caer la cabeza entre los brazos, y se desliz\u00f3 lentamente profiriendo a la misma cadencia, coprolalia. El \u00c1ngel con mirada recriminatoria apunt\u00f3 sin furia a la altura del coraz\u00f3n y le dijo:<\/p>\n<p>\u2015 \u00a1Cobarde, vil criatura! Aparejaos a recibir presta muerte por justo castigo de vuestro intento de mala obra.<\/p>\n<p>Descarg\u00f3 el golpe con determinaci\u00f3n de quitarle la vida, pero no lo hiri\u00f3. El joven, sin cerrar los ojos p\u00e1lidos, prorrumpi\u00f3 en sollozos, se limpi\u00f3 la boca con los restos de la camisa, se retorci\u00f3 sin quejarse y una gota de sangre sali\u00f3 del pecho, luego otra y otra m\u00e1s hasta que conmovedoramente enmudeci\u00f3. A medida que la sangre manaba, el cuerpo tenso se distend\u00eda y en cuanto la mancha termin\u00f3 de dibujar el contorno, los ojos se oscurecieron. Su serenidad impon\u00eda respeto. Por extra\u00f1o que parezca, daba la impresi\u00f3n que d\u00e1ndole a oler un poco de agua de azahar recuperar\u00eda el aliento.<\/p>\n<p>Los Mensajeros Celestiales lo rodearon, le cruzaron las manos sobre el pecho, se quitaron el chambergo de tres plumas vistosas, se inclinaron en silencio y suplicaron. Apenas finalizaron, acomodaron sus plumas, sombrero, puntillas y armas y murmurando al un\u00edsono se elevaron hasta alcanzar sus respectivos lienzos.<\/p>\n<p>Al d\u00eda siguiente, antes de que sonaran las seis campanadas matinales, unos cuantos pueblerinos que pasaban por la iglesia para ir a sus campos, se extra\u00f1aron de ver la puerta sin candado, cosa inhabitual en d\u00eda de semana, y se acercaron a curiosear. Entraron y descubrieron al difunto que yac\u00eda en medio de un charco de sangre. En ese preciso momento, otros uque\u00f1os llegaron anunciando que hab\u00edan encontrado, ellos tambi\u00e9n, un cad\u00e1ver, l\u00edvido \u00e9ste, en un coche.<\/p>\n<p>Por h\u00e1bito, los paisanos no son preguntones, al contrario son silenciosos, tranquilos y suelen organizarse sin alboroto, y as\u00ed ocurri\u00f3 en esta ocasi\u00f3n. Unos se encargaron de buscar ata\u00fades, sepultar a los innominados y formar una pila de piedras sobre las tumbas; otros, con dos mulas tiraron el veh\u00edculo hasta detr\u00e1s de un cerro y lo enterraron; cinco limpiaron y ordenaron con paciencia todo indicio de lo acontecido en la nave, y el resto repar\u00f3 los da\u00f1os de la puerta y se procur\u00f3 un nuevo candado. Apenas todo resuelto, se acercaron al retablo, glorificaron a Dios y agradecieron con gran devoci\u00f3n a sus protectores, los \u00c1ngeles.<\/p>\n<p>Una vez afuera, juntaron la puerta, pasaron el asa del nuevo candado por los anillos ajustados de la cadena de acero, cerraron, tiraron dos veces para asegurarse de la resistencia y sin m\u00e1s retomaron el camino acostumbrado a sus labores.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Dentro de dos d\u00edas har\u00e1 tres meses que esto ocurri\u00f3 en Uqu\u00eda, Jujuy (Argentina). La peque\u00f1a iglesia San Francisco de Padua, vieja de cuatro siglos, protege entre sus muros de abobes blanquecinos, nueve \u00f3leos de \u00c1ngeles del siglo XVII. Cada \u00c1ngel, de dimensiones importantes, en un fondo sin profundidad y rodeado de una orla de flores primaverales, se presenta al enemigo, al admirador o al fot\u00f3grafo, de frente y de cuerpo entero. Plantados firmemente con las piernas apenas entreabiertas, una m\u00e1s avanzada que la otra, demuestran serenidad en el cumplimiento de las asignadas misiones. A decir verdad, por sus alas desplegadas, es dif\u00edcil saber si acaban de posarse o si se prestan ya a abandonar el puesto. La indumentaria es distinguida y de buen gusto. Una valona guarnecida de encajes y puntillas, al igual que en los pu\u00f1os, cae sobre el pecho. Por la casaca chamberga azafr\u00e1n, bermell\u00f3n o verde gris, brocada de innumerables arabescos y rosetas, se escapa por sus abollonadas mangas acuchilladas, una vaporosa camisa blanca. Debajo de la casaca, aparece haciendo juego, una t\u00fanica ajustada por un cinto del cual suele colgar un peque\u00f1o recipiente. En las piernas visten greguescos tambi\u00e9n brocados, medias de seda ajustadas y [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":15,"featured_media":637,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"ngg_post_thumbnail":0},"categories":[45],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"http:\/\/www.subverso.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/638"}],"collection":[{"href":"http:\/\/www.subverso.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"http:\/\/www.subverso.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/www.subverso.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/15"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/www.subverso.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=638"}],"version-history":[{"count":13,"href":"http:\/\/www.subverso.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/638\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":1098,"href":"http:\/\/www.subverso.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/638\/revisions\/1098"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/www.subverso.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/637"}],"wp:attachment":[{"href":"http:\/\/www.subverso.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=638"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"http:\/\/www.subverso.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=638"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"http:\/\/www.subverso.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=638"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}