{"id":706,"date":"2013-03-10T21:01:13","date_gmt":"2013-03-10T21:01:13","guid":{"rendered":"http:\/\/www.subverso.es\/?p=706"},"modified":"2013-03-21T22:44:05","modified_gmt":"2013-03-21T22:44:05","slug":"los-otros-y-paisajes-en-la-batalla","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.subverso.es\/?p=706","title":{"rendered":"\u00abLos otros\u00bb  y \u00abPaisajes en la batalla\u00bb"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: left;\" align=\"center\"><b><a href=\"http:\/\/www.subverso.es\/wp-content\/uploads\/2013\/03\/Izad.png\"><img loading=\"lazy\" class=\"size-full wp-image-711 alignleft\" alt=\"Izad\" src=\"http:\/\/www.subverso.es\/wp-content\/uploads\/2013\/03\/Izad.png\" width=\"172\" height=\"226\" \/><\/a>LOS OTROS<\/b><\/p>\n<p style=\"text-align: left;\" align=\"center\"><a title=\"Yolanda\" href=\"http:\/\/www.catedramdelibes.com\/autores.php?id=1725\" target=\"_blank\">Yolanda Izard<\/a><\/p>\n<p>A qu\u00e9 esper\u00e1is para entrar, susurr\u00f3 el m\u00e1s alto. Pero ten\u00edamos miedo. Un miedo todav\u00eda inconcreto, sutil. Nos empuj\u00f3 hacia el interior de aquella habitaci\u00f3n ba\u00f1ada por una luz g\u00e9lida, azul. Tratamos de escondernos tras su poderosa espalda, pero \u00e9l nos lo impidi\u00f3. Chicos, chicos, se quej\u00f3 con su vozarr\u00f3n morado. Sentimos fr\u00edo y nos encogimos. Todav\u00eda no quer\u00edamos mirar, no al menos a los ojos. Los adivin\u00e1bamos cerriles, huecos quiz\u00e1, como los de las ovejas. Sin vida. Y eso y caer del todo en el miedo m\u00e1s profundo habr\u00eda sido lo mismo. S\u00ed, est\u00e1n muertos, nos confirm\u00f3 \u00e9l con media risa, y a\u00f1adi\u00f3: pero no menos que vosotros. Entonces los otros se echaron a re\u00edr con unas carcajadas rojas, incendiadas. La ni\u00f1a de al lado me dio la mano y yo se la apret\u00e9, temblando. El chico de delante lanz\u00f3 un breve quejido que enseguida fue apagado por las risas de los otros. Venid, venid, gritaron. Marchamos hacia ellos sin quitar la vista de nuestros pies descalzos, morados. \u00a1Miradnos!, exigieron cuando llegamos a su altura. La ni\u00f1a de al lado me sugiri\u00f3 que no lo hiciera. Aunque nos amenacen, aunque nos castiguen, a\u00f1adi\u00f3. Y yo me mantuve en mis trece, fija la mirada en el suelo. Los otros me alzaron la barbilla pero yo cerr\u00e9 con fuerza los ojos. Ni\u00f1a obstinada, me grit\u00f3 una voz fuertemente negra. Algo tir\u00f3 de mis p\u00e1rpados hacia arriba. Yo me arrugu\u00e9 entera para no ceder mi mirada. A \u00e9sta que se la lleven, orden\u00f3 otra voz grave, verdusca y sucia. Me empujaron y tuve que abandonar la mano de la ni\u00f1a de al lado. Algo gimi\u00f3, quiz\u00e1 su peque\u00f1a voz estropeada. <a href=\"http:\/\/www.subverso.es\/wp-content\/uploads\/2013\/03\/losotrosDSC_0433.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone  wp-image-710 aligncenter\" alt=\"losotrosDSC_0433\" src=\"http:\/\/www.subverso.es\/wp-content\/uploads\/2013\/03\/losotrosDSC_0433.jpg\" width=\"236\" height=\"314\" srcset=\"http:\/\/www.subverso.es\/wp-content\/uploads\/2013\/03\/losotrosDSC_0433.jpg 1944w, http:\/\/www.subverso.es\/wp-content\/uploads\/2013\/03\/losotrosDSC_0433-247x330.jpg 247w\" sizes=\"(max-width: 236px) 100vw, 236px\" \/><\/a>Me condujeron a la aduana y me decomisaron los ojos. Desde entonces vivo aqu\u00ed, en este limbo que es como una cometa que flota sobre el bien y el mal sin ver m\u00e1s que los torvos colores de los llantos y las risas, ambarina y l\u00edvida como los peces en el fondo del mar.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><b>PAISAJE EN LA BATALLA<\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><a title=\"Yolanda\" href=\"http:\/\/www.catedramdelibes.com\/autores.php?id=1725\" target=\"_blank\">Yolanda Izard<\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Era la guerra. Te manten\u00edas con tu cohorte a una digna distancia. Yo empujaba los aparadores y sellaba las ventanas para que no entraras. Retumbaban por las noches tus pasos, detr\u00e1s de la puerta. Era el asedio. Se o\u00eda cada vez m\u00e1s cerca, quiz\u00e1 en el pasillo, el silbido de los obuses y luego la ca\u00edda y la destrucci\u00f3n. Alg\u00fan lamento en el cuarto de los juegos. \u00bfSe habr\u00e1 roto el tren de juguete?, inquieta me preguntaba. Llorabas y a veces dabas patadas a la puerta, lleno de rabia: \u00a1D\u00e9jame entrar! Pero yo hab\u00eda dispuesto la vajilla en el suelo, la cristaler\u00eda de Bohemia, los jarrones pintados a mano. Iba\u00a0 a ser dif\u00edcil que la abrieras si no era causando un estropicio. Me quit\u00e9 la chaqueta del pijama porque hac\u00eda calor y no pod\u00eda abrir las ventanas. Respiraba intranquila, agitada y temerosa, y mis\u00a0 pechos incipientes se dilataban caus\u00e1ndome un \u00edntimo estupor. Me sent\u00e9 en el suelo, sobre el parquet brillante, y mir\u00e9 mi ombligo como si lo descubriera. Luego me quit\u00e9 tambi\u00e9n el pantal\u00f3n del pijama y me despatarr\u00e9 en el suelo. Mejor as\u00ed, que me mataras desnuda, que ning\u00fan obst\u00e1culo se interpusiera entre tu \u00edmpetu y mi necesidad de contenerte.<\/p>\n<p>Me maravill\u00e9 de mi cuerpo.<\/p>\n<p>Luego sent\u00ed que volv\u00edas del garaje con las herramientas destructoras: el serrucho de pl\u00e1stico, el peque\u00f1o y sudado martillo, las tijeras de podar con un p\u00e9talo de lirio pegado en el env\u00e9s.<\/p>\n<p>La metralla se dispersaba por la casa y desconchaba muros, ro\u00eda la pintura, rajaba los veladores y her\u00eda cenefas y marqueter\u00edas. Yo imaginaba tu sangre pegada a las paredes como representaciones vivas, fulgurantes, del estertor del mundo, la geograf\u00eda m\u00edtica de nuestra casa con fronteras diluidas, ocupadas las salas por tu ej\u00e9rcito, y tus generales preparados para quemar mis cuentos, rajar mis veleidades, destripar mi ropero y ense\u00f1orearse del caj\u00f3n de mis cartas secretas.<\/p>\n<p>Buf\u00e9 y envi\u00e9 mi rabia\u00a0 a trav\u00e9s de la puerta hacia tus contenedores: volaron con un agudo chirrido y aterrizaron en el cuarto de ba\u00f1o. Un peque\u00f1o incendio fue enseguida sofocado por el alto mando parapetado en las cimas del grifo del lavabo.<\/p>\n<p>\u00a1Demonios!, gritaste. Entonces escuch\u00e9 la voz del serrucho, su incontinente maleficio sobre la puerta.<\/p>\n<p>Atr\u00e1s, ped\u00ed, atr\u00e1s, pero la voz se me hab\u00eda atascado y me puse a llorar de impotencia.<\/p>\n<p>Entonces derribaste la puerta y entraste corriendo, pero te detuviste en seco de inmediato.<\/p>\n<p>Viste mi cuerpo desnudo, desmadejado.<\/p>\n<p>Alzaste las manos y te rendiste.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>LOS OTROS Yolanda Izard A qu\u00e9 esper\u00e1is para entrar, susurr\u00f3 el m\u00e1s alto. Pero ten\u00edamos miedo. Un miedo todav\u00eda inconcreto, sutil. Nos empuj\u00f3 hacia el interior de aquella habitaci\u00f3n ba\u00f1ada por una luz g\u00e9lida, azul. Tratamos de escondernos tras su poderosa espalda, pero \u00e9l nos lo impidi\u00f3. Chicos, chicos, se quej\u00f3 con su vozarr\u00f3n morado. Sentimos fr\u00edo y nos encogimos. Todav\u00eda no quer\u00edamos mirar, no al menos a los ojos. Los adivin\u00e1bamos cerriles, huecos quiz\u00e1, como los de las ovejas. Sin vida. Y eso y caer del todo en el miedo m\u00e1s profundo habr\u00eda sido lo mismo. S\u00ed, est\u00e1n muertos, nos confirm\u00f3 \u00e9l con media risa, y a\u00f1adi\u00f3: pero no menos que vosotros. Entonces los otros se echaron a re\u00edr con unas carcajadas rojas, incendiadas. La ni\u00f1a de al lado me dio la mano y yo se la apret\u00e9, temblando. El chico de delante lanz\u00f3 un breve quejido que enseguida fue apagado por las risas de los otros. Venid, venid, gritaron. Marchamos hacia ellos sin quitar la vista de nuestros pies descalzos, morados. \u00a1Miradnos!, exigieron cuando llegamos a su altura. La ni\u00f1a de al lado me sugiri\u00f3 que no lo hiciera. Aunque nos amenacen, aunque nos castiguen, a\u00f1adi\u00f3. 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