{"id":744,"date":"2013-03-10T22:53:30","date_gmt":"2013-03-10T22:53:30","guid":{"rendered":"http:\/\/www.subverso.es\/?p=744"},"modified":"2013-04-21T00:51:36","modified_gmt":"2013-04-21T00:51:36","slug":"paseo-fantasmal-por-salamanca-con-don-miguel-de-unamuno","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.subverso.es\/?p=744","title":{"rendered":"Paseo fantasmal por Salamanca con don Miguel de Unamuno. Parte I"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><b>PASEO FANTASMAL POR SALAMANCA<\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><b>CON DON MIGUEL DE UNAMUNO<\/b><\/p>\n<p align=\"center\">[primera entrega: Escenas I y II]*<\/p>\n<p align=\"center\"><a href=\"http:\/\/www.subverso.es\/wp-content\/uploads\/2013\/03\/Jambrina.png\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone  wp-image-747\" alt=\"Jambrina\" src=\"http:\/\/www.subverso.es\/wp-content\/uploads\/2013\/03\/Jambrina.png\" width=\"278\" height=\"143\" srcset=\"http:\/\/www.subverso.es\/wp-content\/uploads\/2013\/03\/Jambrina.png 633w, http:\/\/www.subverso.es\/wp-content\/uploads\/2013\/03\/Jambrina-330x169.png 330w\" sizes=\"(max-width: 278px) 100vw, 278px\" \/><\/a><\/p>\n<p align=\"right\"><b>\u00a0<\/b><\/p>\n<p align=\"right\"><a title=\"Jambrina\" href=\"http:\/\/www.alfaguara.com\/es\/autor\/luis-garcia-jambrina\/\" target=\"_blank\"><b>Luis Garc\u00eda Jambrina<\/b><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><b>ESCENA I. PLAZA MAYOR DE SALAMANCA<\/b><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><i>Estamos en Salamanca, en el a\u00f1o 2013. UNAMUNO entra en la plaza Mayor por uno de sus arcos. Tiene la barba y el pelo blanco, lleva sus caracter\u00edsticas gafas redondas y finas y viste traje oscuro, \u201cpropio de un cu\u00e1quero\u201d (la expresi\u00f3n es del propio UNAMUNO), con chaleco cerrado y un sombrero de fieltro flexible algo maltrecho. Su aspecto y sus modales son r\u00edgidos y austeros, pero, al mismo tiempo, corteses y elegantes. Y un detalle importante: se le ve muy p\u00e1lido. En su recorrido por la plaza, se detiene ente el medall\u00f3n con su efigie (en la fachada oeste) y se para a contemplarlo con gran satisfacci\u00f3n. Despu\u00e9s descubre, con agrado, el de la alegor\u00eda de la Segunda Rep\u00fablica (en la fachada norte, a la izquierda del Ayuntamiento) y, con indignaci\u00f3n, el del rey Alfonso XIII (a la derecha del Ayuntamiento), y, m\u00e1s indignado todav\u00eda, el de Francisco Franco (el primero de la fachada este). Por \u00faltimo, se dirige a un peque\u00f1o velador situado en una de las terrazas que hay en la plaza. Junto al velador hay dos sillas y sobre \u00e9l los peri\u00f3dicos del d\u00eda. UNAMUNO se sienta en una de las sillas y comienza a hojear los peri\u00f3dicos, \u201ccomo quien se instala en su propia casa a saber lo que pasa por el mundo\u201d, deteni\u00e9ndose con asombro ante alguna de las noticias. Al rato, viene el CAMARERO, ataviado con el caracter\u00edstico mandil y portando un pa\u00f1o en el brazo, y le pregunta qu\u00e9 es lo que desea. UNAMUNO pide un caf\u00e9 y, cuando el CAMARERO se va, contin\u00faa con la lectura de los peri\u00f3dicos. Al rato vuelve el camarero con un caf\u00e9 y un vaso de agua. Despu\u00e9s de endulzar el caf\u00e9, UNAMUNO toma un sorbo y lo saborea con delectaci\u00f3n. Luego contin\u00faa con la lectura de los peri\u00f3dicos. Mientras tanto, y as\u00ed continuar\u00e1 durante el di\u00e1logo siguiente hasta que se indique otra cosa, el CAMARERO recorre diferentes lugares de la plaza comunic\u00e1ndole a la gente que el mism\u00edsimo don Miguel de Unamuno est\u00e1 ahora mismo sentado en la terraza del caf\u00e9 donde \u00e9l trabaja y los invita a acercarse. De pronto, se aproxima a la mesa de UNAMUNO una JOVEN CIUDADANA. Es atractiva y viste de manera informal. <\/i><\/p>\n<p>JOVEN CIUDADANA: \u00bfEs usted don Miguel de Unamuno?<\/p>\n<p>UNAMUNO: <i>(Complacido.)<\/i> As\u00ed es, se\u00f1orita. \u00bfC\u00f3mo me ha reconocido? \u00bfNos hemos visto antes?<\/p>\n<p>JOVEN CIUDADANA: Oh, no; eso es imposible. Pero he visto muchas fotos suyas.<\/p>\n<p>UNAMUNO: \u00a1\u00bfAh, s\u00ed?!<\/p>\n<p>JOVEN CIUDADANA: Tiene usted una imagen inconfundible.<\/p>\n<p>UNAMUNO: <i>(Con complacencia.) <\/i>Pues \u00a1cu\u00e1nto me alegra saberlo!<\/p>\n<p>JOVEN CIUDADANA: Por cierto, \u00bfqu\u00e9 le ha parecido el medall\u00f3n que le han dedicado en la plaza? He visto c\u00f3mo se paraba antes a contemplarlo.<\/p>\n<p>UNAMUNO: El medall\u00f3n me ha gustado, por supuesto que s\u00ed, pero no el hecho de tener que compartir espacio con viejos enemigos, como Alfonso XIII o Francisco Franco.<\/p>\n<p><i>La JOVEN CIUDADANA saca del bolso un libro.<\/i><\/p>\n<p>JOVEN CIUDADANA: <i>(Mostr\u00e1ndoselo.)<\/i> \u00bfLe importar\u00eda dedicarme este ejemplar de uno de sus libros? Casualmente, lo estaba leyendo cuando usted apareci\u00f3 en la plaza.<\/p>\n<p>UNAMUNO: <i>(Gratamente sorprendido.) <\/i>\u00bfDe verdad?<\/p>\n<p>JOVEN CIUDADANA: Pues claro. Como puede ver, est\u00e1 muy subrayado y anotado en los m\u00e1rgenes.<\/p>\n<p>UNAMUNO: <i>(Comprob\u00e1ndolo, satisfecho.)<\/i> Tiene raz\u00f3n. Y d\u00edgame: \u00bfc\u00f3mo se llama usted?<\/p>\n<p>JOVEN CIUDADANA: Eugenia.<\/p>\n<p>UNAMUNO: Hermoso nombre; as\u00ed se llama uno de mis personajes.<\/p>\n<p>JOVEN CIUDADANA: S\u00ed, la novia de Augusto P\u00e9rez.<\/p>\n<p>UNAMUNO: <i>(De nuevo complacido.) <\/i>Ya veo que conoce usted bien mi obra.<\/p>\n<p><i>UNAMUNO le dedica el libro con esmero y luego se lo devuelve a su propietaria. <\/i><\/p>\n<p>JOVEN CIUDADANA: <i>(Leyendo.) <\/i>\u201cPara Eugenia, que con su lectura mantiene encendida la llama viva de mis libros, de su admirado y, desde ahora, rendido admirador, Miguel de Unamuno\u201d.<i> (Con emoci\u00f3n.)<\/i> Oh, muchas gracias. No sabe qu\u00e9 feliz me hace.<\/p>\n<p>UNAMUNO: Soy yo el que deber\u00eda estarle agradecido.<\/p>\n<p>JOVEN CIUDADANA: Faltar\u00eda m\u00e1s. Pero d\u00edgame: \u00bfqu\u00e9 hace usted aqu\u00ed?<\/p>\n<p>UNAMUNO: Como sin duda sabr\u00e1, yo me pas\u00e9 la vida obsesionado con la idea de la eternidad y la pervivencia despu\u00e9s de la muerte. Pero, por m\u00e1s que lo intentaba, no acababa de creer en Dios ni en ninguna otra trascendencia; as\u00ed que tuve que confiar mi inmortalidad primero a mis hijos y luego a mis obras. Despu\u00e9s, me fui dando cuenta de que eso no era suficiente para m\u00ed. De modo que, en el momento de la verdad, ped\u00ed que al menos se me permitiera volver a la vida durante unas horas, una vez cumplidos los setenta y cinco a\u00f1os de mi fallecimiento, para poder dar una vuelta por Salamanca y ver c\u00f3mo andaba el mundo y, sobre todo, comprobar si la gente todav\u00eda me recordaba. A eso es a lo que algunos expertos en postrimer\u00edas llaman \u201cel d\u00eda extra\u201d.<\/p>\n<p>JOVEN CIUDADANA: \u00bfMe est\u00e1 diciendo, entonces, que es usted un espectro, un fantasma?<\/p>\n<p>UNAMUNO: Yo prefiero creer que soy una emanaci\u00f3n de esta ciudad, a la que un d\u00eda le encomend\u00e9 la tarea de decirle al mundo que yo hab\u00eda existido. Por eso estoy aqu\u00ed, en esta plaza, que para m\u00ed siempre fue el centro del universo, donde m\u00e1s me he sentido ciudadano del mundo.<\/p>\n<p>JOVEN CIUDADANA: Es muy hermoso eso que ha dicho.<\/p>\n<p>UNAMUNO: <i>(Con escepticismo.) <\/i>Palabras, palabras, palabras&#8230;<\/p>\n<p>JOVEN CIUDADANA: Bueno, no lo molesto m\u00e1s; lo dejo a solas con sus peri\u00f3dicos.<\/p>\n<p>UNAMUNO: No, por favor, no se marche. Hace ya tanto tiempo que no hablo con nadie que me encantar\u00eda tener a alguien con quien poder comentar las noticias.<\/p>\n<p>JOVEN CIUDADANA: Alguien que lo escuche, querr\u00e1 decir, y le d\u00e9 luego las r\u00e9plicas necesarias para que eso parezca un di\u00e1logo, y no un mon\u00f3logo, como es habitual en usted, que parece que se derrama en la conversaci\u00f3n y no digamos en la escritura.<\/p>\n<p>UNAMUNO: Veo que me conoce bien. Para m\u00ed, el no hablar es morir. Fundamentalmente, no soy m\u00e1s que palabra. Pero le advierto que mis mon\u00f3logos son, en realidad, \u201cmonodi\u00e1logos\u201d.<\/p>\n<p>JOVEN CIUDADANA: S\u00ed, ya, consigo mismo, o con alguno de sus m\u00faltiples yos. Reconozca que tiene usted un ego que se lo pisa.<\/p>\n<p>UNAMUNO: <i>(Golpe\u00e1ndose el pecho.) <\/i>Ese fue mi gran defecto, lo admito.<\/p>\n<p>JOVEN CIUDADANA: Est\u00e1 bien, est\u00e1 bien; tampoco hace falta que se flagele.<\/p>\n<p>UNAMUNO: Yo siempre he sido un poco teatral y algo exhibicionista.<\/p>\n<p>JOVEN CIUDADANA: \u00bfY qu\u00e9, c\u00f3mo ve usted la Espa\u00f1a de ahora?<\/p>\n<p>UNAMUNO: La veo mal, muy mal, para qu\u00e9 vamos a enga\u00f1arnos.<\/p>\n<p>JOVEN CIUDADANA: \u00bfY en lo pol\u00edtico?<\/p>\n<p>UNAMUNO: Me temo que en eso no ha cambiado mucho.<\/p>\n<p>JOVEN CIUDADANA: \u00bfUsted cree?<\/p>\n<p>UNAMUNO: Se lo demostrar\u00e9. En noviembre de 1932, a\u00f1o y medio despu\u00e9s de la proclamaci\u00f3n de la Rep\u00fablica, tuve ocasi\u00f3n de impartir una conferencia en el Ateneo de Madrid sobre el \u201cmomento pol\u00edtico\u201d de la Espa\u00f1a de entonces, y la verdad es que parece escrita hoy mismo. En ella habl\u00e9 de \u201cesa monserga de la personalidad diferencial de las regiones\u201d, y, entre otras cosas, les record\u00e9 que \u201cel autonomismo cuesta caro y s\u00f3lo sirve para colocar a los amigos\u201d de los pol\u00edticos regionales, con lo que aumenta de forma insoportable la burocracia y el n\u00famero de funcionarios y de cargos p\u00fablicos, ya que cada regi\u00f3n tiene su propia administraci\u00f3n, su gobierno y su <i>parlamentito&#8230;<\/i><\/p>\n<p>CAMARERO: <i>(Interrumpiendo.) <\/i>Diga usted que s\u00ed, don Miguel.<\/p>\n<p>UNAMUNO: Y t\u00fa calla, botarate, que la culpa de todo lo que pasa ahora en Espa\u00f1a no la tienen s\u00f3lo los pol\u00edticos y los banqueros, como tanto os gusta repetir, sino tambi\u00e9n los propios espa\u00f1oles, esto es, la gente como t\u00fa.<\/p>\n<p>CAMARERO: Pero si nosotros lo \u00fanico que hacemos es votar cada cuatro a\u00f1os&#8230;<\/p>\n<p>UNAMUNO: Por eso mismo. Por otra parte, \u00bfc\u00f3mo es posible que, con lo que ha llovido en este pa\u00eds durante varios siglos, el pueblo espa\u00f1ol haya vuelto a restaurar la monarqu\u00eda y nada menos que en la persona de un nieto de Alfonso XIII?<\/p>\n<p>CAMARERO: Sepa usted que eso fue una imposici\u00f3n de Franco. Nosotros lo \u00fanico que hicimos fue ratificarlo cuando aprobamos, en refer\u00e9ndum, la constituci\u00f3n de 1978.<\/p>\n<p>UNAMUNO: O sea que hicieron \u201cBorb\u00f3n y cuenta nueva\u201d. Pues peor me lo pone usted.<\/p>\n<p>CAMARERO: Anda que usted, mucho hablar, mucho hablar, pero luego bien que\u2026<\/p>\n<p>UNAMUNO: <i>(Escamado.) <\/i>\u00bfQu\u00e9 insin\u00faa, a qu\u00e9 se refiere?<\/p>\n<p>CAMARERO: Nada, nada, que mejor me callo, que as\u00ed estoy m\u00e1s guapo.<\/p>\n<p><i>El CAMARERO se retira, muy digno. Durante el resto de la escena, se mover\u00e1 entre el p\u00fablico echando pestes contra UNAMUNO, que si a este t\u00edo no hay quien lo aguante ni lo entienda, que si es un energ\u00fameno, un arrogante, un intransigente, un egoc\u00e9ntrico insoportable que, a cada paso, se contradice y siempre quiere tener la raz\u00f3n\u2026<\/i><\/p>\n<p>UNAMUNO: <i>(A la JOVEN CIUDADANA.) <\/i>Este pa\u00eds no tiene arreglo, se lo digo yo.<\/p>\n<p>JOVEN CIUDADANA:<i> <\/i>Pero \u00bfpor qu\u00e9 le tiene usted tanta man\u00eda a los reyes?<\/p>\n<p>UNAMUNO: M\u00e1s que a los reyes, que tambi\u00e9n, a una dinast\u00eda en concreto, de la que no puede esperarse nada bueno. En cuanto te descuidas, te montan un golpe de estado.<\/p>\n<p>JOVEN CIUDADANA: Entonces, \u00bfpor qu\u00e9 apoy\u00f3 el alzamiento contra de la Rep\u00fablica en julio de 1936?<\/p>\n<p>UNAMUNO: Bueno, las cosas no son tan simples. Como recordar\u00e1, yo fui uno de los primeros en Espa\u00f1a en proclamar virtualmente la Rep\u00fablica, primero en la Casa del Pueblo y, despu\u00e9s <i>(se\u00f1alando hacia el lugar),<\/i> aqu\u00ed, en el balc\u00f3n del Ayuntamiento, tras haber arrojado a la plaza las efigies del rey y de do\u00f1a Victoria, continuamente interrumpido por los aplausos y ovaciones de los salmantinos.<\/p>\n<p>JOVEN CIUDADANA: Conozco ese discurso; <i>(mostr\u00e1ndoselo) <\/i>viene recogido en este libro que me ha dedicado. \u00bfQuiere usted volver a pronunciarlo?<\/p>\n<p>UNAMUNO: <i>(Con falsa modestia.) <\/i>Si se empe\u00f1a. <i>(Tras ponerse en pie, en actitud de orador y elevando la voz.) <\/i>\u201c\u00a1Salmantinos! Hace cuatro siglos, en el XVI, los comuneros de Castilla se levantaron contra el primero de los Habsburgo, Carlos I de Espa\u00f1a y V de Alemania. Entonces, como ahora, se luchaba por la soberan\u00eda popular. En esta misma ciudad, en esta misma plaza, y bajo este mismo cielo azul, proclam\u00f3 uno de los comuneros, el salmantino Maldonado, la soberan\u00eda popular. Y hoy, en el siglo XX, hemos completado la obra que aqu\u00e9llos no pudieron realizar, arrojando de Espa\u00f1a al \u00faltimo Habsburgo, Alfonso de Borb\u00f3n. Hoy comenz\u00f3 una nueva era y termin\u00f3 una dinast\u00eda que nos ha empobrecido, envilecido y entontecido\u201d.<\/p>\n<p>JOVEN CIUDADANA:<i> <\/i>Pues en eso se equivoc\u00f3.<\/p>\n<p>UNAMUNO: <i>(Sent\u00e1ndose, con gesto abatido.)<\/i> S\u00ed, menudo profeta estoy hecho. El caso es que el entusiasmo y el encantamiento duraron poco. Pronto empez\u00f3 el descontento y la decepci\u00f3n de mucha gente. \u201cHe dicho muchas veces que me dol\u00eda Espa\u00f1a, y hoy me sigue doliendo. Y me duele, adem\u00e1s, su rep\u00fablica\u201d, me atrev\u00ed a afirmar en el Ateneo de Madrid. Y la situaci\u00f3n sigui\u00f3 degrad\u00e1ndose. Por eso, cuando tuve noticia del levantamiento militar, yo me adher\u00ed enseguida a \u00e9l.<\/p>\n<p>JOVEN CIUDADANA:<i> <\/i>\u00bfY c\u00f3mo es que una persona tan inteligente como usted no se dio cuenta de que eso iba a acabar mal?<\/p>\n<p>UNAMUNO: Yo lo \u00fanico que quer\u00eda era una rectificaci\u00f3n del rumbo que hab\u00eda seguido hasta entonces la Rep\u00fablica, eso y la salvaci\u00f3n de la civilizaci\u00f3n occidental, no la vuelta de la monarqu\u00eda ni menos a\u00fan una dictadura militar. Pero, claro est\u00e1, me equivoqu\u00e9. Y bien que me pes\u00f3 y bien caro lo pagu\u00e9, no crea que no. En cualquier caso, tengo la impresi\u00f3n de que, con monarqu\u00eda o con rep\u00fablica, esto no tiene soluci\u00f3n, ya que el gran mal de Espa\u00f1a es la impunidad de la que goza la inepcia.<\/p>\n<p>JOVEN CIUDADANA:<i> <\/i>\u00bfPor qu\u00e9 dice usted eso? Por suerte, ahora estamos en la Uni\u00f3n Europea.<\/p>\n<p>UNAMUNO: Ese ha sido otro craso error. Siempre dije que hab\u00eda que espa\u00f1olizar Europa, no que hubiera que europeizar Espa\u00f1a, y, a juzgar por los resultados, creo que ten\u00eda raz\u00f3n.<\/p>\n<p>JOVEN CIUDADANA:<i> <\/i>S\u00ed, ya, \u201c\u00a1que inventen ellos!\u201d<\/p>\n<p>UNAMUNO: La expresi\u00f3n, lo reconozco, es algo parad\u00f3jica, pero lo que yo quer\u00eda decir es que los espa\u00f1oles deber\u00edamos fomentar y cultivar nuestro propio esp\u00edritu, y no tratar de emular a otros pa\u00edses en terrenos que nos son ajenos, como la ciencia.<\/p>\n<p>JOVEN CIUDADANA: Lo siento, pero no estoy de acuerdo con usted.<\/p>\n<p>UNAMUNO: Pues ya somos dos. Yo tambi\u00e9n disiento de m\u00ed mismo.<\/p>\n<p>JOVEN CIUDADANA: Sin embargo, reconozco que hoy, en Espa\u00f1a, hace mucha falta gente como usted, un agitador de nuestras adormiladas conciencias, un hombre libre que dice y siente siempre lo que piensa.<\/p>\n<p>UNAMUNO: Muchas gracias por el cumplido, pero yo ya estoy retirado o amortizado, como dicen ahora los periodistas. <i>(Levant\u00e1ndose.) <\/i>Adem\u00e1s, tengo que marcharme.<\/p>\n<p>JOVEN CIUDADANA: \u00bfY ad\u00f3nde piensa ir?<\/p>\n<p>UNAMUNO: Ahora mismo, a ver c\u00f3mo est\u00e1 mi antigua casa, la de la calle Bordadores. \u00bfMe acompa\u00f1a?<\/p>\n<p>JOVEN CIUDADANA: Lamentablemente no puedo, he quedado. <i>(Haciendo un gesto hacia el p\u00fablico.) <\/i>Pero seguro que no va a faltarle compa\u00f1\u00eda. Gracias, en cualquier caso, por la invitaci\u00f3n y tambi\u00e9n <i>(mostr\u00e1ndole el libro) <\/i>por la dedicatoria.<\/p>\n<p>UNAMUNO: Gracias a usted por escucharme y, sobre todo, por seguir ley\u00e9ndome; de alguna forma, eso es lo que hace que me mantenga vivo.<\/p>\n<p><i>UNAMUNO deja unas monedas sobre el velador y, despu\u00e9s, se dirige con paso decidido hacia el arco de la calle Prior.<\/i><\/p>\n<p><i>\u00a0<\/i><\/p>\n<p align=\"center\">(TRANSICI\u00d3N)<\/p>\n<p><i>\u00a0<\/i><\/p>\n<p><i>El CAMARERO, despu\u00e9s de recoger las monedas, marcha detr\u00e1s de \u00e9l y anima a los espectadores a que lo sigan. Durante el breve trayecto, \u00e9l se encarga de conducirlos y entretenerlos con algunos comentarios y an\u00e9cdotas. Algo as\u00ed:<\/i><\/p>\n<p>CAMARERO: <i>(Al p\u00fablico, mientras camina.) <\/i>Bueno, ya han visto c\u00f3mo se las gasta <i>(se\u00f1alando con la cabeza hacia UNAMUNO) <\/i>aqu\u00ed el amigo. Menudo car\u00e1cter. Recuerdo que, de peque\u00f1o, me contaba mi abuelo que lo primero que dec\u00eda Don Miguel cuando llegaba a la tertulia, era: \u201cNo s\u00e9 de qu\u00e9 est\u00e1is hablando, pero no estoy de acuerdo\u201d. As\u00ed era \u00e9l, siempre llevando la contraria, siempre dando la nota con sus c\u00e9lebres salidas de tono, como aquella vez que fue a Catalu\u00f1a a dar una conferencia, y, al ver que el maestro de ceremonias lo hab\u00eda presentado en catal\u00e1n, \u00e9l comenz\u00f3 a dar su charla en eusquera. O aquella ocasi\u00f3n en que el auditorio se ech\u00f3 a re\u00edr porque hab\u00eda mencionado a Shakespeare pronunci\u00e1ndolo a la espa\u00f1ola, y \u00e9l dio el resto de su conferencia en ingl\u00e9s. Asimismo, se cuenta que cuando su querido rey Alfonso XIII le concedi\u00f3 la Gran Cruz de Alfonso X el Sabio, Unamuno le dijo: \u201cMe honra, Majestad, recibir esta condecoraci\u00f3n que tanto merezco\u201d. El monarca, entonces, le coment\u00f3: \u201c\u00a1Qu\u00e9 curioso! Por lo general, la mayor\u00eda de los galardonados aseguran que no se la merecen\u201d. A lo que Unamuno replic\u00f3: \u201cSe\u00f1or, en el caso de los otros, efectivamente no se la merec\u00edan\u201d. \u00bfQu\u00e9 les parece? La verdad es que era un poco orgulloso y engre\u00eddo. Pero, por encima de todo, era un hombre independiente, que no se casaba con nadie. No estaba ni con unos ni con otros, o, mejor dicho, ni con los <i>(dibujando en el aire una hache)<\/i> hunos ni con los <i>(lo mismo)<\/i> hotros, las dos palabras con hache, como a \u00e9l le gustaba escribirlas para indicar que los dos bandos eran unos b\u00e1rbaros. Y eso le caus\u00f3 muchos disgustos. <i>(Se\u00f1alando hacia UNAMUNO.) <\/i>\u00a1Hay que ver qu\u00e9 deprisa va este hombre, ni que tuviera las horas contadas! Lo que est\u00e1 claro es que todav\u00eda se mantiene en forma. Seg\u00fan parece, en vida sol\u00eda dar largos paseos y trepar por algunas monta\u00f1as, como la Pe\u00f1a de Francia. Y ah\u00ed donde lo ven, que parece un cu\u00e1quero y un puritano, resulta que, cuando estuvo desterrado en Fuerteventura, le gustaba tomar el sol desnudo en la terraza de la fonda donde estaba hospedado. Y es que Unamuno es mucho Unamuno\u2026<\/p>\n<p><i>\u00a0<\/i><\/p>\n<p><i>\u00a0<\/i><\/p>\n<p align=\"center\"><b>ESCENA II. FRENTE A LA CASA DE LA CALLE BORDADORES<\/b><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><i>Cuando UNAMUNO llega a su antigua casa de la calle de Bordadores, se detiene ante ella y se queda contemplando la fachada y alrededores hasta que llega el p\u00fablico. <\/i><\/p>\n<p>UNAMUNO: Bueno, ya hemos llegado. Aqu\u00ed fue donde termin\u00f3 todo, quiero decir que en esa casa mor\u00ed el 31 de diciembre de 1936, no de manera heroica, como me habr\u00eda gustado, sino sentado al brasero de la mesa camilla. De hecho, la persona que me acompa\u00f1aba, el joven falangista Bartolom\u00e9 Arag\u00f3n, se enter\u00f3 de que me hab\u00eda muerto porque empez\u00f3 a chamusc\u00e1rseme una zapatilla de andar por casa y yo no me mov\u00eda. As\u00ed que el hombre se asust\u00f3 y sali\u00f3 gritando por el pasillo \u201cyo no le he hecho nada, yo no lo he matado\u201d, pues tem\u00eda que le echaran la culpa de haberme asesinado. Pero no hablemos de cosas tristes. <i>(Tras darse la vuelta.)<\/i> Prefiero recrearme en los recuerdos que se me vienen a la cabeza cuando pienso en algunos de mis lugares predilectos de esta ciudad, <i>(se\u00f1alando hacia ellos),<\/i> como el campo de San Francisco y o el convento de las \u00darsulas. \u00a1Cu\u00e1ntos buenos momentos pas\u00e9 en esos dos remansos de paz!<\/p>\n<p><i>En ese momento, el CAMARERO se acerca a UNAMUNO. <\/i><\/p>\n<p>UNAMUNO: \u00a1Hombre, usted aqu\u00ed! Y ahora \u00bfqu\u00e9 tripa se la ha roto?<\/p>\n<p>CAMARERO: <i>(Algo acobardado.) <\/i>Es que ver\u00e1: cuando he ido a coger las monedas que dej\u00f3 sobre la mesa para pagar el caf\u00e9, me he dado cuenta de que \u00e9stas no valen.<\/p>\n<p>UNAMUNO: \u00a1C\u00f3mo que no valen!<\/p>\n<p>CAMARERO: Es que ahora estamos en el euro, <i>(mostr\u00e1ndole las monedas en la palma de la mano)<\/i> y estos son c\u00e9ntimos de peseta, lo que vulgarmente se llamaban perras.<\/p>\n<p>UNAMUNO: \u00a1Malditos europeos! No hacen m\u00e1s que fastidiarnos. \u00bfY para decirme eso me persigue usted por toda la eternidad?<\/p>\n<p>CAMARERO: Es que, adem\u00e1s, estas monedas son de antes de la Guerra Civil.<\/p>\n<p>UNAMUNO: Pues v\u00e9ndaselas usted a un anticuario.<\/p>\n<p>CAMARERO: \u00bfY qu\u00e9 hago con el cambio?<\/p>\n<p>UNAMUNO: \u00bfY qu\u00e9 va a hacer? Pues qued\u00e1rselo.<\/p>\n<p>CAMARERO: Es que como tiene usted fama de agarrado.<\/p>\n<p>UNAMUNO: Como no me deje usted en paz ahora mismo, le voy a ense\u00f1ar de qu\u00e9 m\u00e1s tengo fama.<\/p>\n<p>CAMARERO: No hace falta. Est\u00e1 bien claro que su car\u00e1cter tiene m\u00e1s aristas que su estatua.<\/p>\n<p>UNAMUNO: <i>(Intrigado.) <\/i>\u00bfA qu\u00e9 estatua se refiere?<\/p>\n<p>CAMARERO: <i>(Se\u00f1al\u00e1ndola.) <\/i>A esa de ah\u00ed.<\/p>\n<p>UNAMUNO: <i>(Tras mirar la estatua con asombro e indignaci\u00f3n.) <\/i>\u00bfMe est\u00e1 tomando el pelo? <i>(Poni\u00e9ndose recto y sacando pecho.) <\/i>\u00a1\u00bfNo ir\u00e1 usted a decirme que ese espantajo encorvado soy yo?!<\/p>\n<p>CAMARERO: <i>(Se\u00f1alando hacia la inscripci\u00f3n que hay en la pared de atr\u00e1s.) <\/i>Al menos eso es lo que se deduce de ese letrero.<\/p>\n<p>UNAMUNO: <i>(Se\u00f1alando hacia la placa que hay junto a la puerta de su antigua casa.) <\/i>Tambi\u00e9n esa placa de ah\u00ed dice que yo estoy descansando en paz, y ya me ve, aqu\u00ed sigo dando guerra.<\/p>\n<p>CAMARERO: Eso tambi\u00e9n es verdad. En cuanto a la estatua, si quiere usted reclamar, hable con el Ayuntamiento, que es el que la promovi\u00f3.<\/p>\n<p>UNAMUNO: Pues me van a o\u00edr.<\/p>\n<p>CAMARERO: Diga usted que s\u00ed; y sepa que hace apenas unos meses le restituyeron a usted el t\u00edtulo de alcalde honorario de la ciudad.<\/p>\n<p>UNAMUNO: \u00bfEst\u00e1 usted seguro?<\/p>\n<p>CAMARERO: Vino en todos los peri\u00f3dicos.<\/p>\n<p>UNAMUNO: En ese caso, har\u00e9 valer los derechos y privilegios aparejados al cargo.<\/p>\n<p>CAMARERO: <i>(Dirigi\u00e9ndose hacia el p\u00fablico, en un aparte.) <\/i>Mucho me temo que hoy se va a armar una gorda, pues menuda mala leche tiene aqu\u00ed el amigo.<\/p>\n<p>UNAMUNO: \u00bfDec\u00eda usted algo?<\/p>\n<p>CAMARERO: No, nada, que me tengo que ir a servir.<\/p>\n<p>UNAMUNO: Pues vaya usted con Dios.<\/p>\n<p><i>El CAMARERO se va por donde vino. En ese momento, aparece en escena DO\u00d1A CONCHA, su mujer, que viene con una bolsa de la compra en la mano, camino de su casa.<\/i><\/p>\n<p>UNAMUNO: <i>(Mir\u00e1ndola, con sorpresa y asombro.)<\/i> \u00a1\u00bfEres t\u00fa, Concha?!<\/p>\n<p>DO\u00d1A CONCHA: \u00bfY qui\u00e9n quer\u00edas que fuese? Cualquiera dir\u00eda que has visto un fantasma. Anda, ven y dame un abrazo.<\/p>\n<p><i>Se abrazan emocionados. <\/i><\/p>\n<p>UNAMUNO: \u00bfY de d\u00f3nde vienes a estas horas?<\/p>\n<p>DO\u00d1A CONCHA: <i>(Mostr\u00e1ndole la bolsa.) <\/i>De hacer la compra, \u00bfes que no lo ves? Y t\u00fa, \u00bfhas vuelto ya del exilio?<\/p>\n<p>UNAMUNO: En cierto modo.<\/p>\n<p>DO\u00d1A CONCHA: Pues pod\u00edas habernos avisado. No he preparado nada.Adem\u00e1s, los salmantinos ten\u00edan intenci\u00f3n de hacerte un gran recibimiento cuando volvieras.<\/p>\n<p>UNAMUNO: Por supuesto que s\u00ed. Pero eso ya lo hemos vivido, Concha, \u00bfes que no te acuerdas? Fue el 12 de febrero de 1930. Despu\u00e9s de venir en manifestaci\u00f3n desde el Paseo de Torres Villarroel, sal\u00ed al balc\u00f3n, <i>(se\u00f1alando al balc\u00f3n que hay a la izquierda del escudo, encima de la puerta) <\/i>a ese de ah\u00ed, contigo y con los ni\u00f1os, y les record\u00e9 a mis conciudadanos aquello que les hab\u00eda prometido al marchar: <i>(En actitud de orador, elevando la voz.)<\/i> \u201cVolver\u00e9, no con mi libertad, que nada vale, sino con la vuestra\u201d. Y entonces la multitud aqu\u00ed reunida comenz\u00f3 a aclamarme con tanto entusiasmo que yo casi me emocion\u00e9 y t\u00fa te echaste a llorar.<\/p>\n<p>DO\u00d1A CONCHA: \u00a1Y c\u00f3mo no iba a llorar! \u00a1Casi seis a\u00f1os estuviste ausente de esta casa!<\/p>\n<p>UNAMUNO: A m\u00ed me lo vas a decir. No sabes c\u00f3mo ech\u00e9 de menos est\u00e1 ciudad, casi tanto como a ti.<\/p>\n<p>DO\u00d1A CONCHA: \u00a1Hombre, gracias!<\/p>\n<p>UNAMUNO: Aunque no tanto como la a\u00f1oro ahora.<\/p>\n<p>DO\u00d1A CONCHA:<i> (Intrigada.) <\/i>\u00bfAhora? \u00bfQu\u00e9 quieres decir?<\/p>\n<p>UNAMUNO: Pero \u00bfes que a\u00fan no te has dado cuenta? Estoy muerto. Mor\u00ed dos a\u00f1os y medio despu\u00e9s que t\u00fa, el 31 de diciembre de 1936, tras casi tres meses de callada agon\u00eda y soledad, ya que me encontraba bajo arresto domiciliario por haberme enfrentado p\u00fablicamente al general Mill\u00e1n Astray en el paraninfo universitario.<\/p>\n<p>DO\u00d1A CONCHA: \u00a1\u00bfEs que no tuviste suficiente con meterte con Miguel Primo de Rivera o con el rey Alfonso XIII?!<\/p>\n<p>UNAMUNO: \u00a1T\u00fa qu\u00e9 sabr\u00e1s, si ya no estabas aqu\u00ed!<\/p>\n<p>DO\u00d1A CONCHA: Me lo estoy imaginando. Primero apoyar\u00edas a los que se alzaron contra la Rep\u00fablica y, luego, en cuanto te diste cuenta de que te hab\u00edas equivocado una vez m\u00e1s, te revolver\u00edas contra ellos. Y cuando por fin descubriste que te hab\u00edas quedado completamente solo y abandonado a tu suerte, seguro que te dejaste morir, aunque s\u00f3lo fuera para darles en los morros, como si lo viera. <i>(D\u00e1ndole ligeramente la espalda.) <\/i>Siempre fuiste un cabezota, un cabezota y un don quijote, que en el fondo es lo mismo.<\/p>\n<p>UNAMUNO: Concha, por favor, me est\u00e1s avergonzando. <i>(Haciendo un gesto hacia el p\u00fablico.) <\/i>\u00a1Qu\u00e9 va a pensar toda esa gente!<\/p>\n<p>DO\u00d1A CONCHA: \u00a1C\u00f3mo si no te conocieran! Recuerda que eres un personaje p\u00fablico.<\/p>\n<p>UNAMUNO: Anda, ac\u00e9rcate y dame un abrazo, o, mejor a\u00fan, ac\u00f3geme en tu seno, como sol\u00edas hacer.<\/p>\n<p>DO\u00d1A CONCHA: De eso nada; ya estoy harta de ser tu madre. Bastante tuve con aquella aciaga noche de 1897, la de la famosa crisis, cuando, al verte tan angustiado y asustado que parec\u00eda que te ibas a morir, tuve que tranquilizarte exclamando \u201c\u00a1Hijo m\u00edo!\u201d, mientras te estrechaba entre mis brazos.<\/p>\n<p>UNAMUNO: Vuelve a hacerlo tan s\u00f3lo una vez m\u00e1s, te lo suplico.<\/p>\n<p>DO\u00d1A CONCHA: \u00a1\u00bfEs que ni siquiera despu\u00e9s de muerto vas a madurar?! Tienes que liberarte de una vez de esa obsesi\u00f3n con tu madre.<\/p>\n<p>UNAMUNO: No digas eso. De sobra sabes que toda mujer es para todo hombre madre; por eso vuestro amor es siempre, en el fondo, amor maternal.<\/p>\n<p>DO\u00d1A CONCHA: \u00a1Qu\u00e9 sabr\u00e1s t\u00fa! T\u00fa nunca entendiste a las mujeres. Para ti yo no era m\u00e1s que un medio, nunca un fin. De ah\u00ed que tan s\u00f3lo buscaras en m\u00ed un refugio, una \u201ccostumbre\u201d, como sol\u00edas llamarme. Y luego estaba ese empe\u00f1o en tener hijos a toda costa, \u201cpara no morir nunca del todo\u201d, me dec\u00edas, \u201cpara ser eterno\u201d. Pero \u00a1cu\u00e1ndo te enterar\u00e1s de que las mujeres tenemos otros sentimientos y otras necesidades aparte de la maternidad, de que somos algo m\u00e1s que madres de nuestras parejas y de nuestros hijos, incluso yo, que tuve nueve, se dice pronto!<\/p>\n<p>UNAMUNO: Pues te comunico que hubo una mujer joven y culta que se enamor\u00f3 totalmente de m\u00ed.<\/p>\n<p>DO\u00d1A CONCHA: \u00bfTe refieres a esa Delfina que te mandaba desde Buenos Aires esas cartas de amor tan encendidas? Esa no estaba enamorada de ti, sino del escritor y del personaje que representabas. De ah\u00ed que t\u00fa nunca quisieras que te conociera personalmente.<\/p>\n<p>UNAMUNO: <i>(Reflexionando.) <\/i>Tal vez tengas raz\u00f3n. Puede que en esto tambi\u00e9n me equivocara, como en tantas cosas. Si pudiera volver a empezar\u2026<\/p>\n<p>DO\u00d1A CONCHA: Me temo que ya es tarde para eso, \u00bfno crees? Y ahora tengo que dejarte, que todav\u00eda tengo muchas cosas que hacer antes de que vengan los ni\u00f1os.<\/p>\n<p>UNAMUNO: \u00bfVolveremos a vernos?<\/p>\n<p>DO\u00d1A CONCHA: Pues claro que s\u00ed, en cuanto se acabe ese maldito exilio.<\/p>\n<p>UNAMUNO: Hasta luego entonces. <i>(DO\u00d1A CONCHA se va.) (Para s\u00ed mismo.)<\/i> Muchas veces me he preguntado qu\u00e9 habr\u00eda sido de m\u00ed sin ella. Sin duda, habr\u00eda sido otro. <i>(Al p\u00fablico.)<\/i> Y ahora, si no les importa, ya que han sido tan amables de querer permanecer conmigo, les ruego que me acompa\u00f1en en mi paseo.<\/p>\n<p><i>UNAMUNO se dirige hacia la calle Compa\u00f1\u00eda.<\/i><\/p>\n<p><i>\u00a0<\/i><\/p>\n<p align=\"center\">(TRANSICI\u00d3N)<\/p>\n<p><i>\u00a0<\/i><\/p>\n<p><i>Durante el breve trayecto, UNAMUNO entretiene a los espectadores con algunos comentarios y an\u00e9cdotas. Algo as\u00ed:<\/i><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>UNAMUNO: <i>(Al p\u00fablico.) <\/i>Me alegra mucho comprobar que algunas calles de la ciudad apenas han cambiado. Si cierro los ojos y los vuelvo abrir, me parece que estoy yendo de nuevo a la Universidad para impartir alguna de mis clases, como hace cien a\u00f1os. Recuerdo ahora un d\u00eda en que me top\u00e9 en esta misma calle con un padre y su hijo peque\u00f1o, que iban camino del colegio. Entonces, el hombre le dice al ni\u00f1o: \u201cMira, ese es Unamuno\u201d. Y va el ni\u00f1o y le pregunta: \u201c\u00bfY qui\u00e9nes son los <i>amunos<\/i>?\u201d \u00bfTiene gracia, verdad? Como si yo fuera un mero representante de una etnia cualquiera, cuando en realidad soy un ejemplar \u00fanico, se mire como se mire. Hablando de an\u00e9cdotas, se cuentan por docenas las que se me atribuyen. Incluso hab\u00eda un peri\u00f3dico de Madrid, el diario<i> Ahora<\/i>, que ten\u00eda una secci\u00f3n donde se iban publicando las que yo protagonizaba en la tertulia del Ateneo. Naturalmente, la mayor\u00eda eran ap\u00f3crifas, pero eso a m\u00ed no me importaba; lo relevante es que hablen de uno, aunque sea bien. Por lo general, eran simples chistes en los que yo aparec\u00eda como el gracioso de turno, siempre soltando ocurrencias. En una de ellas, se contaba que, una tarde en la que est\u00e1bamos hablando de una crisis gubernamental y del correspondiente baile de carteras ministeriales, yo hab\u00eda comentado que, por lo pronto, me hab\u00eda quedado sin la m\u00eda. \u201c\u00bfEs que aspiraba usted a alguna, don Miguel?\u201d, pregunt\u00f3 uno. \u201cNo aspiraba a ella, no; la ten\u00eda. Era mi cartera\u201d, respond\u00ed yo. \u201c\u00bfAcaso se la han birlado?\u201d, inquiri\u00f3 otro. \u201cEsta misma ma\u00f1ana, en el tranv\u00eda, al ir de la estaci\u00f3n a casa\u201d, confirm\u00e9 yo, provocando las risas de los dem\u00e1s contertulios\u2026<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>* El texto completo consta de 5 escenas, que nosotros ofrecemos en tres partes.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>PASEO FANTASMAL POR SALAMANCA CON DON MIGUEL DE UNAMUNO [primera entrega: Escenas I y II]* \u00a0 Luis Garc\u00eda Jambrina &nbsp; &nbsp; ESCENA I. PLAZA MAYOR DE SALAMANCA &nbsp; Estamos en Salamanca, en el a\u00f1o 2013. UNAMUNO entra en la plaza Mayor por uno de sus arcos. Tiene la barba y el pelo blanco, lleva sus caracter\u00edsticas gafas redondas y finas y viste traje oscuro, \u201cpropio de un cu\u00e1quero\u201d (la expresi\u00f3n es del propio UNAMUNO), con chaleco cerrado y un sombrero de fieltro flexible algo maltrecho. Su aspecto y sus modales son r\u00edgidos y austeros, pero, al mismo tiempo, corteses y elegantes. Y un detalle importante: se le ve muy p\u00e1lido. En su recorrido por la plaza, se detiene ente el medall\u00f3n con su efigie (en la fachada oeste) y se para a contemplarlo con gran satisfacci\u00f3n. Despu\u00e9s descubre, con agrado, el de la alegor\u00eda de la Segunda Rep\u00fablica (en la fachada norte, a la izquierda del Ayuntamiento) y, con indignaci\u00f3n, el del rey Alfonso XIII (a la derecha del Ayuntamiento), y, m\u00e1s indignado todav\u00eda, el de Francisco Franco (el primero de la fachada este). 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