{"id":763,"date":"2013-03-13T18:20:24","date_gmt":"2013-03-13T18:20:24","guid":{"rendered":"http:\/\/www.subverso.es\/?p=763"},"modified":"2013-04-20T21:10:51","modified_gmt":"2013-04-20T21:10:51","slug":"el-rio-del-eden-de-jose-maria-merino-y-la-nostalgia-de-los-cuentos","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.subverso.es\/?p=763","title":{"rendered":"El r\u00edo del Ed\u00e9n, de Jos\u00e9 Mar\u00eda Merino, y la nostalgia de los cuentos."},"content":{"rendered":"<p><i><a href=\"http:\/\/www.subverso.es\/wp-content\/uploads\/2013\/03\/merino.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"size-full wp-image-764 alignleft\" alt=\"merino\" src=\"http:\/\/www.subverso.es\/wp-content\/uploads\/2013\/03\/merino.jpg\" width=\"180\" height=\"243\" \/><\/a>El r\u00edo del Ed\u00e9n,<\/i> de Jos\u00e9 Mar\u00eda Merino, y la nostalgia de los cuentos.<\/p>\n<p>Alfaguara, 2012. 304 p\u00e1ginas.<\/p>\n<p><a title=\"Yolanda Izard\" href=\"http:\/\/www.catedramdelibes.com\/autores.php?id=1725\" target=\"_blank\">Yolanda Izard<\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>A veces sucede, como escribe Santiago Roncagliolo, que no buscamos encontrar\u00a0 en la\u00a0 ficci\u00f3n la realidad sino nuestros sue\u00f1os. Al escritor tambi\u00e9n le pasa, en ocasiones: no quiere perge\u00f1ar un clon de su existencia sino un dibujo fiel de sus deseos y de sus fascinaciones. Quiz\u00e1 Jos\u00e9 Mar\u00eda Merino sea, en este sentido, el escritor por antonomasia, pues le asiste una feraz labor \u00a0de b\u00fasqueda de esos para\u00edsos alternativos que s\u00f3lo viven en nuestra imaginaci\u00f3n, de seres fabulosos, mitos, una verdadera entomolog\u00eda de lo invisible, como hacedor que es de universos paralelos y simb\u00f3licos. Sin embargo, esta vez, con su novela <i>El r\u00edo del Ed\u00e9n, <\/i>\u00a0ha depositado el ensue\u00f1o en un ni\u00f1o con s\u00edndrome de Down y el para\u00edso m\u00edtico en el amor humano, eso s\u00ed, con toda la carga de deseo y de ceguera, de pasi\u00f3n y de traici\u00f3n, de placer y de desventura propios de la inestable y confusa conjunci\u00f3n de dos almas humanas. Entre el ni\u00f1o y el amor, Merino ha situado un paisaje real y reconocible, los parajes del Alto Tajo, pero con los inconfundibles visos del perdido Ed\u00e9n.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n como aquel Ed\u00e9n desperdiciado, \u00e9ste ha sufrido los embates del tiempo y de la actividad humana, que suele destruir cuanto toca, al menos en lo que ata\u00f1e a los espacios naturales sometidos a \u201cuna avalancha de muchedumbres que inunda y ensucia casi todos los rincones atractivos del planeta\u201d (p. 18). Bastantes a\u00f1os despu\u00e9s de aquella primera estancia en estos parajes casi virginales, durante la cual Daniel y Tere, j\u00f3venes estudiantes, a\u00fan se pod\u00edan permitir el deseo de hacer reales los sue\u00f1os, Daniel regresa con su hijo deficiente, Silvio, para depositar las cenizas de Tere en la laguna. El largo camino que deben recorrer durante unas horas hasta llegar a este id\u00edlico lugar lo invierten en una esclarecedora charla, adecuada a las deficiencias y al particular mundo de afectos y de ensue\u00f1os del ni\u00f1o, que acaba siendo singularmente f\u00e9rtil, pues despierta en Daniel todo un amplio espectro de recuerdos que reproducen los veinticinco a\u00f1os de su amor por esta mujer reci\u00e9n fallecida. Adereza este relato una prosa en general brillante, en puntuales ocasiones algo forzada \u2013la relaci\u00f3n del padre y del hijo parece a ratos un tanto almibarada y poco natural-,\u00a0 y a menudo, sobre todo cuando describe los accidentes de esa naturaleza virginal y bell\u00edsima, de una excelencia ejemplar, en la que destacan el cuidado del lenguaje y el mimo con que rescata un riqu\u00edsimo l\u00e9xico referido al mundo natural: \u201cRodeada de grandes masas de ca\u00f1averal, sobre la superficie casi circular de la laguna se depositaba la luz estridente como una sustancia espesa, engastando su resplandor en el gran anillo de las crestas monta\u00f1osas\u201d (p. 44)<\/p>\n<p>En alternancia estricta, los dos tiempos, el actual y el de la rememoraci\u00f3n<i>,<\/i> se suceden con el mismo peso en la trama de la novela y est\u00e1n de tal modo imbricados que el tiempo presente no podr\u00eda entenderse sin esos flashbacks que, como balizas luminosas, se\u00f1alan los momentos claves en\u00a0 la vida de nuestros protagonistas, que ayudan a comprender\u00a0 la deriva del amor, las\u00a0 fluctuaciones de un afecto quebrado y vuelto a reparar, las complejas relaciones y los conflictos de la pareja. Sin embargo, lo m\u00e1s sobresaliente de esta novela, basada en un tema universal tantas veces tratado y repetido como es el amor de pareja y el amor paterno, es la singular perspectiva que adopta y que se plasma en tres \u00e1mbitos:<\/p>\n<p>Por un lado, el tem\u00e1tico: Esta novela no trata solo del mito moderno del Para\u00edso ad\u00e1nico, sino que, apoy\u00e1ndose en \u00e9l, defiende una tesis cuanto menos curiosa: el ser humano ha perdido el Ed\u00e9n \u2013l\u00e9ase felicidad o realizaci\u00f3n plena del yo en el t\u00fa- por una equivocada percepci\u00f3n de la realidad, por una confusi\u00f3n de sus sentidos, de sus razonamientos y de sus sentimientos, que le llevan a creer cierto e incuestionable lo que s\u00f3lo es un producto mental \u2013en relaci\u00f3n con su amor hacia Tere-, o responde a una elaboraci\u00f3n basada en los prejuicios, en cuanto a su relaci\u00f3n con su hijo deficiente, pues siente hacia \u00e9l \u201ccompasi\u00f3n mezclada con menosprecio\u201d (p. 170). En este \u00faltimo sentido, es digno de destacar el papel principal que nuestro autor da al\u00a0 ni\u00f1o deficiente, que tiene voz propia en la novela, un inusual protagonismo de enorme dificultad t\u00e9cnica para cualquier escritor, sobre todo cuando su presencia se basa fundamentalmente en los di\u00e1logos, y que me hace recordar al fascinante personaje principal de Andr\u00e9s Barba, tambi\u00e9n una adolescente con minusval\u00eda mental, en su novela <i>Versiones de Teresa.<\/i><\/p>\n<p>Por otro lado, el t\u00e9cnico. Merino se sirve de un punto de vista raramente empleado en la novela: la segunda persona, en cuya aplicaci\u00f3n se muestra excepcionalmente valiente -dada la complejidad de esta perspectiva-, y casi podr\u00edamos decir magistral, pues da una sabia lecci\u00f3n pr\u00e1ctica sobre su empleo y recursos. El narrador, sin embargo, no se dirige a otro interlocutor sino que se desdobla para mantener un f\u00e9rtil y sincero di\u00e1logo consigo mismo, en el intento de ahondar en los entresijos de todas las emociones que acarrearon erradas decisiones. As\u00ed, puede sacar provecho de una mirada hacia fuera sin dejar de verterla hacia su propio interior, en un ejercicio de entra\u00f1amiento del que emerger\u00e1 la dilucidaci\u00f3n de la verdad. \u00a0En este sentido, tiene las mismas ventajas que la primera persona narrativa. Pero por otro lado, y al mismo tiempo, esa segunda persona narrativa es lo suficientemente omnisciente como para abarcar a los otros: esa mirada externa, objetiva, propia de la tercera persona, que tanta riqueza ha aportado a la novela a lo largo de la historia.<\/p>\n<p>Por \u00faltimo, tres s\u00edmbolos recurrentes a lo largo de la novela: la traici\u00f3n del Conde don Juli\u00e1n como precedente de los sentimientos de traici\u00f3n, el desdoblamiento del narrador-protagonista, que acaba siendo emblema de una doble personalidad, cada una de las cuales rige un comportamiento y una distinta perspectiva, y, sobre todo, el laberinto como s\u00edmbolo. Cada cap\u00edtulo viene precedido por un dibujo que representa una espiral o laberinto, cercano a los mandalas s\u00e1nscritos tan empleados por el budismo \u2013m\u00e1s figurativos- y el hinduismo \u2013lineales, como los de la novela-, cuya traducci\u00f3n podr\u00eda ser \u201cc\u00edrculo sagrado\u201d o \u201claberinto de los c\u00edrculos\u201d. Mircea Eliade, en su penetrante Historia de las Religiones, los consider\u00f3 imagen del Universo, y Jung expresiones de lo inconsciente colectivo. En <i>El r\u00edo del Ed\u00e9n<\/i> simbolizar\u00edan la visi\u00f3n de la vida como un laberinto en el que los seres humanos se enredan y pierden, entregados a emociones err\u00e1ticas, a impulsos ciegos, incapaces de controlar la propia vida y \u00a0tomando por ciertas err\u00f3neas interpretaciones. La vida, viene a decirnos Jos\u00e9 Mar\u00eda Merino, es un constante tanteo a ciegas, \u201cuna raya continua, enrevesada e informe, trazada siguiendo el puro capricho\u201d (p. 23). Caminamos sin tener la m\u00ednima idea de qui\u00e9nes somos y qu\u00e9 pensamos y ad\u00f3nde vamos, qu\u00e9 son y qu\u00e9 sienten los dem\u00e1s, y tomamos decisiones al respecto que nos pueden costar la salud emocional y con las que sacrificamos el r\u00edo del Ed\u00e9n en el que alguna vez pudimos ser felices y en el que est\u00e1bamos quiz\u00e1 destinados a morar. Sin embargo, todo laberinto o espiral ofrece una salida, y Merino es optimista. Aunque la novela se inicie con las cenizas de una muerta, Daniel habr\u00e1 adquirido al final el conocimiento necesario sobre s\u00ed mismo y sobre sus seres queridos como para hallar la salida: un encuentro con la verdad propia, sin concesiones, un encuentro con la verdad de los otros. Y el perd\u00f3n.<\/p>\n<p>Ojal\u00e1 la vida real fuera as\u00ed de generosa y justa. Pero esto es un cuento, el cuento del r\u00edo del Ed\u00e9n para el siglo XXI y, como en muchos cuentos, hay un para\u00edso, unos seres vapuleados por un destino err\u00e1tico, una malvada que luego no lo es pero que es necesaria en la trama como generadora de conflictos, un inocente que aporta una visi\u00f3n original y no contaminada del mundo, y un final feliz. Adem\u00e1s, como los buenos cuentos, <i>El r\u00edo del Ed\u00e9n <\/i>va creciendo y cobrando altura a medida que avanza hasta atrapar del todo el coraz\u00f3n. Y como ellos tambi\u00e9n, \u00a0este gira en torno a una idea central \u2013la necesidad del\u00a0 amor, que cobra cuerpo en el mandala del cap\u00edtulo veinte, justo en el medio de los cuarenta del libro-, y sobre una intenci\u00f3n formadora: la de hacer este complejo mundo nuestro m\u00e1s comprensible, la de sacar de nuestra alma, como del sombrero de un mago, el enigma de nuestra identidad, la tolerancia hacia los d\u00e9biles, nuestras peque\u00f1as miserias y nuestras grandezas: el amor en torno al cual gira y da vueltas la l\u00ednea de la vida, gira y gira; pues, como el mandala del cap\u00edtulo veinticinco nos muestra, al final solo el amor puede hacernos felices, solo el amor nos salva de perdernos para siempre en una espiral ciega, \u00a0sin salida.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<blockquote><p><em>Para la secci\u00f3n de Rese\u00f1as, puedes enviarnos tu libro a:\u00a0\u00a0<\/em><\/p><\/blockquote>\n<div>Revista Subverso<\/div>\n<div>Departamento de Literatura Espa\u00f1ola y Teor\u00eda de la Literatura y Literatura Comparada<\/div>\n<div>Facultad de Filosof\u00eda y Letras (Campus Miguel Delibes)<\/div>\n<div>47011 Valladolid (Espa\u00f1a)<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El r\u00edo del Ed\u00e9n, de Jos\u00e9 Mar\u00eda Merino, y la nostalgia de los cuentos. Alfaguara, 2012. 304 p\u00e1ginas. Yolanda Izard &nbsp; A veces sucede, como escribe Santiago Roncagliolo, que no buscamos encontrar\u00a0 en la\u00a0 ficci\u00f3n la realidad sino nuestros sue\u00f1os. Al escritor tambi\u00e9n le pasa, en ocasiones: no quiere perge\u00f1ar un clon de su existencia sino un dibujo fiel de sus deseos y de sus fascinaciones. Quiz\u00e1 Jos\u00e9 Mar\u00eda Merino sea, en este sentido, el escritor por antonomasia, pues le asiste una feraz labor \u00a0de b\u00fasqueda de esos para\u00edsos alternativos que s\u00f3lo viven en nuestra imaginaci\u00f3n, de seres fabulosos, mitos, una verdadera entomolog\u00eda de lo invisible, como hacedor que es de universos paralelos y simb\u00f3licos. Sin embargo, esta vez, con su novela El r\u00edo del Ed\u00e9n, \u00a0ha depositado el ensue\u00f1o en un ni\u00f1o con s\u00edndrome de Down y el para\u00edso m\u00edtico en el amor humano, eso s\u00ed, con toda la carga de deseo y de ceguera, de pasi\u00f3n y de traici\u00f3n, de placer y de desventura propios de la inestable y confusa conjunci\u00f3n de dos almas humanas. 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